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En velero por Nueva York

Ya he hablado en más de una ocasión del New York Pass. Es una especie de tarjeta turística que te permite entrar a un montón de atracciones sin tener que hacer cola y sin tener que pagar la entrada. No es que puedas entrar gratis a los sitios… es una especie de tarifa plana turística que va por días. Pagas una determinada cantidad en función de los días que vayas a estar en la ciudad y, durante ese tiempo, puedes acceder a una serie de lugares señalados en un librito que te dan en cuanto recoges la tarjeta.

Clipper City-Tall Ship Cruise

Izando las velas del barco velero del Clipper City-Tall Ship Cruise, en Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La verdad es que nosotros cuando fuimos a Nueva York nos la sacamos y nos fue genial. Se puede comprar por internet y se recoge en el Planet Hollywood de Times Square. Allí te dan una especie de miniguía con las atracciones y lugares que puedes visitar, los horarios, precios, etc. Una semana con el New York Pass nos salió, a cada uno, por 155$, unos 100 euros. Y compensa porque la entrada a cualquiera de los edificios típicos, museos o la visita a la Estatua de la Libertad ya cuesta mínimo 20$. Además, la ventaja es que, en muchos de los lugares turísticos, ¡te puedes ahorrar el hacer cola!

Vista Nueva York

Vistas del skyline de Nueva York desde el velero del Clipper City-Tall Ship Cruise / Foto: Ana B. González Carballal

El New York Pass te permite visitar lo imprescindible de la ciudad sin preocuparte del dinero que llevas en cada momento. Pero, lo mejor, es que te puedes permitir visitas que, de otra manera, seguro no te permitirías. Por ejemplo, visitar la ciudad en bici o navegar en un barco velero al atardecer. De la primera, ya os he hablado en otro post… hoy, os animaré a que os subáis al Clipper City–Tall Ship Cruise. Su coste normal es de 39$, seguramente lo desecharíais porque es un poco caro. Pues bien, con el New York Pass os sale “gratis” y os aseguro que es muy recomendable, eso sí, hay que ir bien abrigado, en cuanto se pone el sol, ¡te congelas!

Vistas Nueva York

Vista de la Estatua de la Libertad desde el barco velero del Clipper City-Tall Ship Curise, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Se trata de un recorrido de más de una hora en un barco velero desde el que podréis disfrutar de unas vistas increibles. Lo ideal es hacerlo al atardecer, para ver la puesta de sol. El barco se coge en el famoso Pier 17, South Street Seaport, en Fulton Street. Esto queda por la zona sur de Manhattan, en el puerto

Vistas NY

Vistas desde el velero del Clipper City-Tall Ship Cruise, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 sur. Desde aquí se parte en un precioso barco de madera, ¡hay que ayudar a levantar las velas y todo! Una vez se pone en marcha, ya sólo queda disfrutar de las vistas. El recorrido permite ver el skyline de Manhattan, la Estatuda de la Libertad, el puente de Brooklyn… y todo mientras se escucha de fondo el sonido del mar… Es muy agradable, lo único malo, el frío… nosotros fuimos en septiembre y echamos de menos una chaquetilla, pero el paseo en barco merece muchísimo la pena.

Más información:

Sobre el New York Pass: http://www.newyorkpass.com/index.asp

Sobre el Clipper City-Tall Ship Cruises: http://www.newyorkpass.com/ny-clipper-city.asp

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En barco a la Estatua de la Libertad

Es otro de los lugares míticos de la ciudad de Nueva York. Se encuentra al sur de Manhattan, en Liberty Island, la isla de la Libertad. Durante años, fue la encargada de dar la bienvenida a aquellos que cruzaban el Atlántico y llegaban al continente americano. Es la Estatua de la Libertad.

Estatua de la Libertad, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Estatua de la Libertad, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Lleva situada en la desembocadura del río Hudson desde que, en 1886, los franceses se la regalasen a los estadounidenses con el fin de reafirmar la amistad entre las dos naciones y conmemorar el centenario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. En la actualidad está considerada Monumento Nacional y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Para llegar a ella hay que coger un transbordador en la zona de Battery Park, al sur de Manhattan. Hay que pasar unos cuantos controles, como en

Turistas en el transbordador con destino a Liberty Island, al fondo Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Turistas en el transbordador con destino a Liberty Island, al fondo Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 el aeropuerto, hacer unas cuantas colas (van rápido) y listo. Ya estás en el barco… ¡rodeado de turistas! Te afanas en coger asiento en la cubierta pero… no vale de nada. En cuanto el barco comienza a moverse todo el mundo se levanta para hacer fotos y ver el paisaje. A un lado, vas dejando atrás el skyline de la ciudad, al otro, te vas acercando cada más a la estatua. Fotos, fotos, fotos y más fotos…

Vista de Manhattan desde Liberty Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de Manhattan desde Liberty Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Llegas a Liberty Island y comienza el paseo alrededor de la famosa estatua. Existe la opción de entrar dentro pero no os puedo hablar de la experiencia porque nuestra entrada incluía sólo el acceso a la isla. En mi opinión, es más que suficiente. Lo que más me gustó de este lugar fue la vista que, desde allí, se

Museo del Centro de Atención a los Inmigrantes en Ellis Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Museo del Centro de Atención a los Inmigrantes en Ellis Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 tiene de Manhattan. Preciosa… La estatua pues… más que impresionar, conmueve. Estás ahí, al lado de un monumento que se ha convertido en un símbolo mundial. Hay replicas por todas partes y tú estás ahí, a su lado. La has visto en un montón de películas y tú estás ahí… a su lado. La Estatua de la Libertad enternece, sobre todo si uno se pone a pensar en toda la historia que ha pasado por delante de sus ojos.

