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El MOMA

Sí, han pasado varios meses y aun sigo teniendo cosas que contar de mi viaje a Nueva York, la ciudad da para mucho. Hoy recuerdo mi fugaz visita al MOMA, el Museo de Arte Moderno. Íbamos en grupo y había que repartir el tiempo para ver todo lo posible… a este museo le tocaron poco más de 60 minutos, una pena, yo me habría quedado un poquito más pero había que hacerle hueco también al de Ciencias Naturales, entre otros. 

Hall de entrada del MOMA en Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Iba con ganas de ver uno de los cuadros más famosos de Van Gogh, La Noche Estrellada. Forma parte de la colección permanente de este museo desde 1941, pues bien… ¡las estrellas se pusieron de acuerdo para que yo no lo pudiera ver! No sé el motivo, si estaba prestado o qué… pero el vestíbulo principal ya estaba lleno de carteles que informaban de que el cuadro no estaba expuesto temporalmente. Una pena, me habría encantado ver el original. 

Gente fotografiando un cuadro del MOMA, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Bueno, comenzaba la cuenta atrás, nos habíamos dado unos 50 mintuos para recorrer el museo y nos veíamos en la puerta para seguir con nuestro periplo por Nueva York. Usamos el New York Pass para acceder al museo de forma gratuita y sin colas, ¡todo son ventajas con esta tarjeta! , era la hora de perderse por las salas del museo… 

Mujer ante el espejo, de Picasso, en el MOMA de Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Mi primera sorpresa fue encontrarme con Mujer ante el espejo, una de las obras que más me atraen de Picasso. No tenía ni idea de que estaba en el MOMA y me alegré un montón al poder ver el original de este cuadro ante mis ojos. No defrauda en absoluto, Picasso mantiene aquí rasgos cubistas pero con un toque más suavizado en el que predominan la armonía de líneas, el trazo curvilíneo y algo de erotismo… dicen que éste y otros de los cuadros de la época, años 30, reflejan el placer y la pasión del artista por su nuevo amor, Marie Thérese Walter, con la que tuyo a su hija Maya en 1935. A mí el cuadro me encanta, no sabría decir muy bien el porqué pero lo miro y no me canso. Los colores, la mirada de ella, el espejo, el reflejo, ¿no os ha pasado que, alguna vez, al miraros al espejo habéis dejado de reconoceros a vosotros mismos en el reflejo? ¡A mí sí! Y es una sensación extraña… uno llega hasta a asustarse. Pues este cuadro me gusta porque es como si mostrará un reflejo del Yo “inconsciente”, del Yo que no vemos pero que está ahí. 

Still Life #30, de Tom Wesselmann, MOMA, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Hubo un montón de obras que llamaron mi atención, se pueden ver cuadros de Dalí, Pollock, Warhol, Popper, Chagall, Kandinsky, Mondrian, Matisse… la lista es interminable. Y también hubo algún que otro cuadro que no tenía el gusto de conocer y me atrapó por completo, es el caso de The Empire of Light, de MagritteChristina´s World, de Andrew Wyeth o Still Life #30, de Tom Wesselmann. Son tres obras muy distintas y me encantó descubrirlas.

¿Obra de arte? en el MOMA, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Por otra parte, el museo ofrece no sólo pintura, hay escultura, cine, foto y obras indescriptibles que se extienden por los vestíbulos provocando la curiosidad de los que nos dejamos perder por allí. Además, el edificio en sí es bastante chulo, merecela la pena visitarlo también por las vistas que desde él se tienen de las calles de Nueva York.

Vistas dese el MOMA, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Y luego, al final, está la tienda 😉 Ya que no te puedes llevar a casa el original que más te haya gustado, tienes la opción de llevarte una reproducción en el soporte que más te guste. Yo, como no, me traje una lámina de la Mujer ante el espejo, de Picasso. También un par de postales de otras de las obras que más me habían llamado la atención en mi fugaz visita al MOMA.

