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Greenmarkets en Nueva York

La calles de Nueva York guardan un gran secreto. Entre tanto rascacielos, tanto tráfico y tanto ir y venir de gente que camina a toda prisa se descubren unos pequeños puestos llenos de color en los que parece que el tiempo se para. Uno se pregunta si sigue allí, en Manhattan, o ha sido teletransportado a otro lugar…

Green Market en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Greenmarket en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

De repente, el gris de los edificios cede su protagonismo a los verdes, rojos, naranjas y amarillos. Formas perfectas y cálidas sobresalen en un entorno colmado de cemento. Son los Greenmarkets o Farmer’s Markets. Aquí los neoyorquinos hacen un paréntesis, le ponen el freno a su ajetreada vida y apuestan por una comida más ecológica y orgánica. Atrás queda la comida rápida, parece que, ahora, lo que se lleva en la ciudad es lo sano, lo verde…

Neoyorquinos de compras en un Greenmarket de Mahattan / Foto: Ana B. González Carballal

Neoyorquinos de compras en un Greenmarket de Manhattan / Foto: Ana B. González Carballal

Los productos de la huerta invaden calles y avenidas. Los granjeros de los alrededores llevan sus frutas y hortalizas directamente al consumidor final. Se rompe la cadena. De la granja al cliente sin pasar por el supermercado. Y parece que funciona. Hay mercados de este tipo por un montón de calles de Manhattan, 46 en todo Nueva York.

Puesto de frambuesas y otras frutas en un Greenmarket en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Puesto de frambuesas y otras frutas en un Greenmarket en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Lo ecológico se impone y, lo bueno, es que lo hace a un precio razonable. Aquí se puede hasta regatear, bueno casi. No se regatea pero los precios son variables, cambian en función de la oferta y la demanda. Parece que esta opción se impone cada vez más a la de los grandes supermercados. Los puestos están a pie de calle, son muy accesibles y, la verdad, todos los productos tienen una pinta exquisita. Es difícil no pararse ante uno de ellos.

Aquí no compran sólo los neoyorquinos de a pie, estos pequeños puestos también atraen a importantes chefs de la ciudad. Por lo visto, son ya muchos de estos grandes profesionales de la cocina los que optan por surtirse en este tipo de mercados. Aquí podéis ver a uno de estos famosos chef de compras por uno de estos mercados, el de Union Square.

Ya sabéis, en vuestra visita a Nueva York no puede faltar un paseo por uno de estos mercados “verdes”. Aquí van unas webs en las que podéis encontrar más información:

http://www.cenyc.org/greenmarket

http://www.nyfarmersmarket.com/

http://www.ny.com/dining/green.html

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Bienvenidos a Continental Airlines

Se puede ir en barco pero la mayoría opta por el avión. Se puede ir en vuelo directo o con escalas. Yo lo tenía bastante claro, si se puede volar sin paradas, mejor. Buscamos vuelos y, la verdad, no había mucha diferencia de precio entre volar directamente o haciendo escalas. Nos decidimos por Continental Airlines, una compañía de la que no teníamos muchas referencias pero que unía, en algo más de 8 horas, Madrid y Nueva York.

Un boing 757-200 de la compañía Continental Airlines / Foto: http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Continental.b757-200.n19117.bristol.arp.jpg

Un boing 757-200 de la compañía Continental Airlines / Foto: http://es.wikipedia.org/wiki/Boeing_757

Volábamos al aeropuerto de Newark, en Nueva Jersey.  Sacamos la tarjeta de embarque por internet, se puede siempre y cuando sea 24 horas antes de la salida. Salimos de la Terminal 1 del aeropuerto de Barajas. Facturamos maletas, nos vamos a la puerta de embarque y, más o menos a la hora prevista, embarcamos.

El avión decepciona un poco, es muy pequeño para cruzar el Atlántico. Son tres asientos, pasillo central y otros tres asientos. Lo único bueno es que cada plaza tiene una pantalla personal en la que puedes ver películas, series, documentales… también hay videojuegos, un mapa para ver el trayecto del avión… Estos entretenimientos ayudan a que el viaje se haga más llevadero pero, atención, no todas las pelis están dobladas y, además, las que sí lo están tienen un doblaje español latino que, en muchos casos, no te permite meterte de lleno en la historia. Es bastante difícil ver, por ejemplo, Star Trek, Harry Potter o Friends con un acento que suena más a telenovela que a cualquier otra cosa.

Interior del Boing 757-200 de Continental Airlines de Madrid a Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Interior del Boing 757-200 de Continental Airlines de Madrid a Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Bueno, tomamos asiento y nos preparamos para despegar pero… ¡ooohhh! primer problemilla… resulta que las llantas de las ruedas del tren de aterrizaje necesitan ser revisadas… nos informan de una media hora de retraso. A la media hora,

Comida servida en el avión de Continental Airlines de Madrid a Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Comida servida en el avión de Continental Airlines de Madrid a Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

nos comunican que hay que cambiar las llantas… otra hora de retraso… lo peor, esperar dentro del avión.

Pasadas casi dos horas, por fin, despegamos. Al poco tiempo, nos dan la comida. No está nada mal. Lasaña o pollo, yo elegí lasaña y estaba muy rica. Una ensalada y un dulce completan el menú. Después a entretenerse o a intentar dormir. El vuelo fue tranquilo hasta mitad de camino. Las últimas cuatro horas con bastantes rachas de turbulencias, leves eso sí. Unos cuantos ejercicios de relajación y a intentar llevar la mente a otro sitio.

