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El MOMA

Sí, han pasado varios meses y aun sigo teniendo cosas que contar de mi viaje a Nueva York, la ciudad da para mucho. Hoy recuerdo mi fugaz visita al MOMA, el Museo de Arte Moderno. Íbamos en grupo y había que repartir el tiempo para ver todo lo posible… a este museo le tocaron poco más de 60 minutos, una pena, yo me habría quedado un poquito más pero había que hacerle hueco también al de Ciencias Naturales, entre otros. 

Hall de entrada del MOMA en Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Iba con ganas de ver uno de los cuadros más famosos de Van Gogh, La Noche Estrellada. Forma parte de la colección permanente de este museo desde 1941, pues bien… ¡las estrellas se pusieron de acuerdo para que yo no lo pudiera ver! No sé el motivo, si estaba prestado o qué… pero el vestíbulo principal ya estaba lleno de carteles que informaban de que el cuadro no estaba expuesto temporalmente. Una pena, me habría encantado ver el original. 

Gente fotografiando un cuadro del MOMA, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Bueno, comenzaba la cuenta atrás, nos habíamos dado unos 50 mintuos para recorrer el museo y nos veíamos en la puerta para seguir con nuestro periplo por Nueva York. Usamos el New York Pass para acceder al museo de forma gratuita y sin colas, ¡todo son ventajas con esta tarjeta! , era la hora de perderse por las salas del museo… 

Mujer ante el espejo, de Picasso, en el MOMA de Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Mi primera sorpresa fue encontrarme con Mujer ante el espejo, una de las obras que más me atraen de Picasso. No tenía ni idea de que estaba en el MOMA y me alegré un montón al poder ver el original de este cuadro ante mis ojos. No defrauda en absoluto, Picasso mantiene aquí rasgos cubistas pero con un toque más suavizado en el que predominan la armonía de líneas, el trazo curvilíneo y algo de erotismo… dicen que éste y otros de los cuadros de la época, años 30, reflejan el placer y la pasión del artista por su nuevo amor, Marie Thérese Walter, con la que tuyo a su hija Maya en 1935. A mí el cuadro me encanta, no sabría decir muy bien el porqué pero lo miro y no me canso. Los colores, la mirada de ella, el espejo, el reflejo, ¿no os ha pasado que, alguna vez, al miraros al espejo habéis dejado de reconoceros a vosotros mismos en el reflejo? ¡A mí sí! Y es una sensación extraña… uno llega hasta a asustarse. Pues este cuadro me gusta porque es como si mostrará un reflejo del Yo “inconsciente”, del Yo que no vemos pero que está ahí. 

Still Life #30, de Tom Wesselmann, MOMA, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Hubo un montón de obras que llamaron mi atención, se pueden ver cuadros de Dalí, Pollock, Warhol, Popper, Chagall, Kandinsky, Mondrian, Matisse… la lista es interminable. Y también hubo algún que otro cuadro que no tenía el gusto de conocer y me atrapó por completo, es el caso de The Empire of Light, de MagritteChristina´s World, de Andrew Wyeth o Still Life #30, de Tom Wesselmann. Son tres obras muy distintas y me encantó descubrirlas.

¿Obra de arte? en el MOMA, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Por otra parte, el museo ofrece no sólo pintura, hay escultura, cine, foto y obras indescriptibles que se extienden por los vestíbulos provocando la curiosidad de los que nos dejamos perder por allí. Además, el edificio en sí es bastante chulo, merecela la pena visitarlo también por las vistas que desde él se tienen de las calles de Nueva York.

Vistas dese el MOMA, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Y luego, al final, está la tienda 😉 Ya que no te puedes llevar a casa el original que más te haya gustado, tienes la opción de llevarte una reproducción en el soporte que más te guste. Yo, como no, me traje una lámina de la Mujer ante el espejo, de Picasso. También un par de postales de otras de las obras que más me habían llamado la atención en mi fugaz visita al MOMA.

Más info:

http://www.moma.org/

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El Bubba Gump de Times Square

Quien no haya visto Forrest Gump debería verla.

En primer lugar, porque es ya un clásico del cine de los noventa. En segundo lugar, porque es una peli muy entretenida, con momentos de esos que se quedan grabados en la cabeza de uno casi como si fueran recuerdos propios, y esto no pasa con cualquier película.

