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El Bubba Gump de Times Square

Quien no haya visto Forrest Gump debería verla.

En primer lugar, porque es ya un clásico del cine de los noventa. En segundo lugar, porque es una peli muy entretenida, con momentos de esos que se quedan grabados en la cabeza de uno casi como si fueran recuerdos propios, y esto no pasa con cualquier película.

Esta peli ha dejado imágenes, frases y personajes míticos. Uno de ellos es Benjamin Buford, el famoso Bubba, el “muy mejor amigo” de Forrest Gump. Para aquellos que no lo recuerden, ahí va una selección que he encontrado en youtube con algunos de los mejores momentos de este personaje que vivía obsesionado con el negocio de las gambas…

Quien le iba a decir a Bubba que su sueño iba a hacerse realidad…

Bubba Gump

Decoración del restaurante Bubba Gump de Times Square, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

En 1996, dos años después del estreno de la peli, Viacom, su distribuidora, decidió abrir el Bubba Gump Shrimp Co. en Monterey, California. Hoy, es tan solo uno de más de una treintena de restaurante que, con este nombre, homenajean a dos de los protagonistas de esta película, a Gump y a su “muy mejor amigo”

Bubba Gump

A la izquirda la pala de ping-pong con la carta de bebidas, en el centro el cartelito para llamar al camarero, restaurante Bubba Gump de Times Square, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 Bubba, por todo el mundo. La mayoría de los restaurantes están en Estados Unidos, yo tuve la suerte de estar en el de Times Square, en Nueva York y os aseguro que merece la pena. Es una frikada, sí… ¡pero es que, además, la comida está riquísima! Claro, te tienen que gustar las gambas 😉

En cuanto cruzas la puerta te adentras de lleno en el mundo que recrea la película.

Bubba Gump

Fritura de gambas, Bubba Gump, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Las paredes están llenas de fotos del rodaje, ropa que usaron los actores, atrezzo, etc. En las mesas está cuidado hasta el último detalle. La carta está escrita sobre una pala de ping-pong y para llamar al camarero no vale con pegarle una voz, hay un cartelito que dice: “Run Forrest, run” o “Stop Forrest, stop”. Tú eliges, si quieres que el camarero se pare el de Stop si no necesitas nada… pues a correr Forrest. En fin… está curioso. Por cierto, los camareros son de lo más amable.

Bubba Gump

Gambas sin más... ¡qué ricas! en el Bubba Gump de Times Square, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

En cuanto a la comida pues sí, basicamente todo son platos con gambas, aunque también tienen otros mariscos y pescados. Lo que nosotros pedimos estaba buenísimo. Muy pero que muy rico. No recuerdo los nombres de los platos…  ¡pero viendo las fotos os podréis hacer una idea de lo bueno que estaba todo!

Bubba Gump

Plato con gambas y verduras, Bubba Gump, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

También están buenísimos los cóckteles. Son un poco caros pero, si pides uno, luego te regalan un vaso de recuerdo con el nombre del restaurante. Porque, como no, pegadita al restaurante hay una tienda con todo el merchandising que os podáis imaginar: camisetas, pantalones, gorras, llaveros, pelotas de ping-pong, peluches… ¡un paraiso para los fanáticos de la peli la verdad!

Más info:

http://www.bubbagump.com/

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Coney Island: playa, peces, atracciones y perritos calientes

Nueva York puede ser algo más que visitar Manhattan. En Brooklyn, en la costa sur, está un lugar que parece sacado de una peli antigua, de un cuento de terror, de la sección de sucesos de un periódico cualquiera. Este lugar es Coney Island.

Vista de la playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de la playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La verdad es que cuando uno llega allí la sensación es muy extraña.  Depués de pasar unos 45 minutos en metro, pasas de estar en el medio de decenas de rascacielos a estar en un lugar con tintes un poco tétricos. Aquello parece un decorado en desuso, visitado, hoy día, por personajes que no le pertencen.

La playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Sales del metro y comienzas a caminar, al fondo, un gran paseo marítimo y una playa. ¡Sí, una playa! No pensé que en mi viaje a Nueva York fuera a ir a la playa, esto suena más a la otra costa, la Oeste, pero parece ser que sí, que los neoyorquinos van a la playa. Al menos, algunos. Hay gente en la arena y en

El famoso parque de atracciones Astroland en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El famoso parque de atracciones Astroland en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 el agua, un poco turbia, todo hay que decirlo. Estamos en septiembre, hace calor. Por el paseo no somos los únicos, aunque turistas se ven pocos. Hay gente paseando, corriendo, sacando al perro, comiéndose un helado… ¡Qué raro es todo! Será porque uno no espera, en su visita a Nueva York, encontrarse con este tipo de paisaje.

