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El vacío del World Trade Center

Si le perguntáramos a cualquiera qué estaba haciendo el 11 de septiembre de 2001 a media mañana probablemente nos diría que no se acuerda… pero si lo que le decimos es “¿qué estabas haciendo cuando se produjo el ataque terrorista de las Torres Gemelas?” entonces, en este caso, estoy casi segura de que respondería sin pensárselo dos veces. Apenas tendría que hacer esfuerzos por recordar.

Portada New York Times 11S

Portada del New York Times del 12 de septiembre de 2001, tras los atentados terroristas a las Torres Gemelas.

Todos recordamos lo que estábamos haciendo aquel día cuando, de una forma u otra, nos enteramos de lo que estaba ocurriendo al otro lado del Atlántico. Yo salía de un examen de inglés, estaba en Madrid, volvía a casa y, de pronto, me llegó un mensaje al móvil. Un amigo me informaba de la noticia, él mismo decía que no se lo podía creer, que pusiera la tele. En cuanto llegué a casa fue lo primero que hice y, entonces, lo vi. Lo vi pero… no me lo podía creer. ¿Aquello era real? Pues sí, por desgracia lo era. Ni siquiera los presentadores podían llegar a creerse lo que estaban viendo en directo… una torre en llamas y, al poco tiempo, la otra era atravesada por otro avión. Gritos, humo, gente corriendo, desesperada… policía, bomberos, sirenas… terror, pánico, sinsentido… barbarie. Quien nos iba a decir que, tres años después, algo similar nos iba a dejar marcados para siempre también aquí, en Madrid.

World Trade Center

El hueco del World Trade Center, lo que hoy ya se conoce como la Zona Cero, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Marcados porque, vivas o no de cerca un atentado terrorista como cualquiera de estos, es más que probable que no te olvides nunca de lo que ocurría aquel día “cualquiera” en tu vida. Alguna vez leí, que esto, psicológicamente, funciona así. No sé si tiene un nombre  pero lo que sí sé es que nuestra memoria

Zona Cero

La Zona Cero actualmente, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 tiene límites, no es un disco duro infinito, pero siempre hay un hueco reservado para recordar aquellas vivencias marcadas por algún hecho especial, bien sea negativo o positivo. Uno no suele olvidarse de lo que estaba haciendo cuando recibe la noticia de que ha tenido un hijo, un sobrino… o cuando, por desgracia, se entera de la muerte de un ser querido. Esos recuerdos quedan grabados ahí, en la memoria, para siempre. Y no es necesario que ese hecho especial nos afecte directamente a nosotros, cualquier catástrofe, atentado o hecho noticioso lo suficientemente traumático nos dejará marcados para siempre.

Zona Cero

Placa conmemorativa en homenaje a los bomberos fallecidos el 11S situada en una estación muy cercana a la Zona Cero, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Yo no he olvidado todavía lo que estaba haciendo aquel 11 de septiembre de 2001. Tampoco he olvidado lo que estaba haciendo el 11 de marzo de 2004. De ambos días guardo imágenes que me gustaría no haber visto nunca y recuerdos banales que persistirán en mi memoria hasta el final de mis días. Por eso, cuando, durante mi visita a Nueva York, pasé por el World Trade Center, no pude evitar recordar y sentir. Algo se te remueve dentro cuando estás allí, miras y no hay nada. Lo que un día fue el centro financiero mundial son hoy metros cuadrados de vacío. Las gruas son el único “ser vivo” que asoma tras las vallas que ocultan esa nada, ese vacío, esa muerte. Uno está allí y no termina de creérselo, resulta increible pensar que un día 11 de septiembre allí ocurriese lo que ocurrió. La realidad, sin duda, superó a la más terrible de las ficciones.

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Escaparates de la Quinta Avenida

La 5ª Avenida cruza Manhattan de norte a sur y divide la isla en este y oeste. Las calles se numeran atendiendo a su dirección, East o West, siempre teniendo en cuenta su orientación desde esta avenida. Por el Midtown, es decir, por la parte central de Manhattan, esta gran calle se convierte en el paraiso de los adictos a las compras, todo son tiendas, tiendas y más tiendas. Si vas por poco tiempo, te será imposible entrar a todas, salvo que esa sea tu pretensión desde un principio. En mi caso, sólo tuve tiempo de disfrutar de sus escaparates, algunos muy chulos, la verdad.

Escaparate Tiffany & Co.

Escaparate de Tiffany & Co. en la Quina Avenida de Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Como no, una parada obligatoria es Tiffany & Co. ¡Quién no ha visto Desayuno con diamantes y tiene grabada en su memoria la imagen de Audrey Hepburn mirando, mientras desayuna, el escaparate de esta famosa joyería! Pues ahí sigue, repleto de joyas repartidas entre los muebles de pequeñas

Tiffany & Co.

Interior de Tiffany & Co. en Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 casas de muñecas. Desde fuera, todavía mantiene cierto glamour, sin embargo, su interior… parece más bien un parque temático de la joya. Nada lo diferencia mucho de la planta baja de cualquier Corte Inglés. Está lleno de turistas que se pasean por allí con poca intención de llevarse algo. No se pueden hacer fotos del interior pero, cuando me enteré, ya había hecho una así que aquí os la dejo para que comprobéis que aquello no es muy selecto que digamos.

