En bici por Manhattan

Una de las mejores experiencias del viaje a Nueva York fue, sin duda, la de perdernos por la ciudad subidos a una bicicleta. Es curioso pero… ¡te sientes menos turista y más neoyorquino!

Bike and Roll en Battery Park, servico de alquiler de bicicletas, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Bike and Roll en Battery Park, servico de alquiler de bicicletas, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El New York Pass nos permitió alquilar bicicletas gratis un día durante 4 horas. Estábamos en Battery Park y decidimos que era el momento. Al fondo se divisaba el puente de Brooklyn, ese sería nuestro destino. Había que cruzar el puente.

Por esta misma zona estaba el puesto de alquiler de bicis “Bike and Roll”. Nos acercamos, enseñamos el New York Pass y listo. Tan solo hizo falta dejar una cantidad de fianza mediante la tarjeta de crédito y ya pudimos elegir bici y ponernos en marcha. Esta cantidad te la devuelven una vez traes de vuelta la bicicleta.

En bici por Battery Park, Manhattan, Nueva York / Foto: Julián González

En bici por Battery Park, Manhattan, Nueva York / Foto: Julián González

El paseo comenzó bordeando el río Hudson, luego atravesamos un pequeño parque y enseguida llegamos a la zona del East River. Estábamos al sur de Manhattan y nuestra misión era llegar a Brooklyn. Parecía que el puente estaba al lado pero… para acceder a él fue necesario adentrarse por un barrio muy pero muy pintoresco: ¡Chinatown!

En bici por Chinatown, Manhattan, Nueva York / Foto: Dácil Jiménez

En bici por Chinatown, Manhattan, Nueva York / Foto: Dácil Jiménez

Todavía no lo habíamos visitado antes así que fue toda una aventura verlo por primera vez desde la bici. De pronto, paracía que, en vez de en Nueva York, estábamos en Pekín, ¡en vez de en Estados Unidos, nos veíamos en China! Calles llenas de gente, de chinos claro… colores y olores por todas partes, carteles escritos en chino decorando todas las fachadas, arroz, tallarines, coches, ruido, ajetreo… Las calles de Chinatown estaban repletas, ¡menudo ambientazo!

Vista desde el puente de Brooklyn, al fondo Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista desde el puente de Brooklyn, al fondo Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La verdad es que había carril bici y fue todo muy divertido pero el problema es que, a veces, el carril bici era compartido, esto quiere decir que coches y bicis van por el mismo sitio… ¡toda una aventura para unos ciclistas ocasionales como nosotros!

Después de dejar atrás el barrio chino no tardamos

En el paseo que bordea el East River, al fondo el puente de Brooklyn, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

En el paseo que bordea el East River, al fondo el puente de Brooklyn, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 mucho en llegar al famoso puente de Brooklyn. Aquí hay una buena subidita, ¡llegamos a la mitad del puente agotados! Decidimos parar a descansar un poco y sacar unas fotos. Las vistas, impresionantes.

Decidimos dejar la visita a Brooklyn para otro día. Dimos la vuelta y nos perdimos de nuevo por Chinatown, luego atravesamos Tribeca, un barrio muy chic, con un montón de cafés y tiendas selectas. Por fin, divisamos el Hudson y recorrimos, de nuevo, un paseo precioso que recorría toda la orilla del río. A media tarde entregamos las bicis de vuelta. El paseo, sin lugar a dudas, mereció muuuucho la pena. Si vais a Nueva York no lo dudéis ¡alquilad una bici, las cosas se ven de otra manera!

Más info:

http://www.bikeandroll.com/newyork/

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Central Park: apadrina un banco

Son 4 kilómetros de largo por unos 800 metros de ancho en los que el verde es el color protagonista. Más de 26.ooo árboles y 275 especies de aves comparten espacio con neoyorquinos y visitantes en Central Park.

Vista de Central Park desde el Top of the Rock, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de Central Park desde el Top of the Rock, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Hay puentes, lagos, jardines y bosques. Hay escenarios profesionales y otros improvisados. Hay solitarios, hay grupos y, también, como no, enamorados. Hay fuentes, hay bancos.

