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Centro Comercial Esclusa de Esna

Durante el viaje en barco por el Nilo hay varios momentos de esos que nunca se olvidan. Uno de ellos es el paso por la esclusa de Esna. Nosotros partimos de Luxor pasado el mediodía y llegamos a la esclusa poco antes de que se pusiera el sol. Ese día nos había tocado madrugar un montón, a las 4:30 de la madrugada. Fuimos a ver el Valle de los Reyes, el templo de Luxor y el templo de Karnak. El madrugón era para evitar las horas en las que más pega el sol pero también porque el barco tenía que zarpar lo antes posible para pasar la esclusa. Sólo pasan dos barcos cada media hora.

Esclusa de Esna, Egipto / Foto: Dácil Jiménez

Esclusa de Esna, Egipto / Foto: Dácil Jiménez

Una esclusa es un compartimento, con puertas de entrada y salida, que se construye en un canal de navegación para que los barcos puedan pasar de un tramo a otro de diferente nivel. Para que esto sea posible se llena de agua o se vacía el espacio comprendido entre dichas puertas.

La esclusa de Esna es una de las más famosas. Por ella pasan un montón de barcos llenos de turistas. Éstos se colocan en fila, uno tras otro, a la espera de su turno para pasar. Mientras, los turistas disfrutan de la piscina, en cubierta, o de la siesta, en las habitaciones. Yo, como era mi primer día navegando, opté por irme directamente a la piscina justo después de comer. Quería aprovechar el tiempo en el barco, disfrutar de las vistas, tomar el sol… El caso es que no pasó mucho tiempo hasta que el calor, el cansancio y el sueño se apoderaron de mi cuerpo y no me quedó más remedio que trasladarme a la habitación y dejarme caer en la cama… un minuto y ya estaba en pleno momento siesta, dormida profundamente.

Vendedores acercándose a un crucero en la esclusa de Esna, Egipto / Foto: Ana B. González Carballal

Vendedores acercándose a un crucero en la esclusa de Esna, Egipto / Foto: Ana B. González Carballal

No sé cuanto tiempo pasó pero recuerdo perfectamente cómo fue el despertar de aquella primera siesta en el Royal Princess. Empecé a escuchar gritos, no sabía si estaba soñando o despierta… no entendía muy bien lo que oía… Daba vueltas en la cama intentando recuperar el sueño pero los gritos no cesaban… no me quedó más remedio que levantarme y mirar por la ventana para saber que ocurría…

“¡¡¡Amigo, amigo, amigo… compra, barato, ¿español? ¿italiano? compra amiga, barato!!!” Acabábamos de llegar al “Centro Comercial” de la esclusa de Esna 😉 Un montón de pequeñas barcas se acercaban a los cruceros que hacían cola para atravesar la esclusa. Los barqueros gritaban a los turistas que estaban asomados en la cubierta. Les lanzaban la ropa en bolsas de plástico para que éstos pudieran verla y comenzar así con el juego del regateo.

Vendedores en la esclusa de Esna, Egipto / Foto: Ana B. González Carballal

Vendedores en la esclusa de Esna, Egipto / Foto: Ana B. González Carballal

Yo estaba asombrada en la habitación, medio dormida y sin poder creerme lo que estaba viendo. ¿Cómo les pagan, cómo les dan el dinero? Se arriesgan a perder la mercancía si algún turista listillo se queda con la bolsa y no la vuelve a lanzar… Pero aquí, una vez más, hay que seguir la máxima del viaje por Egipto: confiar en el sistema. Está claro que el sistema confía en ti. Los barqueros acechaban a los cruceros y el ir y venir de bolsas cargadas de chilabas, pañuelos o camisetas era un no parar. El turista interesado regateaba y devolvía la bolsa con el dinero a los vendedores. Esta operación no era fácil del todo… más de una bolsa acaba en el agua del Nilo.