Más info:

http://www.moma.org/

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Sorolla: la luz, el mar…

Uno puede viajar de muchas maneras. Por suerte, no siempre hay que subirse a un medio de transporte que tenga ruedas para hacerlo (¡y no me refiero al barco!). A veces, ni aviones, ni coches, ni trenes, ni autocares son capaces de llevarnos al lugar donde queremos ir. A veces, ni siquiera nosotros mismos sabemos a donde nos dirigimos. A veces, no vamos a ningún lado pero, sin embargo, viajamos. Viajamos a lugares que no se tocan, pero sí se sienten.

Pescadores valencianos, Joaquín Sorolla, 1896.

Pescadores valencianos, Joaquín Sorolla, 1895.

Yo, hoy, he viajado al país de la luz, los reflejos y el mar. Lo he hecho de la mano de Joaquín Sorolla.

Físicamente me he trasladado al Museo del Prado, en Madrid. Abarrotado, por cierto. Principios de agosto, mañana me voy de la ciudad y no quería desaprovechar la oportunidad de ver a pocos centímetros las 102 obras que integran esta exposición. Se visita por horas concertadas y hay muchísima gente… después de varias horas de espera llega, por fin, el momento de entrar.

La pesca del atún-Ayamonte, Joaquín Sorolla, 1919.

La pesca del atún-Ayamonte, Joaquín Sorolla, 1919.

Decepción al acceder a la primera sala… con tanta gente es difícil ver cualquiera de las pinturas que cuelgan de las paredes. En fin… es lo que hay. Busco el hueco adecuado para ir visionando cada uno de los cuadros. Dadas las circunstancias, me propongo hacer una visita rápida. La exposición está organizada de forma cronológica.

Rocas de Jávea y bote blanco, Joaquín Sorolla, 1905.

Rocas de Jávea y bote blanco, Joaquín Sorolla, 1905.

Una de las primeras imágenes que me llama la atención es el de Pescadores valencianos. Parece una fotografía pero es algo más. Es la prolongación de un instante. El mar se mueve, los reflejos vibran, la luz colorea la realidad…

Es sólo un ejemplo de lo que prevalece en la mayoría de sus obras. Luz, color, reflejos, transparencias, texturas, trazados intensos… paisajes, retratos, visiones de España… el Cantábrico, el Mediterráneo, el MAR… Sorolla pintaba el mar con mayúsculas. Si hay un cielo estrellado que pertence a Van Gogh, hay un mar lleno de reflejos y luces que pertenece a Sorolla.

El balandrito, Joaquín Sorolla, 1909.

El balandrito, Joaquín Sorolla, 1909.

Hay muchos cuadros que te atrapan en esta exposición. A pesar del agobio de la cantidad de gente que la visita, diría que merece la pena verla y mucho. Eso sí, si tenéis la oportunidad de ir en algún momento que haya poca gente estoy segura de que la disfrutaréis muchísimo más. Yo, por si alguien no tiene la ocasión de visitarla, os dejo aquí colgados algunos de los cuadros que más me gustaron.

Cosiendo la vela, Joaquín Sorolla, 1896.

Cosiendo la vela, Joaquín Sorolla, 1896.

Sevilla. El baile, Joaquín Sorolla, 1914-15.

Sevilla. El baile, Joaquín Sorolla, 1914-15.

Saliendo del baño, Joaquín Sorolla, 1915.

Saliendo del baño, Joaquín Sorolla, 1915.

Después del baño, Joaquín Sorolla, 1916.

Después del baño, Joaquín Sorolla, 1916.

Bacante en reposo, Joaquín Sorolla, 1919.

Bacante en reposo, Joaquín Sorolla, 1919.

Y para los que queráis más, aquí os dejo el link a un vídeo que me ha pasado un amigo que ha tenido la suerte de ver la expo con las salas vacías! de gente, claro 😉

http://www.canalcamtv.com/tv/?id_video=308

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