Escaparate Nueva York

Escaparate de una de las tiendas de la Quinta Avenida en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Para los entendidos en moda habrá un montón de paradas obligadas en esta calle, estoy segura. Yo, lo único que os puedo recomendar es que os fijéis en los escaparates, hay verdaderas virguerías. Y si veis algo que os gusta y vuestro bolsillo os lo permite pues ya sabéis, atreveos a dar el siguiente paso, ¡acceder al interior, probar y comprar!

Las fotos no son muy buenas, las tuve que hacer rápido, de camino a algún otro lugar, hay reflejos y no se aprecia muy bien la decoración pero las cuelgo igualmente porque merece la pena echarles un vistazo. Por cierto, descubrí unos zapatos preciosos… no para mí, no suelo usar tacones, pero estéticamente me parecieron perfectos para combinar con un vestido negro liso, discreto. Eran de Pirre Hardy, los podéis ver mejor en su web. http://www.pierrehardy.com/spip.php?page=itemwomen&num=1&id_rubrique=7

Escaparate Pierre Hardy

Escaparate de Pierre Hardy en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Por lo visto, Pierre Hardy es uno de los diseñadores que viste a actrices tipo Sara Jessica Parker, Cameron Díaz… y es famoso, sobre todo, por vestir sus pies. La verdad, no me extraña. Yo no lo conocía de nada y fue ver estas sandalias y ¡enamorarme! Si pudiera permitírmelo y tuviera la ocasión de lucir alguna de sus sandalias creo que no lo dudaría. Me quedo con su nombre por si algún día me animo y ¡decido arruinarme vistiendo mis pies! Y, por cierto, os paso la dirección de la web de Tiffany & Co. por si a alguien le apetece echarle un vistazao ahora que se acercan las navidades. 😉http://www.tiffany.com/?siteid=1

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Greenmarkets en Nueva York

La calles de Nueva York guardan un gran secreto. Entre tanto rascacielos, tanto tráfico y tanto ir y venir de gente que camina a toda prisa se descubren unos pequeños puestos llenos de color en los que parece que el tiempo se para. Uno se pregunta si sigue allí, en Manhattan, o ha sido teletransportado a otro lugar…

Green Market en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Greenmarket en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

De repente, el gris de los edificios cede su protagonismo a los verdes, rojos, naranjas y amarillos. Formas perfectas y cálidas sobresalen en un entorno colmado de cemento. Son los Greenmarkets o Farmer’s Markets. Aquí los neoyorquinos hacen un paréntesis, le ponen el freno a su ajetreada vida y apuestan por una comida más ecológica y orgánica. Atrás queda la comida rápida, parece que, ahora, lo que se lleva en la ciudad es lo sano, lo verde…

Neoyorquinos de compras en un Greenmarket de Mahattan / Foto: Ana B. González Carballal

Neoyorquinos de compras en un Greenmarket de Manhattan / Foto: Ana B. González Carballal

Los productos de la huerta invaden calles y avenidas. Los granjeros de los alrededores llevan sus frutas y hortalizas directamente al consumidor final. Se rompe la cadena. De la granja al cliente sin pasar por el supermercado. Y parece que funciona. Hay mercados de este tipo por un montón de calles de Manhattan, 46 en todo Nueva York.

Puesto de frambuesas y otras frutas en un Greenmarket en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Puesto de frambuesas y otras frutas en un Greenmarket en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Lo ecológico se impone y, lo bueno, es que lo hace a un precio razonable. Aquí se puede hasta regatear, bueno casi. No se regatea pero los precios son variables, cambian en función de la oferta y la demanda. Parece que esta opción se impone cada vez más a la de los grandes supermercados. Los puestos están a pie de calle, son muy accesibles y, la verdad, todos los productos tienen una pinta exquisita. Es difícil no pararse ante uno de ellos.

Aquí no compran sólo los neoyorquinos de a pie, estos pequeños puestos también atraen a importantes chefs de la ciudad. Por lo visto, son ya muchos de estos grandes profesionales de la cocina los que optan por surtirse en este tipo de mercados. Aquí podéis ver a uno de estos famosos chef de compras por uno de estos mercados, el de Union Square.

Ya sabéis, en vuestra visita a Nueva York no puede faltar un paseo por uno de estos mercados “verdes”. Aquí van unas webs en las que podéis encontrar más información:

http://www.cenyc.org/greenmarket

http://www.nyfarmersmarket.com/

http://www.ny.com/dining/green.html

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Misa gospel en Harlem, ¡aleluya!

No todos los turistas que visitan Nueva York se acercan a Harlem, pero os diré que merece la pena, y mucho. Eso sí, hay un día para visitar este barrio de Mahattan, el domingo. También hay una hora, la mañana. El lugar para perderse, cualquier iglesia en la que se celebre una misa gospel. ¡Es una experiencia increible! Un lugar más de Nueva York en el que te sientes como en una película. 😉

Paseando por Lenox Av. en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Paseando por Lenox Av. en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Harlem se encuentra al norte de Manhattan, justo por encima de Central Park. Es un barrio poblado mayoritariamente por afroamericanos. Hace años tenía fama de suburbio peligroso, hoy en día, ya ha perdido gran parte de esa mala fama convirtiéndose en un lugar más habitable. Como curiosidad, en los 90, Bill Clinton trasladó su despacho a esta zona de Nueva York, su oficina se encontraba en la Quinta Avenida con calle 125.  