Todo un espectáculo que hace que el tiempo de espera para pasar la esclusa de Esna sea inolvidable ¡y no sólo por el paisaje!

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Por el Nilo

Vuelvo a Egipto. Y lo sigo haciendo con nostalgia. Ahora toca recordar una de las partes del viaje más exóticas, el crucero por el Nilo. Después de haber visitado El Cairo, una gran ciudad, iba con muchísimas ganas y emoción a difrutar de la segunda parte del viaje. Volamos a Luxor. Llegamos y todo es nuevo… genial, otra vez esa sensación de que no sabes a dónde mirar… esa sensación de que si pestañeas te pierdes algo… Por fuera del aeropuerto, un montón de taxistas y conductores esperan tumbados en el cesped a que vayan llegando los turistas. Algunos beben té, otros están sentados con la mirada perdida, también los hay que aprovechan para rezar. Muchos llevan la chilaba típica, otros no, la estampa es curiosa… podemos palpar que seguimos en Egipto.

Barco Royal Princess en el Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Barco Royal Princess en el Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Es de noche, llegamos al barco del crucero, el Royal Princess. Para llegar a él hay que atravesar otros cuatro o cinco barcos, es emocionante, vas viendo el vestíbulo de todos ellos y no dejas de preguntarte cuál será el tuyo. El corresponsal de la agencia se para y te invita a sentarte en los sillones de uno de los vestíbulos  mientras él gestiona todo lo relacionado con el alojamiento. Entonces te quedas mirando lo que hay a tu alrededor… en nuestro caso… un hall al más puro estilo Titanic, rococó donde los haya, con una lámpara gigante de velas y una escalera que no podemos dejar de mirar con ojos de… ¡hay que sacarle una foto ya! ¡Todo es de lo más kitsch! Y como bien decía Javi, uno de nuestros compañeros de viaje, así debe ser. Un crucero por el Nilo en una barco moderno y con decoración minimalista ¡es un sacrilegio! Lo suyo es vivirlo en un barco con este aire al de Muerte en el Nilo, la famosa novela de Agatha  Christie.

Vestíbulo del barco Royal Princess / Foto: Dácil Jiménez

Vestíbulo del barco Royal Princess / Foto: Dácil Jiménez

La primera noche el barco no zarpó, al día siguiente nos tocaba madrugón ( levantarse las 4:30 de la madrugada) para ir a visitar, a primera hora, el Valle de los Reyes. Es increible pensar que bajo esas colinas de piedra hay tanta historia y tan antigua. La visita te permite el acceso a tres tumbas, puedes elegirlas tú o dejarte aconsejar por el guía, la sensación cuando entras es increible. Los jeroglíficos se mantienen intactos en muchas de ellas, algunos incluso con color. Pero lo que, sin duda, te deja impresionado es ver a los obreros que continúan, a día de hoy, cavando en busca de más historia. En el Valle de los Reyes cada día se encuentra algo nuevo… esa sensación, descubrir cómo algo se deja ver entre la tierra, tiene que ser fascinante.

Obreros trabajando en el Valle de los Reyes / Foto: Ana B. González Carballal

Obreros trabajando en el Valle de los Reyes / Foto: Ana B. González Carballal

Tras esta visita, llegó la hora del maratón de templos. Visitamos Medina Habu, en la orilla occidental y Luxor y Karnak, en la oriental. Una sesión muy intensa pero que mereció la pena. A las 12:30 de la mañana vuelta al barco. En breve ¡zarpamos!

Orilla del Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Orilla del Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Recuerdo bien el momento en el que el barco empezó a moverse, fue una sensación extraña. Éstabamos los siete del grupo comiendo y, de pronto, notamos que el barco navegaba. La superficie del agua del río se veía a través de la ventana del comedor, estábamos en la planta baja. En ese momento,  la comida pasó a un segundo plano, todo el mundo quería subir a cubierta a disfrutar de las vistas… comenzaba nuestro crucero por el Nilo.

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