Nuestro tour continuaba en barco hasta otra isla cercana, Ellis Island. Aquí se encuentra, en forma de museo, el que fue el mayor centro de inmigración del país. Por esta isla pasaron aproximadamente doce millones de personas entre 1892 y 1924. En el interior del edificio se pueden ver más de dos mil objetos que incluyen pasaportes, joyería, herramientas, artículos religiosos o vestimentas, entre otras cosas. Tras esta visita el transbordador te lleva ya de vuelta a Battery Park, al mismo punto de partida.

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Centro Comercial Esclusa de Esna

Durante el viaje en barco por el Nilo hay varios momentos de esos que nunca se olvidan. Uno de ellos es el paso por la esclusa de Esna. Nosotros partimos de Luxor pasado el mediodía y llegamos a la esclusa poco antes de que se pusiera el sol. Ese día nos había tocado madrugar un montón, a las 4:30 de la madrugada. Fuimos a ver el Valle de los Reyes, el templo de Luxor y el templo de Karnak. El madrugón era para evitar las horas en las que más pega el sol pero también porque el barco tenía que zarpar lo antes posible para pasar la esclusa. Sólo pasan dos barcos cada media hora.

Esclusa de Esna, Egipto / Foto: Dácil Jiménez

Esclusa de Esna, Egipto / Foto: Dácil Jiménez

Una esclusa es un compartimento, con puertas de entrada y salida, que se construye en un canal de navegación para que los barcos puedan pasar de un tramo a otro de diferente nivel. Para que esto sea posible se llena de agua o se vacía el espacio comprendido entre dichas puertas.

La esclusa de Esna es una de las más famosas. Por ella pasan un montón de barcos llenos de turistas. Éstos se colocan en fila, uno tras otro, a la espera de su turno para pasar. Mientras, los turistas disfrutan de la piscina, en cubierta, o de la siesta, en las habitaciones. Yo, como era mi primer día navegando, opté por irme directamente a la piscina justo después de comer. Quería aprovechar el tiempo en el barco, disfrutar de las vistas, tomar el sol… El caso es que no pasó mucho tiempo hasta que el calor, el cansancio y el sueño se apoderaron de mi cuerpo y no me quedó más remedio que trasladarme a la habitación y dejarme caer en la cama… un minuto y ya estaba en pleno momento siesta, dormida profundamente.

Vendedores acercándose a un crucero en la esclusa de Esna, Egipto / Foto: Ana B. González Carballal

Vendedores acercándose a un crucero en la esclusa de Esna, Egipto / Foto: Ana B. González Carballal

No sé cuanto tiempo pasó pero recuerdo perfectamente cómo fue el despertar de aquella primera siesta en el Royal Princess. Empecé a escuchar gritos, no sabía si estaba soñando o despierta… no entendía muy bien lo que oía… Daba vueltas en la cama intentando recuperar el sueño pero los gritos no cesaban… no me quedó más remedio que levantarme y mirar por la ventana para saber que ocurría…

“¡¡¡Amigo, amigo, amigo… compra, barato, ¿español? ¿italiano? compra amiga, barato!!!” Acabábamos de llegar al “Centro Comercial” de la esclusa de Esna 😉 Un montón de pequeñas barcas se acercaban a los cruceros que hacían cola para atravesar la esclusa. Los barqueros gritaban a los turistas que estaban asomados en la cubierta. Les lanzaban la ropa en bolsas de plástico para que éstos pudieran verla y comenzar así con el juego del regateo.

Vendedores en la esclusa de Esna, Egipto / Foto: Ana B. González Carballal

Vendedores en la esclusa de Esna, Egipto / Foto: Ana B. González Carballal

Yo estaba asombrada en la habitación, medio dormida y sin poder creerme lo que estaba viendo. ¿Cómo les pagan, cómo les dan el dinero? Se arriesgan a perder la mercancía si algún turista listillo se queda con la bolsa y no la vuelve a lanzar… Pero aquí, una vez más, hay que seguir la máxima del viaje por Egipto: confiar en el sistema. Está claro que el sistema confía en ti. Los barqueros acechaban a los cruceros y el ir y venir de bolsas cargadas de chilabas, pañuelos o camisetas era un no parar. El turista interesado regateaba y devolvía la bolsa con el dinero a los vendedores. Esta operación no era fácil del todo… más de una bolsa acaba en el agua del Nilo.

Todo un espectáculo que hace que el tiempo de espera para pasar la esclusa de Esna sea inolvidable ¡y no sólo por el paisaje!

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