Establecimiento de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Establecimiento de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

A un lado del paseo está la playa, con el horizonte al fondo. Al otro, puestos de todo tipo comparten silueta con uno de los parques de atracciones más famosos y antiguos de Estados Unidos, Astroland. Destacan, sobre otras, dos de sus atracciones más conocidas, la Wonder Wheel y el Cyclone, una noria y una montaña rusa con solera.  Llevan aquí desde los años 20 y aun mantienen ese olor a viejo, a retro, a kitsch, a rancio. Los que se atrevan pueden subirse en cualquiera de estas atracciones porque lo mejor de todo es que siguen en funcionamiento.

El famoso perrito caliente de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El famoso perrito caliente de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El olor de los hierros, que dan forma al parque de atracciones, compite con el olor a fritanga de un sinfín de puestos de comida rápida, que se extienden por todo el paseo. Los reyes aquí son los perritos calientes de Nathan’s, un local que lleva vendiendo “hot dogs” desde 1916. Es  por este motivo que no deberíais iros sin probarlos, se dice que aquí es donde se vendió el primer perrito caliente, son míticos! Yo os cuelgo una foto para que os hagáis a la idea de si os gustarían o no.

Es en este establecimiento donde se celebra cada año el Concurso Internacional de Comer Perritos Calientes. Como no, el día elegido es el 4 de julio, os cuelgo un vídeo en el que podéis ver algunas imágenes del certamen de este mismo año. El record, ¡68 perritos calientes ingeridos en 10 minutos! ¡Qué  barbaridad!

Y, antes de terminar, comentaros que aquí en Coney Island se encuentra el Acuario de Nueva York, si tenéis tiempo podéis entrar pero, sin duda, lo que más merece la pena es ¡disfrutar del paseo y del famoso perrito grasiento!

Más info:

http://www.coneyisland.com/ Web sobre Coney Island

http://www.astroland.com/ Web del parque de atracciones Astroland

http://www.nathansfamous.com/PageFetch/ Web de Nathan’s

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Restaurante Bom Jesus

En mi breve visita a Valença do Minho hice una parada para reponer fuerzas y comer algo. El lugar elegido fue un restaurante llamado Bom Jesus. Está en el centro de Fortaleza, en la zona fortificada de Valença, al lado de una pequeña plaza y una iglesia.

Restaurante Bom Jesus, en Valença do Minho (Portugal) / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Bom Jesus, en Valença do Minho (Portugal) / Foto: Ana B. González Carballal

La verdad es que no tenía mucha idea de qué era lo típico allí. Una vez dentro, me quedó claro que el “bacalhau” es una de sus especialidades. Obviamente había que probarlo. Éramos cinco personas, dos pideron carne y los otros tres pedimos varios platos para compartir. La elección fue la siguiente: Bacalhau a Bom Jesus, especialidad de la casa, Arroz de marisco y Polvo Na Telha (Pulpo a la teja).

Bacalhau a Bom Jesus en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

Bacalhau a Bom Jesus en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

El bacalao estaba muy rico, la verdad, no es que sea uno de mis platos favoritos pero mereció la pena probarlo. El arroz de marisco tampoco estaba nada mal, caldoso en su justa medida y con un montón de almejas  y gambas. Lo peor, el pulpo. Será que acostumbrados al pulpo a la gallega no supimos apreciar esta otra modalidad de preparación pero… no estaba nada bueno, de hecho no fuimos capaces de terminarlo… una pena.

Arros de marisco en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

Arros de marisco en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

En cuanto a precios, ahí va, el bacalao era a 16 euros para una persona, 23 para dos. El arroz a 15 euros para uno, 27 para dos. El pulpo 14 euros. Deciros que el arroz para una persona da para dos de sobra, al menos, si no se come sólo este plato.

Algo significativo de este lugar es que antes de

Polvo Na Telha (Pulpo a la teja) en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

Polvo Na Telha (Pulpo a la teja) en el restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

 servirte la comida que has pedido te ofrecen unos entrantes. No son gratis, te cobran en función de los que te comas. Son los Pasteis de Bacalhau, a 0,55 euros cada uno, y la Chamussa, a 0,95 euros

Pasteis de Bacalhau y Chamussa, entrantes del restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

Pasteis de Bacalhau y Chamussa, entrantes del restaurante Bom Jesus / Foto: Ana B. González Carballal

 cada una. Los acompañan de unos patés o salsas. Son una especie de croquetas de bacalao y una especie de empanadilla con sabor a curry, al menos a mí me sabía a eso. Muy bueno todo la verdad. Merece la pena probarlo, eso sí, sería todo un detalle que fuera cortesía de la casa y no te lo cobraran.