A pesar de que, en la actualidad, el barrio goza de mejor fama son muchos los turistas que optan por visitarlo mediante una visita organizada. Te llevan en bus, te dan unas cuantas vueltas, te bajan en la iglesia de turno y vuelta al Nueva York de cine. Nosotros decidimos ir por nuestra cuenta y pasear por sus calles mereció mucho la pena.

Turistas haciendo cola para acceder a una misa gospel en la Abyssinian Baptist Church en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Turistas haciendo cola para acceder a una misa gospel en la Abyssinian Baptist Church en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Cogimos el metro en Penn Station hasta la estación de la calle 135. Son unas cuantas paradas pero no más de media  hora. Salimos en busca de una de las iglesias más famosas, la Abyssinian Baptist Church. Está en la 132 st. así que nos pusimos a caminar un poco. Nos acercamos y ya empezamos a sentir que en este barrio pasaba algo… ¡todo el mundo iba muy arreglado! Los hombres con traje, las mujeres vestidas con sus mejores galas y con tocados en el pelo. Llegamos a la puerta de la iglesia y había un montón de gente… intentamos entrar pero imposible, no nos dejaron. Había que hacer cola. Buscamos el final de la cola y ¡Dios! ¡daba la vuelta a la manzana! Había muchísimos turistas esperando para entrar, no habíamos madrugado lo sufiente. Nos comentaron que sólo dejaban entrar a 300 personas y allí había bastantes más de 300 así que decidimos buscar otra iglesia.

The Greater Refuge Temple, iglesia en la que se hacen misas gospel en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

The Greater Refuge Temple, iglesia en la que se hacen misas gospel en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Nos pusimos a caminar y encontramos varias iglesias pero en ninguna nos dejaban entrar. O, si nos dejaban entrar, resultaba que no era una misa gospel sino otro tipo de ceremonia. Caminamos, caminamos… ya empezábamos a darlo por imposible y, de pronto, al cruzar una calle vimos una fachada con una cruz. “Aquello parece una iglesia” dijo una amiga. Nos acercamos, era el último intento que íbamos a hacer y… ¡¡¡antes de entrar ya se escuchaban los gritos!!! ¡¡¡aleluyaaaaaaaaaaa!!!

Nos dejaron entrar y ¡flipamos! No hay otra palabra mejor para describir

Interior de The Greater Refuge Temple en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Interior de The Greater Refuge Temple en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 el asombro y la sorpresa que uno siente al entrar en la iglesia y escuchar y ver el “show”. Nos colocaron en una especie de grada en la parte alta de un auditorio enorme. Debía de ser la zona reservada para los turistas. Fueron muy amables pero, eso sí, no dejaban grabar en vídeo. Una pena porque me hubiera encantado poder mostrar lo que allí se ve y se oye. Grabé un poco pero enseguida me dijeron que tenía que apagar la cámara. De todo modos, intentaré describirlo.

Una pareja vestida con sus mejores galas para ir a una misa gospel en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Una pareja vestida con sus mejores galas para ir a una misa gospel en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Un montón de gente en el escenario, músicos, coro, oradores, etc. Ellas vestidas de blanco, ellos de traje. La música presente todo el rato. El público muy pero que muy participativo, cantando, aplaudiendo, sintiéndo de verdad los cientos de “aleluyas” que se repiten a lo largo de toda la ceremonia. Da la sensación de que, para ellos, la misa es realmente una fiesta, una celebración, algo muy divertido y muy sentido. Hay que verlo, sin duda es una de esas experiencias que no te dejan indiferente y que hace que, seas creyente o no, sientas mucha emoción.

Esta iglesia que descubrimos en el último momento no suele venir en las guías, como nuestra experiencia fue muy buena os dejo la dirección por si os animáis a visitarla en vuestra visita a Nueva York, se llama The Greater Refuge Temple y está en el número 2081 de la calle Adam Clayton Powell Jr. Blvd. ¡Ah, y tiene página web! Aquí os la dejo para que os hagáis una pequeña idea de lo que podréis ver allí:

http://www.greaterrefugetemple.org/intro.html

Os dejo ese pequeñísimo vídeo que pude grabar:

También os dejo la web de otra de las iglesias más visitadas, pero aquí mejor id pronto porque la cola era enorme:

http://www.abyssinian.org/index.php?l=1

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En bici por Manhattan

Una de las mejores experiencias del viaje a Nueva York fue, sin duda, la de perdernos por la ciudad subidos a una bicicleta. Es curioso pero… ¡te sientes menos turista y más neoyorquino!

Bike and Roll en Battery Park, servico de alquiler de bicicletas, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Bike and Roll en Battery Park, servico de alquiler de bicicletas, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El New York Pass nos permitió alquilar bicicletas gratis un día durante 4 horas. Estábamos en Battery Park y decidimos que era el momento. Al fondo se divisaba el puente de Brooklyn, ese sería nuestro destino. Había que cruzar el puente.

