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Los Nubios

Viven al sur de Egipto y se extienden por el valle del Nilo hasta el norte de Sudán. Varios de sus asentamientos han quedado sumergidos bajo las aguas del lago Nasser, tras la construcción de la gran presa de Aswan.  Sus orígenes se remontan al año 3.000 a.C. y, a día de hoy, tratan de mantener vivas sus tradiciones más ancestrales. Son los nubios.
Nubio navegando en falúa por el Nilo / Foto: Ana B. González Carballal

Nubio navegando en falúa por el Nilo / Foto: Ana B. González Carballal

 

Antes de mi viaje a Egipto no tenía ni idea de la existencia de este pueblo. Eso sí, ya me habían recomendado que hiciese la excursión a uno de estos pueblos, así que cuando me la ofrecieron no lo dudé ni un momento. Había que ir a visitar un pueblo nubio. La experiencia, mereció la pena.

La excursión te la ofrecen durante el crucero, a la altura de Aswan y comienza con un paseo en falúa por el Nilo. Para mí, este fue uno de los momentos más placenteros del viaje, sentías paz en aquella pequeña embarcación… Además, no tenías la sensación de estar viendo el paisaje sin más, tenías la sensación de estar dentro de ese paisaje. Desde el barco del crucero se disfruta muchísimo de las vistas, pero parece que todo aquello que vas viendo queda lejos. En el paseo en falúa esta sensación cambia, ya no estás viendo un escaparate, ahora formas parte de él. El agua del río, el viento, las orillas del Nilo… todo está más cerca.

Falúa navegando por el Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Falúa navegando por el Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Aquí en la falúa tuvimos el primer contacto con un nubio. Un viejito muy simpático encargado de dirigir la embarcación. Él mismo se presentó (en inglés) diciendo que era nubio y contándonos algunas anécdotas de su pueblo, también nos cantó una canción típica nubia, imaginad… allí dando palmas en medio del Nilo cantando con el viejito, un momento para no olvidar nunca.

Tras el paseo en falúa nos trasladaron a un pequeño barco de motor, era el momento de llegar al pueblo nubio. Llegamos a una zona de desierto que se extendía hasta la orilla del Nilo. Allí nos esperaban un montón de camellos que nos llevarían hasta el pueblo. El paseo en camello fue toda una experiencia. Para mí, era la primera vez, y fue muy divertido. Impresiona al principio, cuando el camello se incorpora para empezar a caminar. Luego, ya sólo queda disfrutar hasta llegar al pueblo.

Camellos en el pueblo nubio / Foto: Dácil Jiménez

Camellos en el pueblo nubio / Foto: Dácil Jiménez

Era media tarde y todo tenía un encanto especial. Te bajabas del camello y comenzabas a caminar. Las calles eran de arena, las casas únicas, llenas de color. Parecía un pueblo de cuento. Daban ganas de perderse por allí pero las excursiones organizadas tienen sus ventajas y sus inconvenientes, no suele haber tiempo para “perderse”… Nos llevaron directos a visitar una de las casas del pueblo, en ella vivían dos viudas que eran madre e hija.

Casa típica de un pueblo nubio / Foto: Ana B. González Carballal

Casa típica de un pueblo nubio / Foto: Ana B. González Carballal

Entramos y el suelo seguía siendo de arena, las paredes de adobe , decoradas con muchos objetos tradicionales y con dibujos de muchos colores. Dentro se estaba fresquito, utilizan un peculiar sistema de aire acondicionado, nos ofrecieron té y varios dulces típicos.