Asientos del Boing 757-200 de Continental Airlines de Madrid a Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Asientos del Boing 757-200 de Continental Airlines de Madrid a Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La tripulación ofrece bebida cada poco, ya llegando al destino nos sirven una merienda. Unas patatas y una chocolatina. El vuelo se hace bastante largo… a las casi 9 horas de vuelo hay que sumarles las dos que nos tuvieron encerrados en el avión por culpa de la llanta y eso se nota. Por fín, descendemos. Poco a poco, el cansancio se va transformando en emoción… aterrizamos. ¡Estamos en Estados Unidos!

El tren aéreo que conecta las terminales del aeropuero de Newark en Nueva Jerey / Foto: ktransit.com

El tren aéreo que conecta las terminales del aeropuero de Newark en Nueva Jersey / Foto: ktransit.com

O eso creíamos. Por ahora, estamos en tierra de nadie. En el aeropuerto de Newark. Ahora toca hacer colas en varios puestos de control. En el primero de ellos, te sacan una foto y te toman las huellas de los dos pulgares y del resto de los dedos de las dos manos. Un vistazo al pasaporte y, si todo va bien, accedes al siguiente control. Sólo a uno de nosotros lo pararon y se lo llevaron a una oficina. Había alguna coincidencia extraña con su nombre y apellidos y querían aclararlo. Lo trataron perfectamente, ¡o eso nos dijo! 😉  Después de esto, hay más controles, el más llamativo el agroalimentario. No puedes meter comida en Estados Unidos. ¡Qué penita da ver tantos chorizos y embutidos tirados en la basura!

Por fin, salimos del aeropuerto. Nos dirigimos al centro de Manhattan, a Penn Station. Primero cogemos un tren aéreo el AirTrain Newark, sin conductor, como los de la T4 de Barajas. Éste es gratuito y nos lleva hasta New Jersey Station. Aquí, pagamos 15 dólares y nos subimos a un tren que nos llevará hasta Pennsylvania Station. Allí está nuestro apartamento pero ésta es otra historia.

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Sabores egipcios

Antes de viajar a Egipto ya me lo habían advertido, ¡cuidado con el agua!, ¡bebe sólo agua embotellada!, ¡no comas ensaladas ni fruta que no peles tú misma! En fin… que me fuí a Egipto muy consciente de que el famoso “virus del Nilo” podría amargarme las vacaciones. Para evitarlo, llevé a cabo operaciones un poco obsesivas como lavarme los dientes con agua embotellada. En principio, me parecía un poco exagerado pero no quería que mis días allí se truncarán por el dichoso virús.

Entrantes típicos de una comida Egipcia / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). Entrantes típicos de una comida egipcia / Foto: Ana B. González Carballal

Bueno, pues os diré que tuve todo el cuidado del mundo pero a los cuatro días de mi llegada los problemas gástricos hicieron acto de presencia. Eso sí, salvo algún mareillo que otro y la constante búsqueda de “toilets”  allá donde íbamos, el virús me dejó disfrutar del viaje.

Una pena tener que abandonar los últimos días las sabrosas comidas típicas que nos pusieron en el crucero. El arroz, los plátanos y el pollo a la plancha fueron mi única dieta los días finales del viaje. No pretendo hacer de este post algo escatológico simplemente quiero deciros que no vale de mucho tener tantos cuidados, si te toca, te toca y no lo podrás evitar. En mi grupo éramos siete personas y todos comían de todo, la única afectada fuí yo. Mala suerte. Eso sí, la última noche en El Cairo no me quise ir sin darme un homenaje, las consecuencias las pagué la semana siguiente en Madrid, pero ¡mereció la pena! ¡La comida egipcia está buenísima!

Restaurante Felfela (El Cairo). KOSHARI Capas superpuestas de macarrones, arroz y garbanzos con salsa de tomate / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). KOSHARI Capas superpuestas de macarrones, arroz y garbanzos con salsa de tomate / Foto: Ana B. González Carballal

Nuestro guía durante el viaje, Ahmed, nos recomendó un restaurante de comida típica egipcia en El Cairo. Quiero hablar de él aquí porque si tenéis la oportunidad de ir es muy recomendable. Se llama Felfela y está en pleno downtown, muy cerca del Museo Egipcio.

Restaurante Felfela (El Cairo). KIBBEH Albóndigas de carne de cordero frita y sémola de trigo / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). Albóndigas con salsa de tomate / Foto: Ana B. González Carballal

La decoración es muy bonita, todo en madera, con cascadas, objetos típicos de allí y una iluminación que lo hace muy acogedor. El servicio, genial, muy amables. Y, lo más importante, la comida, riquísima y a un precio más que asequible. Nosotros éramos cinco personas, pagamos  nueve euros por cabeza y simplemente os diré que sobró comida, y no porque no estuviera buena, ¡es que ya no podíamos más!

Restaurante Felfela (El Cairo). SHISH KEBAB Brocheta de carne de cordero y KUFLA Rollos de carne picada de cordero a la brasa / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). SHISH KEBAB Brocheta de carne de cordero / Foto: Ana B. González Carballal

Le pedimos consejo a uno de los camareros y él nos trajo varios platos típicos: entrantes, carnes, panes deliciosos…  todo estaba muy bueno. La pena es que se me olvidó tomar nota del nombre de cada plato y no recuerdo muy bien el de todos ellos así que, desde aquí, os animo a que me refresquéis la memoria y si alguien sabe como se llaman que me lo diga. ¡Voy a colgar unas fotos para que se os haga la boca agua! 😉

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