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Coney Island: playa, peces, atracciones y perritos calientes

Nueva York puede ser algo más que visitar Manhattan. En Brooklyn, en la costa sur, está un lugar que parece sacado de una peli antigua, de un cuento de terror, de la sección de sucesos de un periódico cualquiera. Este lugar es Coney Island.

Vista de la playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de la playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La verdad es que cuando uno llega allí la sensación es muy extraña.  Depués de pasar unos 45 minutos en metro, pasas de estar en el medio de decenas de rascacielos a estar en un lugar con tintes un poco tétricos. Aquello parece un decorado en desuso, visitado, hoy día, por personajes que no le pertencen.

La playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Sales del metro y comienzas a caminar, al fondo, un gran paseo marítimo y una playa. ¡Sí, una playa! No pensé que en mi viaje a Nueva York fuera a ir a la playa, esto suena más a la otra costa, la Oeste, pero parece ser que sí, que los neoyorquinos van a la playa. Al menos, algunos. Hay gente en la arena y en

El famoso parque de atracciones Astroland en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El famoso parque de atracciones Astroland en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 el agua, un poco turbia, todo hay que decirlo. Estamos en septiembre, hace calor. Por el paseo no somos los únicos, aunque turistas se ven pocos. Hay gente paseando, corriendo, sacando al perro, comiéndose un helado… ¡Qué raro es todo! Será porque uno no espera, en su visita a Nueva York, encontrarse con este tipo de paisaje.

Establecimiento de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Establecimiento de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

A un lado del paseo está la playa, con el horizonte al fondo. Al otro, puestos de todo tipo comparten silueta con uno de los parques de atracciones más famosos y antiguos de Estados Unidos, Astroland. Destacan, sobre otras, dos de sus atracciones más conocidas, la Wonder Wheel y el Cyclone, una noria y una montaña rusa con solera.  Llevan aquí desde los años 20 y aun mantienen ese olor a viejo, a retro, a kitsch, a rancio. Los que se atrevan pueden subirse en cualquiera de estas atracciones porque lo mejor de todo es que siguen en funcionamiento.

El famoso perrito caliente de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El famoso perrito caliente de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El olor de los hierros, que dan forma al parque de atracciones, compite con el olor a fritanga de un sinfín de puestos de comida rápida, que se extienden por todo el paseo. Los reyes aquí son los perritos calientes de Nathan’s, un local que lleva vendiendo “hot dogs” desde 1916. Es  por este motivo que no deberíais iros sin probarlos, se dice que aquí es donde se vendió el primer perrito caliente, son míticos! Yo os cuelgo una foto para que os hagáis a la idea de si os gustarían o no.

Es en este establecimiento donde se celebra cada año el Concurso Internacional de Comer Perritos Calientes. Como no, el día elegido es el 4 de julio, os cuelgo un vídeo en el que podéis ver algunas imágenes del certamen de este mismo año. El record, ¡68 perritos calientes ingeridos en 10 minutos! ¡Qué  barbaridad!

Y, antes de terminar, comentaros que aquí en Coney Island se encuentra el Acuario de Nueva York, si tenéis tiempo podéis entrar pero, sin duda, lo que más merece la pena es ¡disfrutar del paseo y del famoso perrito grasiento!

Más info:

http://www.coneyisland.com/ Web sobre Coney Island

http://www.astroland.com/ Web del parque de atracciones Astroland

http://www.nathansfamous.com/PageFetch/ Web de Nathan’s

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Restaurante Bom Jesus

En mi breve visita a Valença do Minho hice una parada para reponer fuerzas y comer algo. El lugar elegido fue un restaurante llamado Bom Jesus. Está en el centro de Fortaleza, en la zona fortificada de Valença, al lado de una pequeña plaza y una iglesia.

Restaurante Bom Jesus, en Valença do Minho (Portugal) / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Bom Jesus, en Valença do Minho (Portugal) / Foto: Ana B. González Carballal

La verdad es que no tenía mucha idea de qué era lo típico allí. Una vez dentro, me quedó claro que el “bacalhau” es una de sus especialidades. Obviamente había que probarlo. Éramos cinco personas, dos pideron carne y los otros tres pedimos varios platos para compartir. La elección fue la siguiente: Bacalhau a Bom Jesus, especialidad de la casa, Arroz de marisco y Polvo Na Telha (Pulpo a la teja).

Bacalhau a Bom Jesus en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

Bacalhau a Bom Jesus en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

El bacalao estaba muy rico, la verdad, no es que sea uno de mis platos favoritos pero mereció la pena probarlo. El arroz de marisco tampoco estaba nada mal, caldoso en su justa medida y con un montón de almejas  y gambas. Lo peor, el pulpo. Será que acostumbrados al pulpo a la gallega no supimos apreciar esta otra modalidad de preparación pero… no estaba nada bueno, de hecho no fuimos capaces de terminarlo… una pena.