Por esta misma zona estaba el puesto de alquiler de bicis “Bike and Roll”. Nos acercamos, enseñamos el New York Pass y listo. Tan solo hizo falta dejar una cantidad de fianza mediante la tarjeta de crédito y ya pudimos elegir bici y ponernos en marcha. Esta cantidad te la devuelven una vez traes de vuelta la bicicleta.

En bici por Battery Park, Manhattan, Nueva York / Foto: Julián González

En bici por Battery Park, Manhattan, Nueva York / Foto: Julián González

El paseo comenzó bordeando el río Hudson, luego atravesamos un pequeño parque y enseguida llegamos a la zona del East River. Estábamos al sur de Manhattan y nuestra misión era llegar a Brooklyn. Parecía que el puente estaba al lado pero… para acceder a él fue necesario adentrarse por un barrio muy pero muy pintoresco: ¡Chinatown!

En bici por Chinatown, Manhattan, Nueva York / Foto: Dácil Jiménez

En bici por Chinatown, Manhattan, Nueva York / Foto: Dácil Jiménez

Todavía no lo habíamos visitado antes así que fue toda una aventura verlo por primera vez desde la bici. De pronto, paracía que, en vez de en Nueva York, estábamos en Pekín, ¡en vez de en Estados Unidos, nos veíamos en China! Calles llenas de gente, de chinos claro… colores y olores por todas partes, carteles escritos en chino decorando todas las fachadas, arroz, tallarines, coches, ruido, ajetreo… Las calles de Chinatown estaban repletas, ¡menudo ambientazo!

Vista desde el puente de Brooklyn, al fondo Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista desde el puente de Brooklyn, al fondo Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La verdad es que había carril bici y fue todo muy divertido pero el problema es que, a veces, el carril bici era compartido, esto quiere decir que coches y bicis van por el mismo sitio… ¡toda una aventura para unos ciclistas ocasionales como nosotros!

Después de dejar atrás el barrio chino no tardamos

En el paseo que bordea el East River, al fondo el puente de Brooklyn, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

En el paseo que bordea el East River, al fondo el puente de Brooklyn, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 mucho en llegar al famoso puente de Brooklyn. Aquí hay una buena subidita, ¡llegamos a la mitad del puente agotados! Decidimos parar a descansar un poco y sacar unas fotos. Las vistas, impresionantes.

Decidimos dejar la visita a Brooklyn para otro día. Dimos la vuelta y nos perdimos de nuevo por Chinatown, luego atravesamos Tribeca, un barrio muy chic, con un montón de cafés y tiendas selectas. Por fin, divisamos el Hudson y recorrimos, de nuevo, un paseo precioso que recorría toda la orilla del río. A media tarde entregamos las bicis de vuelta. El paseo, sin lugar a dudas, mereció muuuucho la pena. Si vais a Nueva York no lo dudéis ¡alquilad una bici, las cosas se ven de otra manera!

Más info:

http://www.bikeandroll.com/newyork/

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Coney Island: playa, peces, atracciones y perritos calientes

Nueva York puede ser algo más que visitar Manhattan. En Brooklyn, en la costa sur, está un lugar que parece sacado de una peli antigua, de un cuento de terror, de la sección de sucesos de un periódico cualquiera. Este lugar es Coney Island.

Vista de la playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de la playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La verdad es que cuando uno llega allí la sensación es muy extraña.  Depués de pasar unos 45 minutos en metro, pasas de estar en el medio de decenas de rascacielos a estar en un lugar con tintes un poco tétricos. Aquello parece un decorado en desuso, visitado, hoy día, por personajes que no le pertencen.

La playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Sales del metro y comienzas a caminar, al fondo, un gran paseo marítimo y una playa. ¡Sí, una playa! No pensé que en mi viaje a Nueva York fuera a ir a la playa, esto suena más a la otra costa, la Oeste, pero parece ser que sí, que los neoyorquinos van a la playa. Al menos, algunos. Hay gente en la arena y en

El famoso parque de atracciones Astroland en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El famoso parque de atracciones Astroland en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 el agua, un poco turbia, todo hay que decirlo. Estamos en septiembre, hace calor. Por el paseo no somos los únicos, aunque turistas se ven pocos. Hay gente paseando, corriendo, sacando al perro, comiéndose un helado… ¡Qué raro es todo! Será porque uno no espera, en su visita a Nueva York, encontrarse con este tipo de paisaje.

Establecimiento de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Establecimiento de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

A un lado del paseo está la playa, con el horizonte al fondo. Al otro, puestos de todo tipo comparten silueta con uno de los parques de atracciones más famosos y antiguos de Estados Unidos, Astroland. Destacan, sobre otras, dos de sus atracciones más conocidas, la Wonder Wheel y el Cyclone, una noria y una montaña rusa con solera.  Llevan aquí desde los años 20 y aun mantienen ese olor a viejo, a retro, a kitsch, a rancio. Los que se atrevan pueden subirse en cualquiera de estas atracciones porque lo mejor de todo es que siguen en funcionamiento.