Esta peli ha dejado imágenes, frases y personajes míticos. Uno de ellos es Benjamin Buford, el famoso Bubba, el “muy mejor amigo” de Forrest Gump. Para aquellos que no lo recuerden, ahí va una selección que he encontrado en youtube con algunos de los mejores momentos de este personaje que vivía obsesionado con el negocio de las gambas…

Quien le iba a decir a Bubba que su sueño iba a hacerse realidad…

Bubba Gump

Decoración del restaurante Bubba Gump de Times Square, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

En 1996, dos años después del estreno de la peli, Viacom, su distribuidora, decidió abrir el Bubba Gump Shrimp Co. en Monterey, California. Hoy, es tan solo uno de más de una treintena de restaurante que, con este nombre, homenajean a dos de los protagonistas de esta película, a Gump y a su “muy mejor amigo”

Bubba Gump

A la izquirda la pala de ping-pong con la carta de bebidas, en el centro el cartelito para llamar al camarero, restaurante Bubba Gump de Times Square, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 Bubba, por todo el mundo. La mayoría de los restaurantes están en Estados Unidos, yo tuve la suerte de estar en el de Times Square, en Nueva York y os aseguro que merece la pena. Es una frikada, sí… ¡pero es que, además, la comida está riquísima! Claro, te tienen que gustar las gambas 😉

En cuanto cruzas la puerta te adentras de lleno en el mundo que recrea la película.

Bubba Gump

Fritura de gambas, Bubba Gump, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Las paredes están llenas de fotos del rodaje, ropa que usaron los actores, atrezzo, etc. En las mesas está cuidado hasta el último detalle. La carta está escrita sobre una pala de ping-pong y para llamar al camarero no vale con pegarle una voz, hay un cartelito que dice: “Run Forrest, run” o “Stop Forrest, stop”. Tú eliges, si quieres que el camarero se pare el de Stop si no necesitas nada… pues a correr Forrest. En fin… está curioso. Por cierto, los camareros son de lo más amable.

Bubba Gump

Gambas sin más... ¡qué ricas! en el Bubba Gump de Times Square, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

En cuanto a la comida pues sí, basicamente todo son platos con gambas, aunque también tienen otros mariscos y pescados. Lo que nosotros pedimos estaba buenísimo. Muy pero que muy rico. No recuerdo los nombres de los platos…  ¡pero viendo las fotos os podréis hacer una idea de lo bueno que estaba todo!

Bubba Gump

Plato con gambas y verduras, Bubba Gump, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

También están buenísimos los cóckteles. Son un poco caros pero, si pides uno, luego te regalan un vaso de recuerdo con el nombre del restaurante. Porque, como no, pegadita al restaurante hay una tienda con todo el merchandising que os podáis imaginar: camisetas, pantalones, gorras, llaveros, pelotas de ping-pong, peluches… ¡un paraiso para los fanáticos de la peli la verdad!

Más info:

http://www.bubbagump.com/

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En velero por Nueva York

Ya he hablado en más de una ocasión del New York Pass. Es una especie de tarjeta turística que te permite entrar a un montón de atracciones sin tener que hacer cola y sin tener que pagar la entrada. No es que puedas entrar gratis a los sitios… es una especie de tarifa plana turística que va por días. Pagas una determinada cantidad en función de los días que vayas a estar en la ciudad y, durante ese tiempo, puedes acceder a una serie de lugares señalados en un librito que te dan en cuanto recoges la tarjeta.

Clipper City-Tall Ship Cruise

Izando las velas del barco velero del Clipper City-Tall Ship Cruise, en Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La verdad es que nosotros cuando fuimos a Nueva York nos la sacamos y nos fue genial. Se puede comprar por internet y se recoge en el Planet Hollywood de Times Square. Allí te dan una especie de miniguía con las atracciones y lugares que puedes visitar, los horarios, precios, etc. Una semana con el New York Pass nos salió, a cada uno, por 155$, unos 100 euros. Y compensa porque la entrada a cualquiera de los edificios típicos, museos o la visita a la Estatua de la Libertad ya cuesta mínimo 20$. Además, la ventaja es que, en muchos de los lugares turísticos, ¡te puedes ahorrar el hacer cola!