En cuanto al postre, tenían un montón de tartas caseras con muy buena pinta. Nosotros estábamos demasiado llenos pero nos animamos a probar una tarta de queso muy rica con unos helados. En cuanto al servicio tengo que decir que los camareros fureon muy amables y serviciales. En definitiva, un lugar recomendable para probar algo de comida típica portuguesa al alcance de todos los bolsillos.

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Cáceres: tapeando en el Mesón San Juan

Turismo gastronómico… eso hicimos en nuestra visita a Cáceres. Y, por suerte, escogimos bien. Esta vez íbamos sin recomendación alguna, nos guiamos por la intuición. Por el casco antiguo había unos cuantos restaurantes con muy buena pinta pero se salían de presupuesto. Tenían mucho encanto, sí, pero… los precios de la carta asustaban un poco.

Cártel del Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Cártel del Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Nos salimos un poco del casco viejo y, justo en los alrededores, en la plaza de San Juan vimos un mesón que no tenía mala pinta. Echamos un vistazo y decidimos entrar. Era el Restaurante-Mesón San Juan. Bienvenidos al mesón anticrisis. Apto para todos los bolsillos. 😉

Aquí han decidido hacerle frente a la dichosa crisis y se han puesto manos a la obra con el marketing y la publicidad. El restaurante combina una decoración de lo más artesanal con numerosos carteles llenos de eslóganes que invitan al cliente a pensar que ha elegido bien, que está en un lugar con precios razonables y una calidad más que aceptable.

Plato de embutidos variados en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Plato de embutidos variados en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Y, como no, los camareros se apuntan al carro de la amabilidad y de “el cliente tiene siempre la razón”. Ellos son la cara del mesón y saben que cualquier jugada a su favor les da puntos. Desde los carteles que pueblan las paredes del restaurante nos invitan a probar suculentos platos combinados con vinos de la tierra. Esto se agradece. Cuando uno va un poco perdido puede servirle de guía para saber qué pedir.

Ración de Torta del Casar en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Ración de Torta del Casar en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Nosotros lo tenemos bastante claro. Por supuesto, para empezar, arrancamos con una tabla de embutidos variados. Estamos en Extremadura… ¡uno no se puede ir de aquí sin probar el jamón, el chorizo, el salchichón, el lomo y el queso! Y hablando de quesos, también nos animamos a probar un queso muy típico aquí: la “Torta del Casar”. Es un queso cremoso con un sabor bastante fuerte, está muy rico y se suele tomar untado en pan. Después de estos entrantes llega algo más contundente y más típico si cabe. Las migas. A mí no me gustan especialmente pero, la verdad, el plato tenía muy buena pinta.

Plato de migas extremeñas en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Plato de migas extremeñas en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Para terminar optamos por un poco de carne, secretos de cerdo ibérico con patatitas. Delicioso. Con el estómago lleno vemos pasar al camarero con un plato de carne que tiene una pinta increible. Le preguntamos qué es, carne de retinto, nos dice. Nos quedamos con el nombre por si algún día tenemos la oportunidad de volver. Ahora, ya sólo queda hueco para el postre. De hecho, no queda mucho hueco, compartimos una tarta de queso casera que estaba… ¡buenísima!

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CAFELARICA

Después del baño en la playa de Marisucia, en el cabo de Trafalgar, se nos abrió el apetito. Nos dirigimos a Caños de Meca, al pueblo. Es mucho más pequeño de lo que nos imaginábamos y está todo muy tranquilo. Buscamos algo barato para comer, tras preguntar en un par de sitios que se salían del presupuesto, nos decidimos a entrar en el CAFELARICA, lo escribo junto porque así lo ponían ellos. Aquí encontramos un menú muy económico, no llegaba a los 10 euros y había varios platos para elegir.