Central Park es enorme, se necesita un día completo para verlo y, aun así, siempre te quedarán cosas pendientes. Hay mapas que ofrecen posibles paseos o rutas pero lo mejor es perderse. Y digo bien, perderse. Porque uno, cuando se deja llevar por los caminos de este gran parque, tiene todas las papeletas para no encontrar la salida.

Oso polar que se puede ver en el Zoo de Central Park, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Oso polar que se puede ver en el Zoo de Central Park, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La opción más frecuente para los turistas es entrar por alguno de los accesos de la calle 59, en la parte sur del parque. A esta altura, en la esquina de la zona este, se encuentra el Zoo de Central Park. Merece la pena visitarlo sólo por ver de cerca a un oso polar. Tiene también otros animales pero, sin duda, lo que más impresiona es ver a ese oso gigante nadando de un lado a otro. Con el New York Pass la visita al zoo es gratis y te ahorras la cola de taquilla, por eso si visitáis Nueva York con esta tarjeta podéis entrar, hacer una visita rápida y salir para adentraros en el parque.

Vista de Bethesda Terrace en Central Park, Manhattan, Nueva York / Foto: Dácil Jiménez

Vista de Bethesda Terrace en Central Park, Manhattan, Nueva York / Foto: Dácil Jiménez

Una vez dentro, descubriréis enseguida, más o menos a la altura de la calle 72,  la famosa Bethesda Terrace, una gran fuente que alberga la escultura del “Ángel del Agua”. Es uno de los escenarios preferidos para rodar citas y encuentros de enamorados en la ciudad de Nueva York. ¡También debe ser

Músicos callejeros junto a la escultura del "Ángel del agua" en Bethesda Terrace en Central Park, Manhattan, Nueva York / Foto: Dácil Jiménez

Músicos callejeros junto a la escultura del "Ángel del agua" en Bethesda Terrace en Central Park, Manhattan, Nueva York / Foto: Dácil Jiménez

 uno de los lugares más fotografiados del mundo! Al menos, por los fans y las fans de Sexo en Nueva York, aquí ha esperado más de una vez a su chico de turno la famosa Carry Bradshaw y, claro, todos queremos la foto sentados al borde de la fuente. 😉

Paseando por Central Park otra de las cosas que más llama la atención es la cantidad de gente que disfruta del parque. Aquí no se viene simplemente a pasear y a mirar los jardines. Central Park no es un escaparte de mirar y no tocar. Todo lo contrario. La gente pasea, corre, patina, anda en bici, juega al balón, vuela cometas, rema en las barcas, hace picnics, lee un libro, canta, baila, escucha, se relaja… Hay mucha gente sacándole partido al parque, cualquier rincón de Central Park parece el idóneo para desconectar un rato de tanto asfalto.

Uno de los lagos de la zona oeste de Central Park, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Uno de los lagos de la zona oeste de Central Park, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 La verdad es que este gran rectángulo verde de Manhattan está lleno de vida. Tanta, que hasta los bancos respiran de alguna manera. Han conseguido que se conviertan en algo parecido a un ser vivo. Más bien, han conseguido que cada banco del parque pertenezca a algún ser vivo. Me explico…

Todos los bancos del

Placo de uno de los bandos apadrinados de Central Park, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Placa de uno de los bancos apadrinados de Central Park, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 parque, casi todos, tienen una plaquita con un mensaje escrito. Son pequeñas frases o dedicatorias que alguien le dedica a otro alguien por el motivo que sea. La idea es una iniciativa de la Sociedad Conservadora del parque y consiste en apadrinar un banco de Central Park. El que quiera y pueda, no es barata la cosa, puede escoger su banco preferido y, a cambio de 7.5000 dólares , el Conservatorio se encargará del mantenimiento del banco de por vida y le colocará una placa con el mensaje que cada uno haya escogido. Romántico,¿no? pero un poco caro…

Por lo visto, el famoso estafador Bernard Madoff tenía y, supongo que sigue teniendo, varios bancos dedicados a sus padres. Pues resulta que, desde el pasado mes de marzo, los neoyorquinos han decidido boicotear estos bancos y ya no se sientas en ellos. Más info sobre esta noticia aquí:  Los neoyorquinos boicotean los bancos de Central Park de Madoff

Más info sobre Central Park:

http://www.centralpark.com/

http://www.centralparknyc.org/site/PageServer

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Coney Island: playa, peces, atracciones y perritos calientes

Nueva York puede ser algo más que visitar Manhattan. En Brooklyn, en la costa sur, está un lugar que parece sacado de una peli antigua, de un cuento de terror, de la sección de sucesos de un periódico cualquiera. Este lugar es Coney Island.