Vista Nueva York

Vistas del skyline de Nueva York desde el velero del Clipper City-Tall Ship Cruise / Foto: Ana B. González Carballal

El New York Pass te permite visitar lo imprescindible de la ciudad sin preocuparte del dinero que llevas en cada momento. Pero, lo mejor, es que te puedes permitir visitas que, de otra manera, seguro no te permitirías. Por ejemplo, visitar la ciudad en bici o navegar en un barco velero al atardecer. De la primera, ya os he hablado en otro post… hoy, os animaré a que os subáis al Clipper City–Tall Ship Cruise. Su coste normal es de 39$, seguramente lo desecharíais porque es un poco caro. Pues bien, con el New York Pass os sale “gratis” y os aseguro que es muy recomendable, eso sí, hay que ir bien abrigado, en cuanto se pone el sol, ¡te congelas!

Vistas Nueva York

Vista de la Estatua de la Libertad desde el barco velero del Clipper City-Tall Ship Curise, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Se trata de un recorrido de más de una hora en un barco velero desde el que podréis disfrutar de unas vistas increibles. Lo ideal es hacerlo al atardecer, para ver la puesta de sol. El barco se coge en el famoso Pier 17, South Street Seaport, en Fulton Street. Esto queda por la zona sur de Manhattan, en el puerto

Vistas NY

Vistas desde el velero del Clipper City-Tall Ship Cruise, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 sur. Desde aquí se parte en un precioso barco de madera, ¡hay que ayudar a levantar las velas y todo! Una vez se pone en marcha, ya sólo queda disfrutar de las vistas. El recorrido permite ver el skyline de Manhattan, la Estatuda de la Libertad, el puente de Brooklyn… y todo mientras se escucha de fondo el sonido del mar… Es muy agradable, lo único malo, el frío… nosotros fuimos en septiembre y echamos de menos una chaquetilla, pero el paseo en barco merece muchísimo la pena.

Más información:

Sobre el New York Pass: http://www.newyorkpass.com/index.asp

Sobre el Clipper City-Tall Ship Cruises: http://www.newyorkpass.com/ny-clipper-city.asp

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El vacío del World Trade Center

Si le perguntáramos a cualquiera qué estaba haciendo el 11 de septiembre de 2001 a media mañana probablemente nos diría que no se acuerda… pero si lo que le decimos es “¿qué estabas haciendo cuando se produjo el ataque terrorista de las Torres Gemelas?” entonces, en este caso, estoy casi segura de que respondería sin pensárselo dos veces. Apenas tendría que hacer esfuerzos por recordar.

Portada New York Times 11S

Portada del New York Times del 12 de septiembre de 2001, tras los atentados terroristas a las Torres Gemelas.

Todos recordamos lo que estábamos haciendo aquel día cuando, de una forma u otra, nos enteramos de lo que estaba ocurriendo al otro lado del Atlántico. Yo salía de un examen de inglés, estaba en Madrid, volvía a casa y, de pronto, me llegó un mensaje al móvil. Un amigo me informaba de la noticia, él mismo decía que no se lo podía creer, que pusiera la tele. En cuanto llegué a casa fue lo primero que hice y, entonces, lo vi. Lo vi pero… no me lo podía creer. ¿Aquello era real? Pues sí, por desgracia lo era. Ni siquiera los presentadores podían llegar a creerse lo que estaban viendo en directo… una torre en llamas y, al poco tiempo, la otra era atravesada por otro avión. Gritos, humo, gente corriendo, desesperada… policía, bomberos, sirenas… terror, pánico, sinsentido… barbarie. Quien nos iba a decir que, tres años después, algo similar nos iba a dejar marcados para siempre también aquí, en Madrid.

World Trade Center

El hueco del World Trade Center, lo que hoy ya se conoce como la Zona Cero, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Marcados porque, vivas o no de cerca un atentado terrorista como cualquiera de estos, es más que probable que no te olvides nunca de lo que ocurría aquel día “cualquiera” en tu vida. Alguna vez leí, que esto, psicológicamente, funciona así. No sé si tiene un nombre  pero lo que sí sé es que nuestra memoria

Zona Cero

La Zona Cero actualmente, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 tiene límites, no es un disco duro infinito, pero siempre hay un hueco reservado para recordar aquellas vivencias marcadas por algún hecho especial, bien sea negativo o positivo. Uno no suele olvidarse de lo que estaba haciendo cuando recibe la noticia de que ha tenido un hijo, un sobrino… o cuando, por desgracia, se entera de la muerte de un ser querido. Esos recuerdos quedan grabados ahí, en la memoria, para siempre. Y no es necesario que ese hecho especial nos afecte directamente a nosotros, cualquier catástrofe, atentado o hecho noticioso lo suficientemente traumático nos dejará marcados para siempre.