Interior del CAFELARICA, en Caños de Meca / Foto: Ana B. González Carballal

Interior del CAFELARICA, en Caños de Meca / Foto: Ana B. González Carballal

El sitio está a la izquierda de la carretera, hay que subir unas escaleras para entrar. Accedemos a la sala y, la verdad, ¡qué sorpresa, es un lugar muy acogedor! Hemos acertado. Es un espacio amplio y diáfano, está dividio en distintos ambientes. Hay una zona con una barra al fondo, otra con un pequeño

Interior del CAFELARICA, en Caños de Meca / Foto: Ana B. González Carballal

Interior del CAFELARICA, en Caños de Meca / Foto: Ana B. González Carballal

escenario acompañado de mesas bajas en plan chill out, a éstas les sigue una zona de copas con mesas altas y redondas y, por último, está la zona del restaurante, ésta está situada en un lugar con unas vistas privilegiadas. Desde las ventanas se ve el Atlántico, el cabo Trafalgar, el faro, la playa donde nos habíamos bañado, África al fondo… La verdad es que fue un gustazo comer aquí, además, éramos las únicas personas en el local, así que comida relax total.

Taboulé del CAFELARICA, en Caños de Meca / Foto: Ana B. González Carballal

Taboulé del CAFELARICA, en Caños de Meca / Foto: Ana B. González Carballal

De primero tenían varios tipos de ensaladas, de segundo pastas y de postre fruta. Yo elegí  para comenzar un taboulé, una especie de ensalada con cuscus, tomate, cebolla, pimiento y pepino, entre otras cosas. Estaba buenísima. De segundo opté por algo más tradicional, pasta a la boloñesa, también muy

Vista del cabo Trafalgar desde el CAFELARICA, en Caños de Meca / Foto: Ana B. González Carballal

Vista del cabo Trafalgar desde el CAFELARICA, en Caños de Meca / Foto: Ana B. González Carballal

 rica. El postre, único, un plato de fruta que consistía en trozos de sandía y cerezas, también estaba muy bueno. No es lugar para comer pescado pero es muy recomendable porque es barato y muy pero que muy acogedor. Sólo por las vistas que ofrece ya merece la pena comer en el CAFELARICA.

Os dejo aquí un link a su blog, por si queréis más información sobre este sitio, aquí podréis ver más fotos y consultar la programación de conciertos que ofrece este espacio en Caños de Meca.

http://cafelarica.blogspot.com/

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De tapas por Cádiz

Después de un largo día de playa, una de las mejores sensaciones es la de darte una ducha. Después de la ducha, lo mejor, buscar una terracita para tomar unas cañas y unas tapitas. Pues bien, eso es lo que hicimos. De Chiclana pusimos rumbo a Cádiz, de camino, una puesta de sol preciosa silueteaba la ciudad.

Puesta de sol desde la carretera que va de Chiclana de la Frontera a Cádiz / Foto: Ana B. González Carballal

Puesta de sol desde la carretera que va de Chiclana de la Frontera a Cádiz / Foto: Ana B. González Carballal

El acceso a la capital gaditana es muy bonito. Atraviesas una carretera que te deja ver a un lado el Atlántico y al otro la bahía de Cádiz. Es lo que se conoce como un tómbolo, una lengua de tierra que une una antigua isla o islote con un continente, en este caso con la península. No sé si antiguamente Cádiz sería una isla, lo que sí he podido saber es que, por lo visto, actualmente, recibe un plan de tratamiento insular.

Aparcamos el coche y nos perdimos por las calles de la ciudad. Era sábado, no vimos a mucha gente por la calle. Preguntamos por algún sitio donde poder comer pescadito frito, nos recomiendan uno que, curiosamente se llama Bar Galicia. No parece muy “gaditano” pero vemos que está lleno de gente y nos colamos allí. Es un bar perqueño, humilde. Nada más entrar, me dió la impresión de que habíamos acertado. Parecía muy auténtico, muy de gente de allí, a pesar del nombre. Nos pedimos unas cañas con unas puntillitas y un pulpo a la gallega para empezar.

Ración de caracolillos en el bar Galicia, Cádiz / Foto: Ana B. González Carballal

Ración de caracolillos en el bar Galicia, Cádiz / Foto: Ana B. González Carballal

Todo estaba riquísimo. Íbamos a irnos ya, nuestra idea era ir de tapas por vairos bares de la zona, pero es que todo el mundo en el bar Galicia estaba comiendo el mismo plato y una de mis amigas no se quería ir sin probarlo. Eran caracolillos… caracoles de toda la vida pero más pequeños. Deben ser típicos de esta zona porque luego los vimos en todos los sitios donde paramos a comer. Yo no os puedo decir qué tal estaban porque no me atreví a probarlos… no soy muy de caracoles. Mi amiga dijo que estaban buenísimos y a juzgar por el resto de la gente del bar lo estaban porque todo el mundo los pedía.