Vista de la playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de la playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La verdad es que cuando uno llega allí la sensación es muy extraña.  Depués de pasar unos 45 minutos en metro, pasas de estar en el medio de decenas de rascacielos a estar en un lugar con tintes un poco tétricos. Aquello parece un decorado en desuso, visitado, hoy día, por personajes que no le pertencen.

La playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Sales del metro y comienzas a caminar, al fondo, un gran paseo marítimo y una playa. ¡Sí, una playa! No pensé que en mi viaje a Nueva York fuera a ir a la playa, esto suena más a la otra costa, la Oeste, pero parece ser que sí, que los neoyorquinos van a la playa. Al menos, algunos. Hay gente en la arena y en

El famoso parque de atracciones Astroland en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El famoso parque de atracciones Astroland en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 el agua, un poco turbia, todo hay que decirlo. Estamos en septiembre, hace calor. Por el paseo no somos los únicos, aunque turistas se ven pocos. Hay gente paseando, corriendo, sacando al perro, comiéndose un helado… ¡Qué raro es todo! Será porque uno no espera, en su visita a Nueva York, encontrarse con este tipo de paisaje.

Establecimiento de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Establecimiento de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

A un lado del paseo está la playa, con el horizonte al fondo. Al otro, puestos de todo tipo comparten silueta con uno de los parques de atracciones más famosos y antiguos de Estados Unidos, Astroland. Destacan, sobre otras, dos de sus atracciones más conocidas, la Wonder Wheel y el Cyclone, una noria y una montaña rusa con solera.  Llevan aquí desde los años 20 y aun mantienen ese olor a viejo, a retro, a kitsch, a rancio. Los que se atrevan pueden subirse en cualquiera de estas atracciones porque lo mejor de todo es que siguen en funcionamiento.

El famoso perrito caliente de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El famoso perrito caliente de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El olor de los hierros, que dan forma al parque de atracciones, compite con el olor a fritanga de un sinfín de puestos de comida rápida, que se extienden por todo el paseo. Los reyes aquí son los perritos calientes de Nathan’s, un local que lleva vendiendo “hot dogs” desde 1916. Es  por este motivo que no deberíais iros sin probarlos, se dice que aquí es donde se vendió el primer perrito caliente, son míticos! Yo os cuelgo una foto para que os hagáis a la idea de si os gustarían o no.

Es en este establecimiento donde se celebra cada año el Concurso Internacional de Comer Perritos Calientes. Como no, el día elegido es el 4 de julio, os cuelgo un vídeo en el que podéis ver algunas imágenes del certamen de este mismo año. El record, ¡68 perritos calientes ingeridos en 10 minutos! ¡Qué  barbaridad!

Y, antes de terminar, comentaros que aquí en Coney Island se encuentra el Acuario de Nueva York, si tenéis tiempo podéis entrar pero, sin duda, lo que más merece la pena es ¡disfrutar del paseo y del famoso perrito grasiento!

Más info:

http://www.coneyisland.com/ Web sobre Coney Island

http://www.astroland.com/ Web del parque de atracciones Astroland

http://www.nathansfamous.com/PageFetch/ Web de Nathan’s

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El Chrysler, la Grand Central Station y la sede de la ONU

Nueva York es una de esas ciudades en las que te puedes entretener tan solo mirando hacia arriba. Sus edificios no dejan indiferente a nadie. Ya he hablado aquí de algunos de los más famosos, el Empire State Building, el Rockefeller Center y el Flatiron. Hoy quiero hacerle un hueco a otros tres que también son conocidos por medio mundo.

