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Restaurante Bom Jesus

En mi breve visita a Valença do Minho hice una parada para reponer fuerzas y comer algo. El lugar elegido fue un restaurante llamado Bom Jesus. Está en el centro de Fortaleza, en la zona fortificada de Valença, al lado de una pequeña plaza y una iglesia.

Restaurante Bom Jesus, en Valença do Minho (Portugal) / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Bom Jesus, en Valença do Minho (Portugal) / Foto: Ana B. González Carballal

La verdad es que no tenía mucha idea de qué era lo típico allí. Una vez dentro, me quedó claro que el “bacalhau” es una de sus especialidades. Obviamente había que probarlo. Éramos cinco personas, dos pideron carne y los otros tres pedimos varios platos para compartir. La elección fue la siguiente: Bacalhau a Bom Jesus, especialidad de la casa, Arroz de marisco y Polvo Na Telha (Pulpo a la teja).

Bacalhau a Bom Jesus en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

Bacalhau a Bom Jesus en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

El bacalao estaba muy rico, la verdad, no es que sea uno de mis platos favoritos pero mereció la pena probarlo. El arroz de marisco tampoco estaba nada mal, caldoso en su justa medida y con un montón de almejas  y gambas. Lo peor, el pulpo. Será que acostumbrados al pulpo a la gallega no supimos apreciar esta otra modalidad de preparación pero… no estaba nada bueno, de hecho no fuimos capaces de terminarlo… una pena.

Arros de marisco en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

Arros de marisco en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

En cuanto a precios, ahí va, el bacalao era a 16 euros para una persona, 23 para dos. El arroz a 15 euros para uno, 27 para dos. El pulpo 14 euros. Deciros que el arroz para una persona da para dos de sobra, al menos, si no se come sólo este plato.

Algo significativo de este lugar es que antes de

Polvo Na Telha (Pulpo a la teja) en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

Polvo Na Telha (Pulpo a la teja) en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

 servirte la comida que has pedido te ofrecen unos entrantes. No son gratis, te cobran en función de los que te comas. Son los Pasteis de Bacalhau, a 0,55 euros cada uno, y la Chamussa, a 0,95 euros

Pasteis de Bacalhau y Chamussa, entrantes del restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

Pasteis de Bacalhau y Chamussa, entrantes del restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

 cada una. Los acompañan de unos patés o salsas. Son una especie de croquetas de bacalao y una especie de empanadilla con sabor a curry, al menos a mí me sabía a eso. Muy bueno todo la verdad. Merece la pena probarlo, eso sí, sería todo un detalle que fuera cortesía de la casa y no te lo cobraran.

En cuanto al postre, tenían un montón de tartas caseras con muy buena pinta. Nosotros estábamos demasiado llenos pero nos animamos a probar una tarta de queso muy rica con unos helados. En cuanto al servicio tengo que decir que los camareros fureon muy amables y serviciales. En definitiva, un lugar recomendable para probar algo de comida típica portuguesa al alcance de todos los bolsillos.

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Valença do Minho, algo más que toallas

Portugal es para mí ese gran desconocido. Es el vecino de puerta con el que me cruzo cada mañana y del que nada sé, salvo su nombre y poco más… De Portugal creo saber que casi todo huele a mar, que lo atraviesan grandes ríos, que su voz suena dulce y que sus cantares se escuchan nostálgicos, llenos de melancolía.

Vista de Fortaleza, Valença de Minho ( Portugal) / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de Fortaleza, Valença de Minho ( Portugal) / Foto: Ana B. González Carballal

Portugal es el país por el que algún día me gustaría perderme. Lisboa, una de mis capitales europeas pendientes.

Mientras tanto me conformo con haber visitado Fortaleza, una pequeña localidad portuguesa situada al Norte del país, en la ribera del río Miño.

Fue una visita muy breve. No hubo olor a mar, ni fados… Pero sí hubo ríos y voces lejanas que escondían su acento original para hacerse entender en un agradable “portuñol”. Fué cruzar el río Miño y sentir que estaba allí, en el país vecino que tanto ansío conocer. Fue un encuentro en ascensor con ese vecino. Fue poco más que un hola y adiós. Fue un sincero hasta muy pronto.

Tiendas en las calles de Fortaleza (Portugal) / Foto: Ana B. González Carballal

Tiendas en las calles de Valença do Minho (Portugal) / Foto: Ana B. González Carballal

Nada más dejar atrás Galicia llegamos a Valença do Minho. Esta localidad portuguesa es famosa por contar con una zona completamente fortificada, Fortaleza. A ésta se puede acceder en coche pero las calles son empedradas y estrechas, lo mejor es pasearlas, a poder ser, con un zapato cómodo. Hay varias puertas de entrada al recinto fortificado. Para acceder por una de ellas hay que pasar por un puente que deja a ambos lados una vista espectacular de un gran foso. Dentro del recinto nos encontramos con una pequeña villa llena de callejuelas estrechas, turistas paseantes y tiendas que invaden con su mercancía las fachadas de los edificios.