El famoso perrito caliente de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El famoso perrito caliente de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El olor de los hierros, que dan forma al parque de atracciones, compite con el olor a fritanga de un sinfín de puestos de comida rápida, que se extienden por todo el paseo. Los reyes aquí son los perritos calientes de Nathan’s, un local que lleva vendiendo “hot dogs” desde 1916. Es  por este motivo que no deberíais iros sin probarlos, se dice que aquí es donde se vendió el primer perrito caliente, son míticos! Yo os cuelgo una foto para que os hagáis a la idea de si os gustarían o no.

Es en este establecimiento donde se celebra cada año el Concurso Internacional de Comer Perritos Calientes. Como no, el día elegido es el 4 de julio, os cuelgo un vídeo en el que podéis ver algunas imágenes del certamen de este mismo año. El record, ¡68 perritos calientes ingeridos en 10 minutos! ¡Qué  barbaridad!

Y, antes de terminar, comentaros que aquí en Coney Island se encuentra el Acuario de Nueva York, si tenéis tiempo podéis entrar pero, sin duda, lo que más merece la pena es ¡disfrutar del paseo y del famoso perrito grasiento!

Más info:

http://www.coneyisland.com/ Web sobre Coney Island

http://www.astroland.com/ Web del parque de atracciones Astroland

http://www.nathansfamous.com/PageFetch/ Web de Nathan’s

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Empire State Building: colas y luces

Uno no se puede ir de Nueva York sin hacer dos cosas, una es subir a lo alto de un rascacielos de día, la otra, hacer lo mismo pero de noche, en concreto, al atardecer. Nosotros elegimos el Empire State Building para esta última opción que se convirtió en toda una aventura.

Empire State Building, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Empire State Building, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Este edificio es, desde la caída de las Torres Gemelas en 2001, el más alto de Nueva York. Su construcción se remonta a los años 30, oficialmente se inauguró el 1 de mayo de 1931. Su apertura coincidió de lleno con la Gran Depresión en Estados Unidos, la famosa crisis del 29 provocó que las oficinas del edificio se quedaran vacías durante años. No había inquilinos ni empresarios dispuestos a invertir en el Empire, es por esto que comenzó a escucharse un nuevo nombre para el edificio, el Empty State Building, el “Vacío” State Building. La cosa cambió en los años 50 cuando una gran empresa inmobiliaria de Manhattan decidió hacerse con el edificio por una cifra record, 51 millones de dólares.

Vista desde la planta 86 del Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista desde la planta 86 del Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El Empire State Building guarda más cifras sorprendentes. Tiene 443 metros de altura, 6.500 ventanas, 73 ascensores, 113 kilómetros de cañerías, 760.000 metros de cable eléctrico y cerca de 9.000 grifos. Por otro lado, unos 21.ooo empleados trabajan cada día en el edificio, convirtiéndolo en el centro de oficinas más importante de Estados Unidos después del Pentágono. Pero a este edificio acceden, cada día, no sólo los que allí trabajan. Miles de turistas suben, en menos de un minuto por ascensor, a la plataforma de observación del piso 86.

Vista del edificio Chrysler desde el Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista del edificio Chrysler desde el Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La subida en ascensor es breve, muy breve. Pero antes, hay que advertirlo, hay que hacer las colas más largas que se hacen para acceder a cualquier punto turístico de la ciudad. Aun así, por supuesto, merece la pena. Y eso que, el mirador, al menos a esta hora, al anochecer, está repleto. Hay que hacer cola también para buscar un hueco desde el que observar la ciudad… un poco decepcionante, la verdad, pero claro, en cuanto lo encuentras, la vista impresiona tanto que te olvidas de las colas y la gente. Vuelvo a repetirlo, merece la pena. De nuevo, como en el Top of the Rock, te vuelves loco porque quieres hacer mil fotos pero lo mejor llega cuando dejas la cámara a un lado y te concentras en mirar a tu alrededor. Es fascinante. Luces por todas partes, esta ciudad no duerme, es una lámpara gigante.

Vista desde la planta 86 del Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista desde la planta 86 del Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

En la planta 102 hay otro mirador, para acceder hay que pagar una cantidad adicional, no os puedo decir si merece la pena porque nosotros nos quedamos en la planta 86. Lo que sí hicimos, en la planta segunda y porque estaba incluido en nuestra entrada con el New York Pass (hablaré de él en otro post)  fue entrar al Skyride, está en la planta segunda y es un simulador de viaje en helicóptero por la ciudad. Está bien, te ríes y disfrutas de las vistas ahorrándote lo que te costaría el viaje en helicóptero real pero, porque estaba incluido en la entrada, si no, no pagaría por ello. Pero volvamos a la planta 86… ¡la aventura está a punto de comenzar!

Hacíamos cola para bajar, ya habíamos disfrutado de las vistas y estábamos ansiosos por ir a comer algo. La cola no avanza… es raro porque aquí suelen ir bastante rápido, pasan los minutos y nada, quietos.