La parte alta del edificio Chrysler, Mahattan, Nueva York / Foto: Ana Belén González Carballal

La parte alta del edificio Chrysler, Mahattan, Nueva York / Foto: Ana Belén González Carballal

El primero de ellos es el edificio Chrysler. Mide 319 metros y está situado en el lado Este de Manhattan, en la intersección de la calle 42 y la Avenida Lexington. Fue construido originalmente por la corporación Chrysler, pero el edificio es, actualmente, copropiedad de TMW Real Estate y Tishman Speyer Properties. Se inauguró en 1930 y disfrutó de ser el rasacielos más alto del mundo hasta que, en menos de un año, se le puso por delante el Empire State.

La pérdida de este primer puesto no le impidió convertirse en uno de los

Reflejo del edificio Chrysler al fondo y la Grand Central Station en primer término, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Reflejo del edificio Chrysler al fondo y la Grand Central Station en primer término, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 edificios preferidos de los neoyorquinos. Quizá su peculiar revestimiento le llevó a hacerse con este galardón. Este ejemplo de estilo arquitectónico Art Deco cuenta con una ornamentación muy peculiar en su parte superior. Por lo visto, la decoración de la torre está basada en los tapacubos usados, por los años 30,  en los automóviles Chrysler.

Muy cerca de este edificio se encuentra otro lugar mítico de la ciudad de Nueva York. La Grand Central Station o Gran Estación Central. Se construyó en 1913 y es, desde entonces, la estación de trenes más grande del mundo.

Interior de la Gran Central Station, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Interior de la Gran Central Station, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Impresiona desde fuera por su fachada clásica entre tanto rascacielos. Desde dentro, imponen sus dimensiones y su ir y venir de gentes. Un gran vestíbulo, coronado por un techo abovedado del que cuelga una gran bandera estadounidense, se convierte en un escenario por el que pasan, cada día, más de 100.000 pasajeros. Como curiosidad, parece ser que, de ellos, más de 2.000 al año se deján aquí olvidado su abrigo. Éste es el artículo que más se pierde en la estación.

Sede de la ONU en Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Sede de la ONU en Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Si caminamos por la calle 42 dirección Este y llegamos hasta el East River nos encontraremos con otro de los edificios más conocidos de la ciudad, la sede de las Naciones Unidas. Lo más llamativo de este edificio, construído en 1950, es que, aunque se encuentra en la ciudad de Nueva York, el territorio que ocupa está considerado territorio internacional. Parece ser que los periodistas que informan desde aquí no deben utilizar Nueva York como identificación del lugar donde se encuentran en reconocimiento de este estatus de extraterritorialidad. ¡Ya me fijaré a partir de ahora en los informativos! Y, para terminar, otro detalle. Por lo visto, por motivos de seguridad todo el correo que llega a este edificio es esterilizado.

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El Flatiron Building: “23-skidoo”

Está entre la 5ª y Broadway, haciendo esquina con la calle 23. Es uno de los edificios más característicos de Nueva York. Lo mires desde donde lo mires cuesta, y mucho, dejar de mirarlo una y otra vez. Es el edificio plancha, el edificio Flatiron, el Flatiron Building. Un prisma triangular elevado al cielo.

El Flatiron Building desde Broadway, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El Flatiron Building desde Broadway, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Se construyó en 1902 y fue diseñado por el arquitecto Daniel Hudson Burnham. En su momento, fue el edificio más alto del mundo con 21 pisos y 87 metros de altura. Por aquel entonces, se llamaba Fuller Building, era la sede de la compañía de construcción de este nombre. Pero poco tardaron los neoyorquinos en rebautizarlo, su forma de plancha fue la que le dio el nuevo nombre, Flatiron, que significa plancha de hierro en inglés.

Más curiosidades sobre este peculiar edificio. Parece ser que, en sus

Al fondo el Flatiron Building, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Al fondo el Flatiron Building, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 primeros años de vida, se temía que fuera derribado por el viento. Su forma aerodinámica producía un efecto túnel que, a princicipios de los años veinte, cuando la visión de los tobillos desnudos de una mujer era algo excitante, provocaba la reunión de los mirones de la ciudad en las zonas cercanas. Hasta la policía tuvo que intervenir expulsando de la calle 23 a estos atrevidos neoyorquinos. A esto lo llamaron “23 skidoo”, una expresión que hoy día se utiliza en el “slang” inglés para señalar que alguien se largue de algún sitio rápidamente.