Zona Cero

Placa conmemorativa en homenaje a los bomberos fallecidos el 11S situada en una estación muy cercana a la Zona Cero, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Yo no he olvidado todavía lo que estaba haciendo aquel 11 de septiembre de 2001. Tampoco he olvidado lo que estaba haciendo el 11 de marzo de 2004. De ambos días guardo imágenes que me gustaría no haber visto nunca y recuerdos banales que persistirán en mi memoria hasta el final de mis días. Por eso, cuando, durante mi visita a Nueva York, pasé por el World Trade Center, no pude evitar recordar y sentir. Algo se te remueve dentro cuando estás allí, miras y no hay nada. Lo que un día fue el centro financiero mundial son hoy metros cuadrados de vacío. Las gruas son el único “ser vivo” que asoma tras las vallas que ocultan esa nada, ese vacío, esa muerte. Uno está allí y no termina de creérselo, resulta increible pensar que un día 11 de septiembre allí ocurriese lo que ocurrió. La realidad, sin duda, superó a la más terrible de las ficciones.

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Escaparates de la Quinta Avenida

La 5ª Avenida cruza Manhattan de norte a sur y divide la isla en este y oeste. Las calles se numeran atendiendo a su dirección, East o West, siempre teniendo en cuenta su orientación desde esta avenida. Por el Midtown, es decir, por la parte central de Manhattan, esta gran calle se convierte en el paraiso de los adictos a las compras, todo son tiendas, tiendas y más tiendas. Si vas por poco tiempo, te será imposible entrar a todas, salvo que esa sea tu pretensión desde un principio. En mi caso, sólo tuve tiempo de disfrutar de sus escaparates, algunos muy chulos, la verdad.

Escaparate Tiffany & Co.

Escaparate de Tiffany & Co. en la Quina Avenida de Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Como no, una parada obligatoria es Tiffany & Co. ¡Quién no ha visto Desayuno con diamantes y tiene grabada en su memoria la imagen de Audrey Hepburn mirando, mientras desayuna, el escaparate de esta famosa joyería! Pues ahí sigue, repleto de joyas repartidas entre los muebles de pequeñas

Tiffany & Co.

Interior de Tiffany & Co. en Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 casas de muñecas. Desde fuera, todavía mantiene cierto glamour, sin embargo, su interior… parece más bien un parque temático de la joya. Nada lo diferencia mucho de la planta baja de cualquier Corte Inglés. Está lleno de turistas que se pasean por allí con poca intención de llevarse algo. No se pueden hacer fotos del interior pero, cuando me enteré, ya había hecho una así que aquí os la dejo para que comprobéis que aquello no es muy selecto que digamos.

Escaparate Nueva York

Escaparate de una de las tiendas de la Quinta Avenida en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Para los entendidos en moda habrá un montón de paradas obligadas en esta calle, estoy segura. Yo, lo único que os puedo recomendar es que os fijéis en los escaparates, hay verdaderas virguerías. Y si veis algo que os gusta y vuestro bolsillo os lo permite pues ya sabéis, atreveos a dar el siguiente paso, ¡acceder al interior, probar y comprar!

Las fotos no son muy buenas, las tuve que hacer rápido, de camino a algún otro lugar, hay reflejos y no se aprecia muy bien la decoración pero las cuelgo igualmente porque merece la pena echarles un vistazo. Por cierto, descubrí unos zapatos preciosos… no para mí, no suelo usar tacones, pero estéticamente me parecieron perfectos para combinar con un vestido negro liso, discreto. Eran de Pirre Hardy, los podéis ver mejor en su web. http://www.pierrehardy.com/spip.php?page=itemwomen&num=1&id_rubrique=7