El Empire State Building iluminado entre la niebla, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El Empire State Building iluminado entre la niebla, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La gente empieza a inquietarse, la cola sigue sin moverse, llevamos casi media hora en el mismo sitio. Llegan los rumores… hay algún tipo de problema con los ascensores… ¡noooo! pongo la oreja y me entero de que lo que ocurre es que hay un problema con una cañería en no sé que piso y esto ha afectado a los ascensores. Están intentando solucionar el problema. ¡También es mala suerte! Nos toca esperar y esperar… finalmente nos van “evacuando” poco a poco, por grupos por las escaleras de incendios, de emergencias. ¡Increible! Tenemos que bajar andando desde la planta 80

Accediendo a las escaleras de incendios de la planta 80 del Empire State Building / Foto: Julián González

Accediendo a las escaleras de emergencia de la planta 80 del Empire State Building / Foto: Julián González

 hasta las 67. La cosa va despacio, con paradas incluidas entre una planta y otra en medio de las escaleras, un poco agobiante para claustrofóbicos o neuróticos, divertido y emocionante para aventureros. ¡Yo no me reí mucho porque soy más bien de lo primero! Pero ahora, desde casa, sana y salva, sí que me río. !En aquel momento sólo quería salir de allí lo antes posible! Llegamos a la planta 67 y allí teníamos que ir en busca de unos ascensores que no estaban afectados por la avería. Esos ya nos llevaban hasta la planta de la salida. Fin de la aventura en un edificio mítico de Nueva York que, cada día, ilumina su parte alta de una forma diferente con el fin de conmemorar distintas celebraciones.

 

Más información:

http://www.esbnyc.com/index2.cfm

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Top of the Rock: las mejores vistas

Te subes a un avión, dejas que pasen casi 9 horas y, de pronto, aterrizas al otro lado del Atlántico. A pesar del tiempo del viaje, cuesta hacerse a la idea de que te encuentras en otro continente, a 6.000 kilómetros de casa. Tardas mucho, pero es poco más de lo que te lleva ir en autobús desde Madrid hasta Coruña, Cádiz o Barcelona, por poner un ejemplo. En ese mismo tiempo dejas atrás muchos más kilómetros y al cerebro le cuesta asimilarlo, al menos al mío.

Edificio Rockefeller Center en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Edificio Rockefeller Center en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Es por este motivo que, hasta que no llevaba unas 24 horas en Manhattan, no fui realmente consciente de que estaba allí, en Nueva York. Aterrizas, llegas al hotel, das los primeros paseos por la ciudad, miras aquí y allá pero… no te lo acabas de creer. Hay taxis amarillos, sí… estoy en Nueva York. ¡Anda mira, banderas yanquis!, sí… estoy en Estados Unidos… ¡Uy, qué altos son aquí los edificios!sí… estoy en Manhattan… pero, la verdad, yo no “aterricé” en Nueva York hasta que tuve una visión glogal del lugar en el que me encontraba. No me creí que estaba allí hasta que subí a lo alto del Top of the Rock y abrí los ojos.

Se construyó entre 1929 y 1940. Es uno de los edificios más famosos de la ciudad. Es el Rockefeller Center, algo más que un rascacielos. Sus impulsores, los magnates del petroleo John D. Rockefeller y, posteriormente, su hijo, querían construir un gran edifiico que se convirtiese en un gran centro comercial y de ocio. Se puede decir que lo consiguieron.

El Radio City Music Hall en el Rockefeller Center, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El Radio City Music Hall en el Rockefeller Center, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Hoy en día, este edificio engloba un poco de todo. Aquí se encuentran los estudios de televisión de la NBC, también el famoso teatro Radio City Music Hall. En invierno, el edificio alberga la pista de hielo que tanto hemos visto en las películas que tienen como escenario Nueva York. Además, el Rockefeller Center también es muy conocido por la gente de todo el mundo porque aquí, en este edificio, es donde se coloca el gran árbol de Navidad que da la bienvenida a esta época del año.

Vista de Central Park desde el Top of the Rock, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de Central Park desde el Top of the Rock, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El Top of the Rock no es más que la parte alta de este edificio. A los turistas se nos permite subir a la planta 70 y, una vez allí, se puede acceder a tres miradores distintos. Los dos primeros tienen mamparas de cristal pero el último, el más alto de todos, no y, este punto, se convierte en el mejor lugar para hacer fotos.

Vista del Empire State desde el Top of the Rock, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista del Empire State desde el Top of the Rock, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Aquí, en la planta 70 del Top of the Rock las vistas son impresionantes. Es fácil describir lo que uno ve pero cuesta encontrar palabras para describir lo que uno siente aquí arriba. Yo, en este punto, fue donde sentí y asimilé que estaba allí, en Manhattan, en Nueva York. Abres los ojos y, en un golpe de vista, lo ves todo. Al norte, Central Park rodeado de edificios por ambos lados… al el sur, el Empire State se alza entre multitud de rascacielos que se extienden hasta la zona de Wall Street, al sur de la isla. A los lados, los dos ríos que rodean la isla, el Houdson y el East River. En el cielo, por todas partes, decenas de aviones sobrevuelan la ciudad.

La única recomendación que os hago desde aquí es que si tenéis la oportundiad de visitar estos miradores no la desaprovechéis, merece muchísimo la pena. Haced todas las fotos que queráis pero no dejéis de disfrutar de la vista… dejando la cámara a un lado.

Más información aquí:

http://www.topoftherocknyc.com/welcome/default.aspx

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Chelsea Star Hotel

En Nueva York es muy común que te alquilen apartamentos por días o semanas. Es una opción más para los turistas que visitan la ciudad. También hay hoteles y hostales que cuentan con suites especiales equipadas con una pequeña cocina y varias camas king size. El Chelsea Star Hotel es uno de estos hoteles.