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En barco a la Estatua de la Libertad

Es otro de los lugares míticos de la ciudad de Nueva York. Se encuentra al sur de Manhattan, en Liberty Island, la isla de la Libertad. Durante años, fue la encargada de dar la bienvenida a aquellos que cruzaban el Atlántico y llegaban al continente americano. Es la Estatua de la Libertad.

Estatua de la Libertad, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Estatua de la Libertad, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Lleva situada en la desembocadura del río Hudson desde que, en 1886, los franceses se la regalasen a los estadounidenses con el fin de reafirmar la amistad entre las dos naciones y conmemorar el centenario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. En la actualidad está considerada Monumento Nacional y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Para llegar a ella hay que coger un transbordador en la zona de Battery Park, al sur de Manhattan. Hay que pasar unos cuantos controles, como en

Turistas en el transbordador con destino a Liberty Island, al fondo Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Turistas en el transbordador con destino a Liberty Island, al fondo Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 el aeropuerto, hacer unas cuantas colas (van rápido) y listo. Ya estás en el barco… ¡rodeado de turistas! Te afanas en coger asiento en la cubierta pero… no vale de nada. En cuanto el barco comienza a moverse todo el mundo se levanta para hacer fotos y ver el paisaje. A un lado, vas dejando atrás el skyline de la ciudad, al otro, te vas acercando cada más a la estatua. Fotos, fotos, fotos y más fotos…

Vista de Manhattan desde Liberty Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de Manhattan desde Liberty Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Llegas a Liberty Island y comienza el paseo alrededor de la famosa estatua. Existe la opción de entrar dentro pero no os puedo hablar de la experiencia porque nuestra entrada incluía sólo el acceso a la isla. En mi opinión, es más que suficiente. Lo que más me gustó de este lugar fue la vista que, desde allí, se

Museo del Centro de Atención a los Inmigrantes en Ellis Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Museo del Centro de Atención a los Inmigrantes en Ellis Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 tiene de Manhattan. Preciosa… La estatua pues… más que impresionar, conmueve. Estás ahí, al lado de un monumento que se ha convertido en un símbolo mundial. Hay replicas por todas partes y tú estás ahí, a su lado. La has visto en un montón de películas y tú estás ahí… a su lado. La Estatua de la Libertad enternece, sobre todo si uno se pone a pensar en toda la historia que ha pasado por delante de sus ojos.

Nuestro tour continuaba en barco hasta otra isla cercana, Ellis Island. Aquí se encuentra, en forma de museo, el que fue el mayor centro de inmigración del país. Por esta isla pasaron aproximadamente doce millones de personas entre 1892 y 1924. En el interior del edificio se pueden ver más de dos mil objetos que incluyen pasaportes, joyería, herramientas, artículos religiosos o vestimentas, entre otras cosas. Tras esta visita el transbordador te lleva ya de vuelta a Battery Park, al mismo punto de partida.

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Empire State Building: colas y luces

Uno no se puede ir de Nueva York sin hacer dos cosas, una es subir a lo alto de un rascacielos de día, la otra, hacer lo mismo pero de noche, en concreto, al atardecer. Nosotros elegimos el Empire State Building para esta última opción que se convirtió en toda una aventura.

Empire State Building, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Empire State Building, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Este edificio es, desde la caída de las Torres Gemelas en 2001, el más alto de Nueva York. Su construcción se remonta a los años 30, oficialmente se inauguró el 1 de mayo de 1931. Su apertura coincidió de lleno con la Gran Depresión en Estados Unidos, la famosa crisis del 29 provocó que las oficinas del edificio se quedaran vacías durante años. No había inquilinos ni empresarios dispuestos a invertir en el Empire, es por esto que comenzó a escucharse un nuevo nombre para el edificio, el Empty State Building, el “Vacío” State Building. La cosa cambió en los años 50 cuando una gran empresa inmobiliaria de Manhattan decidió hacerse con el edificio por una cifra record, 51 millones de dólares.