Escaparate Pierre Hardy

Escaparate de Pierre Hardy en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Por lo visto, Pierre Hardy es uno de los diseñadores que viste a actrices tipo Sara Jessica Parker, Cameron Díaz… y es famoso, sobre todo, por vestir sus pies. La verdad, no me extraña. Yo no lo conocía de nada y fue ver estas sandalias y ¡enamorarme! Si pudiera permitírmelo y tuviera la ocasión de lucir alguna de sus sandalias creo que no lo dudaría. Me quedo con su nombre por si algún día me animo y ¡decido arruinarme vistiendo mis pies! Y, por cierto, os paso la dirección de la web de Tiffany & Co. por si a alguien le apetece echarle un vistazao ahora que se acercan las navidades. 😉http://www.tiffany.com/?siteid=1

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Greenmarkets en Nueva York

La calles de Nueva York guardan un gran secreto. Entre tanto rascacielos, tanto tráfico y tanto ir y venir de gente que camina a toda prisa se descubren unos pequeños puestos llenos de color en los que parece que el tiempo se para. Uno se pregunta si sigue allí, en Manhattan, o ha sido teletransportado a otro lugar…

Green Market en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Greenmarket en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

De repente, el gris de los edificios cede su protagonismo a los verdes, rojos, naranjas y amarillos. Formas perfectas y cálidas sobresalen en un entorno colmado de cemento. Son los Greenmarkets o Farmer’s Markets. Aquí los neoyorquinos hacen un paréntesis, le ponen el freno a su ajetreada vida y apuestan por una comida más ecológica y orgánica. Atrás queda la comida rápida, parece que, ahora, lo que se lleva en la ciudad es lo sano, lo verde…

Neoyorquinos de compras en un Greenmarket de Mahattan / Foto: Ana B. González Carballal

Neoyorquinos de compras en un Greenmarket de Manhattan / Foto: Ana B. González Carballal

Los productos de la huerta invaden calles y avenidas. Los granjeros de los alrededores llevan sus frutas y hortalizas directamente al consumidor final. Se rompe la cadena. De la granja al cliente sin pasar por el supermercado. Y parece que funciona. Hay mercados de este tipo por un montón de calles de Manhattan, 46 en todo Nueva York.

Puesto de frambuesas y otras frutas en un Greenmarket en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Puesto de frambuesas y otras frutas en un Greenmarket en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Lo ecológico se impone y, lo bueno, es que lo hace a un precio razonable. Aquí se puede hasta regatear, bueno casi. No se regatea pero los precios son variables, cambian en función de la oferta y la demanda. Parece que esta opción se impone cada vez más a la de los grandes supermercados. Los puestos están a pie de calle, son muy accesibles y, la verdad, todos los productos tienen una pinta exquisita. Es difícil no pararse ante uno de ellos.

Aquí no compran sólo los neoyorquinos de a pie, estos pequeños puestos también atraen a importantes chefs de la ciudad. Por lo visto, son ya muchos de estos grandes profesionales de la cocina los que optan por surtirse en este tipo de mercados. Aquí podéis ver a uno de estos famosos chef de compras por uno de estos mercados, el de Union Square.

Ya sabéis, en vuestra visita a Nueva York no puede faltar un paseo por uno de estos mercados “verdes”. Aquí van unas webs en las que podéis encontrar más información:

http://www.cenyc.org/greenmarket

http://www.nyfarmersmarket.com/

http://www.ny.com/dining/green.html

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Misa gospel en Harlem, ¡aleluya!

No todos los turistas que visitan Nueva York se acercan a Harlem, pero os diré que merece la pena, y mucho. Eso sí, hay un día para visitar este barrio de Mahattan, el domingo. También hay una hora, la mañana. El lugar para perderse, cualquier iglesia en la que se celebre una misa gospel. ¡Es una experiencia increible! Un lugar más de Nueva York en el que te sientes como en una película. 😉

Paseando por Lenox Av. en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Paseando por Lenox Av. en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Harlem se encuentra al norte de Manhattan, justo por encima de Central Park. Es un barrio poblado mayoritariamente por afroamericanos. Hace años tenía fama de suburbio peligroso, hoy en día, ya ha perdido gran parte de esa mala fama convirtiéndose en un lugar más habitable. Como curiosidad, en los 90, Bill Clinton trasladó su despacho a esta zona de Nueva York, su oficina se encontraba en la Quinta Avenida con calle 125.  