Arros de marisco en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

Arros de marisco en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

En cuanto a precios, ahí va, el bacalao era a 16 euros para una persona, 23 para dos. El arroz a 15 euros para uno, 27 para dos. El pulpo 14 euros. Deciros que el arroz para una persona da para dos de sobra, al menos, si no se come sólo este plato.

Algo significativo de este lugar es que antes de

Polvo Na Telha (Pulpo a la teja) en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

Polvo Na Telha (Pulpo a la teja) en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

 servirte la comida que has pedido te ofrecen unos entrantes. No son gratis, te cobran en función de los que te comas. Son los Pasteis de Bacalhau, a 0,55 euros cada uno, y la Chamussa, a 0,95 euros

Pasteis de Bacalhau y Chamussa, entrantes del restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

Pasteis de Bacalhau y Chamussa, entrantes del restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

 cada una. Los acompañan de unos patés o salsas. Son una especie de croquetas de bacalao y una especie de empanadilla con sabor a curry, al menos a mí me sabía a eso. Muy bueno todo la verdad. Merece la pena probarlo, eso sí, sería todo un detalle que fuera cortesía de la casa y no te lo cobraran.

En cuanto al postre, tenían un montón de tartas caseras con muy buena pinta. Nosotros estábamos demasiado llenos pero nos animamos a probar una tarta de queso muy rica con unos helados. En cuanto al servicio tengo que decir que los camareros fureon muy amables y serviciales. En definitiva, un lugar recomendable para probar algo de comida típica portuguesa al alcance de todos los bolsillos.

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Cáceres: tapeando en el Mesón San Juan

Turismo gastronómico… eso hicimos en nuestra visita a Cáceres. Y, por suerte, escogimos bien. Esta vez íbamos sin recomendación alguna, nos guiamos por la intuición. Por el casco antiguo había unos cuantos restaurantes con muy buena pinta pero se salían de presupuesto. Tenían mucho encanto, sí, pero… los precios de la carta asustaban un poco.

Cártel del Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Cártel del Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Nos salimos un poco del casco viejo y, justo en los alrededores, en la plaza de San Juan vimos un mesón que no tenía mala pinta. Echamos un vistazo y decidimos entrar. Era el Restaurante-Mesón San Juan. Bienvenidos al mesón anticrisis. Apto para todos los bolsillos. 😉

Aquí han decidido hacerle frente a la dichosa crisis y se han puesto manos a la obra con el marketing y la publicidad. El restaurante combina una decoración de lo más artesanal con numerosos carteles llenos de eslóganes que invitan al cliente a pensar que ha elegido bien, que está en un lugar con precios razonables y una calidad más que aceptable.

Plato de embutidos variados en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Plato de embutidos variados en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Y, como no, los camareros se apuntan al carro de la amabilidad y de “el cliente tiene siempre la razón”. Ellos son la cara del mesón y saben que cualquier jugada a su favor les da puntos. Desde los carteles que pueblan las paredes del restaurante nos invitan a probar suculentos platos combinados con vinos de la tierra. Esto se agradece. Cuando uno va un poco perdido puede servirle de guía para saber qué pedir.

Ración de Torta del Casar en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Ración de Torta del Casar en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Nosotros lo tenemos bastante claro. Por supuesto, para empezar, arrancamos con una tabla de embutidos variados. Estamos en Extremadura… ¡uno no se puede ir de aquí sin probar el jamón, el chorizo, el salchichón, el lomo y el queso! Y hablando de quesos, también nos animamos a probar un queso muy típico aquí: la “Torta del Casar”. Es un queso cremoso con un sabor bastante fuerte, está muy rico y se suele tomar untado en pan. Después de estos entrantes llega algo más contundente y más típico si cabe. Las migas. A mí no me gustan especialmente pero, la verdad, el plato tenía muy buena pinta.

Plato de migas extremeñas en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Plato de migas extremeñas en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Para terminar optamos por un poco de carne, secretos de cerdo ibérico con patatitas. Delicioso. Con el estómago lleno vemos pasar al camarero con un plato de carne que tiene una pinta increible. Le preguntamos qué es, carne de retinto, nos dice. Nos quedamos con el nombre por si algún día tenemos la oportunidad de volver. Ahora, ya sólo queda hueco para el postre. De hecho, no queda mucho hueco, compartimos una tarta de queso casera que estaba… ¡buenísima!

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