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Ángel, un activista queer

Hace pocas semanas me enfrentaba a un viaje de unas 7 horas en tren. Había preparado de todo para entretenerme… un par de libros, varias revistas, música, el móvil recien cargado para poder llamar y recibir llamadas sin problemas. Llevaba hasta un bocadillo por si, a lo largo de la tarde, me empezaban a sonar las tripas.

Viajaba de Madrid a Santiago de Compostela, era la primera vez que hacía este trayecto en tren, en un talgo concretamente. Salí de Madrid a las 14.20 horas, la hora prevista de llegada a mi destino era las 21:20 horas. Iba mentalizada pero, a pesar de toda la preparación previa,  no dejaba de darle vueltas a las 7 horas que iba a pasar encerrada en el tren. Mientras me acercaba a la estación pensaba… bueno estaré atenta al paisaje y así, si es bonito, lo cuento en el blog 😉

Vistas desde talgo Madrid-Santiago de Composela / Foto: Ana B. González Carballal

Vistas desde talgo Madrid-Santiago de Composela / Foto: Ana B. González Carballal

Cogí mi billete del bolso y busque el vagón que me correspondía. Mi asiento estaba ocupado por una mamá que llevaba en brazos a su bebé de 2 meses, iba acompañada de su marido ( o pareja sentimental… no sé si estaban casados la verdad) y por sus otros dos hijos, un niño y una niña de unos 4 ó 5 años. Les habían dado los asientos separados y me preguntó si no me importaba dejarle mi asiento. No hubo problema, me acomodé en una de las butacas situadas detrás de esta familia. A mi lado, un hombre ya mayor (se le daba un aire a Antonio Gala), leía una novela manteniéndose alejado del barullo que se monta con la entrada de los viajeros al tren. Al otro lado del pasillo, un chaval jovencito cruzó su mirada con la mía con complicidad mientras yo trataba de tomar asiento y colocaba mis maletas. Los niños de los asientos delanteros no paraban de hablar y hablar…

Noté que aquella mirada de Ángel decía algo así como “¡¡¡Oh Dios, nos han tocado niños!!!!” Conozco mucha gente que no soporta hacer un viaje rodeado de pequeñajos. A mi, sinceramente, no me importa mucho. Me gustan los niños pero reconozco que, lo que sí que es cierto, es que al cabo de unas horas, cualquiera, hastas sus padres, está deseando ¡qué se callen y duerman un poco!

Vista de Puebla de Sanabría desde el tren / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de Puebla de Sanabría desde el tren / Foto: Ana B. González Carballal

El tren arrancó… íbamos marcha atrás, “qué raro”, pensé. Me extrañaba que fuéramos a hacer todo el viaje con los asientos en sentido contrario… Dejamos atrás Madrid, yo iba dándole vueltas a la cabeza… ” ¿qué hago, leo, escucho música, pondrán alguna peli?” No habían pasado ni 20 minutos y el chico del otro lado del pasillo y yo comenzamos a hablar. No recuerdo bien quién arrancó la conversación… el caso es que, desde ese momento, no me hicieron falta ni libros, ni música, ni películas… Acababa de conocer a Ángel, un gallego afincado en Alicante con muchas ganas de hablar y mucho que decir. Yo encantada de escucharle. Fueron 7 horas, algo menos porque él se bajó en Orense, de lo más entretenidas. Gracias a Ángel el viaje fue de lo más ameno. Ni siquiera ahora puedo asimilar que haya estado 7 horas en ese tren porque se me pasaron  volando.

Vista del paisaje desde el talgo Madrid-Santiago de Compostela / Foto: Ana B. González Carballal

Vista del paisaje desde el talgo Madrid-Santiago de Compostela / Foto: Ana B. González Carballal

Ángel y yo comenzamos a hablar y a hablar y a hablar y los temas de conversación no se acababan. El viaje físico que implicaba el traslado Madrid-Santiago comenzaba a completarse con un viaje al interior de la persona que se sentaba a mi lado. Un sociólogo, recien licenciado, que se define a sí mismo como “activista queer”. Un chico de 21 años al que le encanta observar lo que ve a su alrededor, algo que comparte conmigo, para luego analizarlo y reflexionar sobre ello. Un tipo que, a su edad,  muestra un compromiso con su vocación difícil de encontrar en chavales de poco más de 20 años. Un hombre interesado en palabras como identidad, sexualidad, género, mujer, hombre… palabras llenas de contenido y polémica en los días que corren.