Chelsea Star Hotel en Manhattan / Foto: Ana B. González Carballal

Chelsea Star Hotel en Manhattan / Foto: Ana B. González Carballal

Lo encontramos buscando por internet. No teníamos referencia alguna, tan sólo las opiniones de la gente en los foros. Como casi siempre, había opiniones para todos los gustos. Eso sí, todo el mundo resaltaba la perfecta situación del hotel. Entre los incovenientes citados, que si olía mal, que si el baño era compartido…

El caso es que este hotel es en realidad un “hostel”, un pequeño hostal que ofrece de todo un poco. Habitaciones compartidas y habitaciones privadas, baños compartidos y baños privados y una serie de habitaciones especiales denominadas suites. Nosotros nos decantamos por estas últimas. En la web tenían buena pinta. Contaban con baño privado, un pequeña cocina con nevera, microondas, fregadero, una mesa… y tres grandes camas tamaño gigane. Eso sí, en plan Gran Hermano, todo ello en un espacio único.

Recepción del Chelsea Star Hotel, Manhattan / Foto: Ana B. González Carballal

Recepción del Chelsea Star Hotel, Manhattan / Foto: Ana B. González Carballal

La realidad rara vez es mejor de lo que te venden en las fotos de la web y esta vez no fue una excepción. Salimos de la estación de Penn Station, bajamos la octava avenida y, en pocos minutos, llegamos a la esquina con la 30 (la calle 30). Allí estaba el cartel del hotel… pero aquello no parecía una fachada de hotel… dudamos… después de dar unas vueltas confirmamos que sí, que aquello tenía que ser el hotel. El edificio es bastante cutrillo por fuera, parece un edificio de viviendas, con sus escaleras de incedios y todo eso. Accedemos al interior y llegamos a la recepción. Estamos en el típico “hostel” cutrillo pero con una decoración colorida y un ambiente amable y cercano. Al lado de la recepción hay un pequeño patio con mesas y sillas para los fumadores. Por supuesto, está prohibido fumar en las habitaciones, ¡estamos en Estados Unidos!

Patio del Chelsea Star Hotel, Manhattan / Foto: Ana B. González Carballal

Patio del Chelsea Star Hotel, Manhattan / Foto: Ana B. González Carballal

Nuestra suite se encuentra en el edificio de al lado. Accedemos, está en el piso bajo. La entrada es cutre, seguimos, abrimos la puera… bueno, la suite no está mal, pero digamos que en la foto de la web parecía mucho más lujosa y aquí ¡el lujo brilla por su ausencia! Las vistas dan a un patio, poca luz, es un bajo. Nuestro consuelo, sólo vamos a estar allí para ducharnos y dormir. El suelo está un poco sucio, el concepto de escoba no existe en este hostal-hotel… Por lo demás, no hay quejas. Las camas muy bien, grandes y cómodas. El baño… ¡uy, del baño mejor no hablamos! En general bien y, si por cualquier motivo ocurre algo inesperado… no os preocupéis, llamáis a recepción y todo arreglado. 😉

Zona de la cocina de la suite del Chelsea Star Hotel / Foto: Ana B. González Carballal

Zona de la cocina de la suite del Chelsea Star Hotel / Foto: Ana B. González Carballal

En la zona de la cocina hay nevera, fregadero y microondas, no hay cocina, de cocinar me refiero. Pero lo importante es la nevera, tener algo fresquito para beber por la noche. El resto del día lo pasas fuera, ¡estás en Nueva York! ¡Al apartamento sólo se va a dormir!

Bromas aparte, el Chelsea Star Hotel no está mal si vas allí únicamente a dormir. La situación como decían en los foros es buenísisma. Al lado del Madison Square Garden, de Penn Station, a pocos minutos de Times Square, del Empire State Building, del Macy`s, del Manhattan Mall…

Suite del Chelsea Star Hotel, Manhattan / Foto: Ana B. González Carballal

Suite del Chelsea Star Hotel, Manhattan / Foto: Ana B. González Carballal

Para los adictos a internet el hotel cuenta con una pequeña sala en la que hay tres ordenadores en los que te puedes conectar. El precio, un mínimo de 2 dólares por 20 minutos. En esta misma sala hay lavadora, microondas y una máquina de café y té. También hay una impresora, muy cómoda si necesitas imprimir billetes de avión o cualquier otro documento.

Baño de la suite del Chelsea Star Hotel, Manhattan / Foto: Ana B. González Carballal

Baño de la suite del Chelsea Star Hotel, Manhattan / Foto: Ana B. González Carballal

En los alrededores del hotel hay varias cervecerías irlandesas, varios Deli`s ( pequeños supermercados con comida recien hecha para llevar), un restaurante Thailandés, un Subway (recomendables los bocatas de Sweet onion teriyaki) y hasta un Bikini Bar, esto es un bar en el que las camareras te atienden en bikini, curioso… Por cierto, si queréis llamar por teléfono os recomiendo los del hotel. En la calle de al lado hay varias cabinas pero… su estado es bastante lamentable y el olor insoportable.