Vista desde la planta 86 del Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista desde la planta 86 del Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El Empire State Building guarda más cifras sorprendentes. Tiene 443 metros de altura, 6.500 ventanas, 73 ascensores, 113 kilómetros de cañerías, 760.000 metros de cable eléctrico y cerca de 9.000 grifos. Por otro lado, unos 21.ooo empleados trabajan cada día en el edificio, convirtiéndolo en el centro de oficinas más importante de Estados Unidos después del Pentágono. Pero a este edificio acceden, cada día, no sólo los que allí trabajan. Miles de turistas suben, en menos de un minuto por ascensor, a la plataforma de observación del piso 86.

Vista del edificio Chrysler desde el Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista del edificio Chrysler desde el Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La subida en ascensor es breve, muy breve. Pero antes, hay que advertirlo, hay que hacer las colas más largas que se hacen para acceder a cualquier punto turístico de la ciudad. Aun así, por supuesto, merece la pena. Y eso que, el mirador, al menos a esta hora, al anochecer, está repleto. Hay que hacer cola también para buscar un hueco desde el que observar la ciudad… un poco decepcionante, la verdad, pero claro, en cuanto lo encuentras, la vista impresiona tanto que te olvidas de las colas y la gente. Vuelvo a repetirlo, merece la pena. De nuevo, como en el Top of the Rock, te vuelves loco porque quieres hacer mil fotos pero lo mejor llega cuando dejas la cámara a un lado y te concentras en mirar a tu alrededor. Es fascinante. Luces por todas partes, esta ciudad no duerme, es una lámpara gigante.

Vista desde la planta 86 del Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista desde la planta 86 del Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

En la planta 102 hay otro mirador, para acceder hay que pagar una cantidad adicional, no os puedo decir si merece la pena porque nosotros nos quedamos en la planta 86. Lo que sí hicimos, en la planta segunda y porque estaba incluido en nuestra entrada con el New York Pass (hablaré de él en otro post)  fue entrar al Skyride, está en la planta segunda y es un simulador de viaje en helicóptero por la ciudad. Está bien, te ríes y disfrutas de las vistas ahorrándote lo que te costaría el viaje en helicóptero real pero, porque estaba incluido en la entrada, si no, no pagaría por ello. Pero volvamos a la planta 86… ¡la aventura está a punto de comenzar!

Hacíamos cola para bajar, ya habíamos disfrutado de las vistas y estábamos ansiosos por ir a comer algo. La cola no avanza… es raro porque aquí suelen ir bastante rápido, pasan los minutos y nada, quietos.

El Empire State Building iluminado entre la niebla, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El Empire State Building iluminado entre la niebla, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La gente empieza a inquietarse, la cola sigue sin moverse, llevamos casi media hora en el mismo sitio. Llegan los rumores… hay algún tipo de problema con los ascensores… ¡noooo! pongo la oreja y me entero de que lo que ocurre es que hay un problema con una cañería en no sé que piso y esto ha afectado a los ascensores. Están intentando solucionar el problema. ¡También es mala suerte! Nos toca esperar y esperar… finalmente nos van “evacuando” poco a poco, por grupos por las escaleras de incendios, de emergencias. ¡Increible! Tenemos que bajar andando desde la planta 80

Accediendo a las escaleras de incendios de la planta 80 del Empire State Building / Foto: Julián González

Accediendo a las escaleras de emergencia de la planta 80 del Empire State Building / Foto: Julián González

 hasta las 67. La cosa va despacio, con paradas incluidas entre una planta y otra en medio de las escaleras, un poco agobiante para claustrofóbicos o neuróticos, divertido y emocionante para aventureros. ¡Yo no me reí mucho porque soy más bien de lo primero! Pero ahora, desde casa, sana y salva, sí que me río. !En aquel momento sólo quería salir de allí lo antes posible! Llegamos a la planta 67 y allí teníamos que ir en busca de unos ascensores que no estaban afectados por la avería. Esos ya nos llevaban hasta la planta de la salida. Fin de la aventura en un edificio mítico de Nueva York que, cada día, ilumina su parte alta de una forma diferente con el fin de conmemorar distintas celebraciones.

 

Más información:

http://www.esbnyc.com/index2.cfm

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