Continuamos caminando por las calles de la ciudad y llegamos a una pequeña plaza que estaba llena de terrazas, creo que estaba cerca de la calle de la Rosa. Era muy acogedora así que decidimos sentarnos allí a tomar la siguiente ronda de tapas.

Terracita en Cádiz / Foto: Ana B. González Carballal

Terracita en Cádiz / Foto: Ana B. González Carballal

Aquí nos ofrecieron un montón de variadades de pescadito frito, la mayoría no nos sonaba de nada… nos dejamos aconsejar por el camarero, muy simpático, por cierto. Finalmente, sobre la mesa, una ración de acedias y otra de cazón. Nos quedamos con las ganas de probar las ortiguillas, creo que son algo así como algas rebozadas, pero ya no podíamos más. Era nuestro primer contacto gastronómico con la comida andaluza, en concreto, con la gaditana y, la verdad, que, tanto esa noche como durante el resto del viaje, nos quedó muy claro que aquí lo del pescadito frito no es un mito, ¡lo hay en todas partes, todo el mundo lo toma y, además, está riquísimo!

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Sabores egipcios

Antes de viajar a Egipto ya me lo habían advertido, ¡cuidado con el agua!, ¡bebe sólo agua embotellada!, ¡no comas ensaladas ni fruta que no peles tú misma! En fin… que me fuí a Egipto muy consciente de que el famoso “virus del Nilo” podría amargarme las vacaciones. Para evitarlo, llevé a cabo operaciones un poco obsesivas como lavarme los dientes con agua embotellada. En principio, me parecía un poco exagerado pero no quería que mis días allí se truncarán por el dichoso virús.

Entrantes típicos de una comida Egipcia / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). Entrantes típicos de una comida egipcia / Foto: Ana B. González Carballal

Bueno, pues os diré que tuve todo el cuidado del mundo pero a los cuatro días de mi llegada los problemas gástricos hicieron acto de presencia. Eso sí, salvo algún mareillo que otro y la constante búsqueda de “toilets”  allá donde íbamos, el virús me dejó disfrutar del viaje.

Una pena tener que abandonar los últimos días las sabrosas comidas típicas que nos pusieron en el crucero. El arroz, los plátanos y el pollo a la plancha fueron mi única dieta los días finales del viaje. No pretendo hacer de este post algo escatológico simplemente quiero deciros que no vale de mucho tener tantos cuidados, si te toca, te toca y no lo podrás evitar. En mi grupo éramos siete personas y todos comían de todo, la única afectada fuí yo. Mala suerte. Eso sí, la última noche en El Cairo no me quise ir sin darme un homenaje, las consecuencias las pagué la semana siguiente en Madrid, pero ¡mereció la pena! ¡La comida egipcia está buenísima!

Restaurante Felfela (El Cairo). KOSHARI Capas superpuestas de macarrones, arroz y garbanzos con salsa de tomate / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). KOSHARI Capas superpuestas de macarrones, arroz y garbanzos con salsa de tomate / Foto: Ana B. González Carballal

Nuestro guía durante el viaje, Ahmed, nos recomendó un restaurante de comida típica egipcia en El Cairo. Quiero hablar de él aquí porque si tenéis la oportunidad de ir es muy recomendable. Se llama Felfela y está en pleno downtown, muy cerca del Museo Egipcio.

Restaurante Felfela (El Cairo). KIBBEH Albóndigas de carne de cordero frita y sémola de trigo / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). Albóndigas con salsa de tomate / Foto: Ana B. González Carballal

La decoración es muy bonita, todo en madera, con cascadas, objetos típicos de allí y una iluminación que lo hace muy acogedor. El servicio, genial, muy amables. Y, lo más importante, la comida, riquísima y a un precio más que asequible. Nosotros éramos cinco personas, pagamos  nueve euros por cabeza y simplemente os diré que sobró comida, y no porque no estuviera buena, ¡es que ya no podíamos más!

Restaurante Felfela (El Cairo). SHISH KEBAB Brocheta de carne de cordero y KUFLA Rollos de carne picada de cordero a la brasa / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). SHISH KEBAB Brocheta de carne de cordero / Foto: Ana B. González Carballal

Le pedimos consejo a uno de los camareros y él nos trajo varios platos típicos: entrantes, carnes, panes deliciosos…  todo estaba muy bueno. La pena es que se me olvidó tomar nota del nombre de cada plato y no recuerdo muy bien el de todos ellos así que, desde aquí, os animo a que me refresquéis la memoria y si alguien sabe como se llaman que me lo diga. ¡Voy a colgar unas fotos para que se os haga la boca agua! 😉

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