En resumen, Chelsea Star Hotel sí, si no buscas lujos y buscas algo cómodo, céntrico y medianamente limpio para dormir y descansar. Chelsea Star Hotel no, si lo que buscas es disfrutar a fondo de las instalaciones del hotel, de tu habitación y de tu baño pasando es estos espacios mucho tiempo.

http://starhotelny.com/index.php Web del Chelsea Star Hotel

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Bienvenidos a Continental Airlines

Se puede ir en barco pero la mayoría opta por el avión. Se puede ir en vuelo directo o con escalas. Yo lo tenía bastante claro, si se puede volar sin paradas, mejor. Buscamos vuelos y, la verdad, no había mucha diferencia de precio entre volar directamente o haciendo escalas. Nos decidimos por Continental Airlines, una compañía de la que no teníamos muchas referencias pero que unía, en algo más de 8 horas, Madrid y Nueva York.

Un boing 757-200 de la compañía Continental Airlines / Foto: http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Continental.b757-200.n19117.bristol.arp.jpg

Un boing 757-200 de la compañía Continental Airlines / Foto: http://es.wikipedia.org/wiki/Boeing_757

Volábamos al aeropuerto de Newark, en Nueva Jersey.  Sacamos la tarjeta de embarque por internet, se puede siempre y cuando sea 24 horas antes de la salida. Salimos de la Terminal 1 del aeropuerto de Barajas. Facturamos maletas, nos vamos a la puerta de embarque y, más o menos a la hora prevista, embarcamos.

El avión decepciona un poco, es muy pequeño para cruzar el Atlántico. Son tres asientos, pasillo central y otros tres asientos. Lo único bueno es que cada plaza tiene una pantalla personal en la que puedes ver películas, series, documentales… también hay videojuegos, un mapa para ver el trayecto del avión… Estos entretenimientos ayudan a que el viaje se haga más llevadero pero, atención, no todas las pelis están dobladas y, además, las que sí lo están tienen un doblaje español latino que, en muchos casos, no te permite meterte de lleno en la historia. Es bastante difícil ver, por ejemplo, Star Trek, Harry Potter o Friends con un acento que suena más a telenovela que a cualquier otra cosa.

Interior del Boing 757-200 de Continental Airlines de Madrid a Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Interior del Boing 757-200 de Continental Airlines de Madrid a Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Bueno, tomamos asiento y nos preparamos para despegar pero… ¡ooohhh! primer problemilla… resulta que las llantas de las ruedas del tren de aterrizaje necesitan ser revisadas… nos informan de una media hora de retraso. A la media hora,

Comida servida en el avión de Continental Airlines de Madrid a Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Comida servida en el avión de Continental Airlines de Madrid a Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

nos comunican que hay que cambiar las llantas… otra hora de retraso… lo peor, esperar dentro del avión.

Pasadas casi dos horas, por fin, despegamos. Al poco tiempo, nos dan la comida. No está nada mal. Lasaña o pollo, yo elegí lasaña y estaba muy rica. Una ensalada y un dulce completan el menú. Después a entretenerse o a intentar dormir. El vuelo fue tranquilo hasta mitad de camino. Las últimas cuatro horas con bastantes rachas de turbulencias, leves eso sí. Unos cuantos ejercicios de relajación y a intentar llevar la mente a otro sitio.

Asientos del Boing 757-200 de Continental Airlines de Madrid a Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Asientos del Boing 757-200 de Continental Airlines de Madrid a Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La tripulación ofrece bebida cada poco, ya llegando al destino nos sirven una merienda. Unas patatas y una chocolatina. El vuelo se hace bastante largo… a las casi 9 horas de vuelo hay que sumarles las dos que nos tuvieron encerrados en el avión por culpa de la llanta y eso se nota. Por fín, descendemos. Poco a poco, el cansancio se va transformando en emoción… aterrizamos. ¡Estamos en Estados Unidos!

El tren aéreo que conecta las terminales del aeropuero de Newark en Nueva Jerey / Foto: ktransit.com

El tren aéreo que conecta las terminales del aeropuero de Newark en Nueva Jersey / Foto: ktransit.com

O eso creíamos. Por ahora, estamos en tierra de nadie. En el aeropuerto de Newark. Ahora toca hacer colas en varios puestos de control. En el primero de ellos, te sacan una foto y te toman las huellas de los dos pulgares y del resto de los dedos de las dos manos. Un vistazo al pasaporte y, si todo va bien, accedes al siguiente control. Sólo a uno de nosotros lo pararon y se lo llevaron a una oficina. Había alguna coincidencia extraña con su nombre y apellidos y querían aclararlo. Lo trataron perfectamente, ¡o eso nos dijo! 😉  Después de esto, hay más controles, el más llamativo el agroalimentario. No puedes meter comida en Estados Unidos. ¡Qué penita da ver tantos chorizos y embutidos tirados en la basura!

Por fin, salimos del aeropuerto. Nos dirigimos al centro de Manhattan, a Penn Station. Primero cogemos un tren aéreo el AirTrain Newark, sin conductor, como los de la T4 de Barajas. Éste es gratuito y nos lleva hasta New Jersey Station. Aquí, pagamos 15 dólares y nos subimos a un tren que nos llevará hasta Pennsylvania Station. Allí está nuestro apartamento pero ésta es otra historia.

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