Vista de Tuy (Galicia) desde Fortaleza (Portugal) / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de Tuy (Galicia) desde Valença do Minho (Portugal) / Foto: Ana B. González Carballal

Es inevitable no pararse. El mito de las toallas se hace realidad. Las hay por todas partes. De todos los colores, de todos los tamaños, de todos los tipos,¡ incluso al peso! Sí, estamos en Portugal y, sí, parece que la gente sigue viniendo aquí a comprar toallas. ¡No es ficción, es realidad! La verdad es que no están mal de precio, me quedé con ganas de llevarme unas cuantas pero… ¡ya tengo excusa para volver!

Aquí se vende de todo, sábanas, toallas, paños de cocina, manteles, ropa, pijamas, zapatos… uno entra en una especie de “calles-pasadizos” en los que parece inevitable pararse a mirar… cuesta no hacerlo.

Pero entre tanta compra-venta hay algo más. Hay iglesias, hay piedras, hay balcones y, sobre todo, hay vistas. Unas vistas sobre el río Miño que merecen mucho la pena. Al fondo, se divisa Tui, ciudad gallega coronada con una catedral gótica. Más al fondo, verde, montes, azul, agua, blanco, cielo. La ciudad está situada en un lugar completamente estratégico de ahí su histórica fortificación, de ahí sus vistas.

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De camino al mirador de Santa Tecla

No siempre es necesario recorrer muchos kilómetros para contemplar paisajes de esos que nos dejan hipnotizados. A veces, basta con disponerse a mirar con atención aquellos lugares que, por su cercanía a nuestro lugar de residencia, quizá pasan, en principio, algo inadvertidos para aquellos que apuntan con su mirada a horizontes más lejanos.

Vista del río Miño desde el mirador de Santa Tecla, a la derecha Portugal / Foto: Ana B. González Carballal

Vista del río Miño desde el mirador de Santa Tecla, a la derecha Portugal / Foto: Ana B. González Carballal

A pocas horas del lugar donde llevo veraneando toda mi vida descubrí este verano una carretera en la que aquello de llamar a la Tierra el Planeta Azul cobra todo su sentido. Desde ella, mirando hacia el Oeste, todo es mar. A miles de kilómetros, América. En medio de ese manto azul, nada más.

Es el tramo que va desde Baiona hasta La Guardia, en el extremo Suroeste de Galicia.

Desembocadura del río Miño desde el monte de Santa Tecla, al fondo Portugal / Foto: Ana B. González Carballal

Desembocadura del río Miño desde el monte de Santa Tecla, al fondo Portugal / Foto: Ana B. González Carballal

En Baiona se pone punto y final a la zona turística de las Rías Baixas. Hasta aquí, en verano, las playas y calles no llegan a ser Benidorm pero sí se llenan de turistas que doblan la población habitual de esta zona. Pero, en cuanto uno deja atrás el Cabo Silleiro, todo adquiere otro aire. El gentío da paso a la soledad, los paseos marítimos a la naturaleza en estado virgen, los edificios en bloque a las pequeñas casas que miran al mar… Aquí comienza uno a recorrer una carretera que invita a pararse cada poco para admirar el paisaje, el Atlántico.

Castro de Santa Tecla / Foto: Ana B. González Carballal

Castro de Santa Tecla / Foto: Ana B. González Carballal

Este tramo de carretera merece la pena por sí mismo pero es que, además, es la vía que nos lleva a otro lugar mágico por sus vistas: el mirador de Santa Tecla. Una vez se llega a La Guardia es fácil acceder a este monte, viene señalizado por todas partes. Desde lo alto, el tiempo vuelve a pararse. La desembocadura del Miño nos deja absortos, al otro lado del río, Portugal, ese gran desconocido.

Sólo por  las vistas merece la pena subir a este mirador pero es que hay más. A mitad de camino, en plena subida al monte nos encontramos con el Castro de Santa Tecla. Se habitó desde 1900 a.C. y, hoy en día, se conserva bastante bien. Incluso han restaurado alguna de las construcciones para que podamos hacernos a la idea de cómo vivían los pobladores de entonces. La visita se completa con el acceso a un Museo Arqueológico situado allí mismo. Os dejo la web para más información.

Momentos previos a la puesta de sol en el monte de Santa Tecla (Galicia) / Foto: Ana B. González Carballal

Momentos previos a la puesta de sol en el monte de Santa Tecla (Galicia) / Foto: Ana B. González Carballal

Una vez visto esto, uno puede optar por varias opciones en función de cual vaya a ser el lugar elegido para pasar la noche. Yo, desde aquí, os recomiendo que si visitáis este lugar no dejéis de hacerlo a última hora del día. Ver la puesta de sol desde aquí merece mucho la pena.

http://www.aguarda.com/museo/index.htm Web del Museo Arquológico Castro de Santa Tecla

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