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New York, New York

Tráfico, sirenas, taxis amarillos.

Cookies, muffins, manos sujetando cafés.

Preztels, bagels… cruzas la calle… hot dogs, perritos calientes…

La Gran Manzana no huele a fruta…

Lujo, miseria… todo en la misma avenida.

Turistas, hispanos, neoyorquinos, americanos…

Es la ciudad de todos. Es la ciudad de nadie. Es Nueva York.

La primera vez que vas, la ves. La segunda, intuyo que la vives.

 Bienvenidos a la CITY.

NY

Taxis, banderas, grandes edificios y, a la derecha, los típicos puestos de perritos calientes y bagels, en algún lugar de Manhattan. / Foto: Ana B. González Carballal

Es la ciudad por excelencia y, la verdad, se tiene bien merecido el título. Tiene grandes edificios, grandes calles y una población que supera los 8 millones de habitantes. Son cinco distritos: Brooklyn, Queens, Bronx, Staten Island y Manhattan. Éste último, no es el más poblado pero sí el más visitado por los turistas y el más importante por todo lo que alberga.

Nueva York es, entre otras muchas cosas, inabarcable. Cuando crees que lo has visto todo, descubres más y más y más… Lo bueno, es que no es más de lo mismo.

Vista de Manhattan desde Liberty Island / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de Manhattan desde Liberty Island / Foto: Ana B. González Carballal

Dentro de esta gran ciudad hay microciudades, y no hablo de los distritos. En Manhattan, a tan sólo un par de avenidas de distancia te puedes encontrar con dos mundos completamente distintos. Es el caso de Chinatown y el Soho. Solamente unos cuantos pasos separan el bullicio, el colorido y el barroquismo del barrio chino de la sofisticación y el minimalismo de las elegantes calles del Soho.

Nueva York es tanto que nunca aburre, es tanto, que simpre te deja con ganas de más. Es tanto, que cuanto más ves, más sientes que no has visto, que te falta mucho por descubrir.

En los próximos días, trataré de contaros qué es lo que yo vi… pero para llegar allí, al menos desde España, ¡hay que volar! Así que empecemos por el principio, próximo post: Bienvenidos a Continental Airlines. 😉

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Primera mirada: El Cairo

Hace cuatro días que regresé de El Cairo y, si a día de hoy, hay algo que me hace sonreir y recordar, con cierta nostalgia, esta ciudad es un sonido. Que cuál, el del tráfico, el de los pitidos de los coches sonando sin parar. 

El primer día, cuando llegas, es ruido, nada más, pero no hace falta que pasen muchas horas para que este sonido ruidoso se convierta, de pronto, en una especie de melodía coordinada por algún tipo de director de orquesta que se afana en ir dando sentido a las miles de bocinas que suenan en la ciudad. 

Taxis, coches y colectivos de El Cairo / Imagen: anabgc

Taxis, coches y colectivos de El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Desayuno ya hoy aquí, en Madrid y, de vez en cuando, suena un claxon… espero, espero, pero el siguiente tarda en sonar… ¡y menos mal! no es precisamente un sonido agradable pero, en estos días, me arranca una sonrisa, un recuerdo, si cierro los ojos… estoy en El Cairo de nuevo. Pero hacen falta más que pitidos de coches para sentirse allí. Hace falta recordar las primeras sensaciones que tiene uno cuando empieza a moverse por las calles de esta ciudad: caos, desorden, anarquía, barullo… sorpresa, desconcierto, incredulidad…

Una calle de El Cairo / Imagen: anabgc

Una calle de El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

El caso es que uno, en su primera visita a El Cairo, no puede dejar de mantener los ojos abiertos y mirar a través del cristal… El caos circulatorio lo protagonizan taxis destartalados, viejos coches que parecen a punto de desmontarse o “colectivos” en los que los cairotas se apiñan y cruzan sus miradas con las de los turistas como yo, que a su vez, les miran a ellos con ojos de incredulidad… Pero hay más, la gente, la gente forma parte de ese caos circulatorio. En El Cairo es como si no existieran las aceras, los hombres, mujeres y niños son, también, protagonistas de ese tráfico tan particular que caracteriza a esta ciudad. Se entremezclan entre los coches, son uno más, cruzan las calles sin esperar a que un semáforo se ponga en verde y les dé paso.

Taxi de El Cairo / Imagen: anabgc
Taxi de El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Pero lo cierto, es que, pasadas unas horas, parece que todo este caos adquiere un cierto orden. Uno empieza a comprender el “código” de circulación de la capital egipcia. Este “sálvese quien pueda” comienza a cobrar sentido. Si te adelanto te pito, si veo un peatón cruzando la calle freno antes de llevármelo por delante y, por supuesto, vuelvo a pitar, si puedo acelerar, acelero y si no, también. ¿Paradas de autobús? ¿para qué? si hay gente en la orilla de la carreta esperando me paro y los recojo, de distancia de seguridad mejor ni hablamos, no existe, el uso del cinturón… sólo si se atisba la presencia de algún policia, eso los conductores, los pasajeros ni tienen la opción… la mayoría de los medios de transporte no tienen cinturón… pero lo curioso de todo esto es que no hace falta que pase mucho tiempo para que uno se sienta seguro en las calles de El Cairo, como me dijo una amiga antes de irme de viaje allí, ló único que hace falta es ¡confiar en el sistema!

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