Nubia en el interior de su casa / Foto: Ana B. González Carballal

Nubia en el interior de su casa / Foto: Ana B. González Carballal

A pocos metros, en una especie de jaula, nos invitaron a ver a sus animales de compañía, los cocodrilos. Según la tradición, les trae suerte la crianza de estos animales. Todos tienen al menos uno en su casa. Para terminar, nos dieron a elegir varios dibujos para hacernos un tatuaje de henna.
Cocodrilos en el interior de una casa nubia / Foto: Ana B. González Carballal

Cocodrilos en el interior de una casa nubia / Foto: Ana B. González Carballal

Se acabó la visita, abandonamos la casa de las viudas, una de ellas salió a la puerta de entrada para decirnos adiós. No se fue hasta que no dejamos de vernos. El guía nos comentó que es una tradición de los nubios, son un pueblo muy hospitalario y siempre salen a la puerta a despedir a sus invitados. 

Puesto de especias en un pueblo nubio / Foto: Dácil Jiménez

Puesto de especias en un pueblo nubio / Foto: Dácil Jiménez

Estaba casi anocheciendo… caminamos por las callejuelas del pueblo, había pequeños puestecillos en los que se vendían, entre otras cosas, todo tipo de especias y un montón de objetos de artesanía típica. Ya no quedaban turistas por allí, reinaba el silencio… pero, de nuevo, no había tiempo para “perderse”, la barca nos esperaba para volver al crucero.

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¡Sólo mirar, no agobiar!

Me temo que esta frase, que todo el que vaya a Egipto algún día se hartará de escuchar, no es en absoluto cierta. No te creas que vas a poder “sólo mirar” en los puestos que te encuentres tanto en El Cairo como en cualquier otro punto del país. Ellos te animarán a acercarte con estas palabras mágicas y tú, al principio, pensarás que va en serio pero… nada más lejos de la realidad. No tardarán ni dos segundos en comenzar con el juego del regateo.

Mercado Khan el Khalili, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Mercado Khan el Khalili, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

De hecho, si pretendes volver de Egipto con algún recuerdo tangible en tus manos lo mejor es que te quede clara esta máxima: regateo, luego existo. Si Descartes se pasase por el Egipto actual, como turista, claro, sin duda, vincularía la existencia con esta curiosa técnica de marketing callejero. Allí, si no regateas no te quedará más remedio que pagar una cantidad desorbitada o irte con las manos vacías del país. Si no lo haces no existes, no eres, no estás. De hecho, da igual que seas vergonzoso o que no disfrutes con esta práctica, debes dejarte llevar, de nada vale intentar evitarlo porque el acoso es constante.

Una vez asumes esta situación tienes dos opciones, una, tomártela con buen humor, dos, tomartela con mal humor. Optes por una o por otra, el proceso puede llegar a ser agobiante. Tener que lidiar con tanto vendedor ansioso por desprenderse de sus bienes es una tarea que requiere de mucha paciencia, empeño y dotes de negociación. Yo recomiendo optar por la primera opción. El buen humor siempre ayuda.

Lámparas en un puesto de Khan el Khalili, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Lámparas en un puesto de Khan el Khalili, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Uno de los lugares donde podrás poner en práctica esta técnica, quieras o no, es el famoso bazar Khan el Khalili, en El Cairo. Aquí podrás encontrar prácticamente de todo. Desde los típicos souvenirs,  hasta una colección interminable de coloridas especias, shishas de todos los tamaños, instrumentos musicales, artesanía, lámparas…

Curioso cartel en una tienda del barrio Copto, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Curioso cartel en una tienda del barrio Copto, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Yo sólo hago una recomendación, si estás realmente interesado en lo que ves o te ofrecen párate y comienza el regateo, si no, haz que tu NO sea lo más claro posible. No temas ser un maleducado, ¡te vas a hartar de repetir esta palabra, y más vale que la digas con firmeza y seguridad!

Otro curioso cartel en el barrrio Copto, El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Otro curioso cartel en el barrrio Copto, El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Sólo para comprarte agua hay un precio estipulado y te puedes librar del regateo. Además, en estos sitios de venta de refrescos y tentempiés puedes encontrarte con carteles muy graciosos dirigidos precisamente a los españoles.

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