Ángel en la cafetería del tren que va de Madrid a Santiago de Compostela / Foto: Ana B. González Carballal

Ángel en la cafetería del tren que va de Madrid a Santiago de Compostela / Foto: Ana B. González Carballal

Nos trasladamos a la cafetería del tren y, como os podréis imaginar, el viaje “físico” pasó a un segundo plano. Las horas pasaban y nosotros allí seguíamos charla que te charla, observa que te observa, mira que te mira. La gente iba y venía. Ya no estábamos en un tren, estábamos tomando algo en cualquier cafetería con vistas. Fueron muchas horas y muchas conversaciones. Muchas risas y muchos despropósitos… que no viene a cuento contarlos aquí y ahora.

Lo que sí viene a cuento es decir que Ángel cuenta con varias webs en la red y él mismo me ha pedido que os invite a visitarlas. Probablemente yo no vuelva a verle nunca, ni él a mí. Pero eso sí,  trataré de seguir sus pensamientos e inquietudes vía internet.

Ya lo tenía pensado de antes y, después de este viaje, estoy decidida. Este blog, “descubriendoelmundo” quiere dar un paso más y descubrir a la gente anónima que puebla este mundo y que tiene algo que decir o mostrar. Con Ángel os vinculo a su propia web porque creo que nadie mejor que él mismo puede describirle. Con otra gente trataré de recoger aquellos aspectos de su vida que les hagan interesantes, especiales.

Podéis visitar la web de Ángel y aventuraros a descubrir qué es eso de “activista queer”, preguntádle a él en su blog, ¡estoy segura de que estará encantado de responderos! A mí sólo me queda darle las gracias por hacer que un viaje de 7 horas en tren se me pasara ¡volando!

www.diasporaqueer.tk  Blog de Ángel

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Café con gato, en Tokio

Hoy abandono puntualmente los post sobre el viaje a Egipto, pero habrá más, aún quedan muchas impresiones que contar. Lo que ocurre, es que una, en paro, y, desde casa, también tiene la oportunidad de viajar…

No hace mucho, unos amigos fueron a Japón y en la sesión de fotos posterior al viaje (creo que soy de las pocas personas que disfrutan de este tipo de encuentros) pude descubrir un lugar al que, sin duda, me encantaría ir. Me da la impresión de que aquello no debe dejar indiferente a nadie. Naturaleza extremadamente cuidada, templos para alcanzar la paz interior, tribus urbanas de todo tipo, barrios llenos de encanto, rascacielos, calles inmensas llenas de luces y colores, un idioma completamente ajeno, en fin… un lugar donde modernidad y tradición protagonizan la misma película. Me contaron un montón de anécdotas de este país pero, se les escapó una. Una que he descubierto hace unos días y que me ha llamado muchísimo la atención.

Cateriam Cat Cafe, Tokio

Cateriam Cat Cafe, Tokio

¡En Tokio hay cafeterías de gatos! Que no para gatos, me explico… Te apetece irte a tomar un café y, en estos lugares, lo que te ofrecen es la posibilidad de que mientras te tomas algo puedas jugar con estas mascotas. Es un intercambio de cariño y compañía entre cliente y gato. Los mininos tienen entre 1 y 3 años de edad y “trabajan” de esta manera en la cafetería, el cliente no puede llevarse su propia mascota. Por 500 yenes, unos 3 euros, puedes pasarte media hora rodeado de lindos gatitos que jugarán contigo y se dejarán querer, el tiempo en la estancia se puede renovar cada 10 minutos a cambio de 150 yenes, no llega a 1 euro. En estas cafeterías te puedes tomar casi cualquier tipo de bebida, lo que no sirven es comida. Antes de sentarte y relacionarte con los gatos has de cumplir con un ritual. Ir al baño a lavarte las manos con un jabón especial y luego con alcohol. Razones de higiene.

Uno de los gatitos de un Cat Cafe

Uno de los gatitos de un Cat Cafe

Por lo visto, la idea de estas cafeterías la importó un japonés que estaba de visita en Taiwan, vió un local de este tipo en  Taipei, la capital, y decidió abrir el suyo propio en Osaka, hace ya más de 4 años. Desde entonces, la cosa ha ido creciendo sin parar. En Tokio, a día de hoy, ya hay unas 20 cafeterías de gatos.

¿Triunfaría este negocio en Madrid? Yo os puedo decir que no soy amante de los gatos, pero si abriesen un local de estos en mi ciudad tengo muy claro que iría, al menos una vez. ¿Y vosotros?

Por si alguien no se lo cree dejo aquí unos links a varias de estas cafeterías en Tokio, también un vídeo que he encontrado de una turista que visita una de ellas.

http://hinome.dip.jp/~cateriam/

http://www.nekojalala.com/

http://www.cat-prince.com/

http://www.nekorobi.jp/

http://www.vimeo.com/1141782?pg=embed&sec=1141782

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