A pesar de que, en la actualidad, el barrio goza de mejor fama son muchos los turistas que optan por visitarlo mediante una visita organizada. Te llevan en bus, te dan unas cuantas vueltas, te bajan en la iglesia de turno y vuelta al Nueva York de cine. Nosotros decidimos ir por nuestra cuenta y pasear por sus calles mereció mucho la pena.

Turistas haciendo cola para acceder a una misa gospel en la Abyssinian Baptist Church en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Turistas haciendo cola para acceder a una misa gospel en la Abyssinian Baptist Church en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Cogimos el metro en Penn Station hasta la estación de la calle 135. Son unas cuantas paradas pero no más de media  hora. Salimos en busca de una de las iglesias más famosas, la Abyssinian Baptist Church. Está en la 132 st. así que nos pusimos a caminar un poco. Nos acercamos y ya empezamos a sentir que en este barrio pasaba algo… ¡todo el mundo iba muy arreglado! Los hombres con traje, las mujeres vestidas con sus mejores galas y con tocados en el pelo. Llegamos a la puerta de la iglesia y había un montón de gente… intentamos entrar pero imposible, no nos dejaron. Había que hacer cola. Buscamos el final de la cola y ¡Dios! ¡daba la vuelta a la manzana! Había muchísimos turistas esperando para entrar, no habíamos madrugado lo sufiente. Nos comentaron que sólo dejaban entrar a 300 personas y allí había bastantes más de 300 así que decidimos buscar otra iglesia.

The Greater Refuge Temple, iglesia en la que se hacen misas gospel en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

The Greater Refuge Temple, iglesia en la que se hacen misas gospel en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Nos pusimos a caminar y encontramos varias iglesias pero en ninguna nos dejaban entrar. O, si nos dejaban entrar, resultaba que no era una misa gospel sino otro tipo de ceremonia. Caminamos, caminamos… ya empezábamos a darlo por imposible y, de pronto, al cruzar una calle vimos una fachada con una cruz. “Aquello parece una iglesia” dijo una amiga. Nos acercamos, era el último intento que íbamos a hacer y… ¡¡¡antes de entrar ya se escuchaban los gritos!!! ¡¡¡aleluyaaaaaaaaaaa!!!

Nos dejaron entrar y ¡flipamos! No hay otra palabra mejor para describir

Interior de The Greater Refuge Temple en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Interior de The Greater Refuge Temple en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 el asombro y la sorpresa que uno siente al entrar en la iglesia y escuchar y ver el “show”. Nos colocaron en una especie de grada en la parte alta de un auditorio enorme. Debía de ser la zona reservada para los turistas. Fueron muy amables pero, eso sí, no dejaban grabar en vídeo. Una pena porque me hubiera encantado poder mostrar lo que allí se ve y se oye. Grabé un poco pero enseguida me dijeron que tenía que apagar la cámara. De todo modos, intentaré describirlo.

Una pareja vestida con sus mejores galas para ir a una misa gospel en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Una pareja vestida con sus mejores galas para ir a una misa gospel en Harlem, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Un montón de gente en el escenario, músicos, coro, oradores, etc. Ellas vestidas de blanco, ellos de traje. La música presente todo el rato. El público muy pero que muy participativo, cantando, aplaudiendo, sintiéndo de verdad los cientos de “aleluyas” que se repiten a lo largo de toda la ceremonia. Da la sensación de que, para ellos, la misa es realmente una fiesta, una celebración, algo muy divertido y muy sentido. Hay que verlo, sin duda es una de esas experiencias que no te dejan indiferente y que hace que, seas creyente o no, sientas mucha emoción.

Esta iglesia que descubrimos en el último momento no suele venir en las guías, como nuestra experiencia fue muy buena os dejo la dirección por si os animáis a visitarla en vuestra visita a Nueva York, se llama The Greater Refuge Temple y está en el número 2081 de la calle Adam Clayton Powell Jr. Blvd. ¡Ah, y tiene página web! Aquí os la dejo para que os hagáis una pequeña idea de lo que podréis ver allí:

http://www.greaterrefugetemple.org/intro.html

Os dejo ese pequeñísimo vídeo que pude grabar:

También os dejo la web de otra de las iglesias más visitadas, pero aquí mejor id pronto porque la cola era enorme:

http://www.abyssinian.org/index.php?l=1

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