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Los Nubios

Viven al sur de Egipto y se extienden por el valle del Nilo hasta el norte de Sudán. Varios de sus asentamientos han quedado sumergidos bajo las aguas del lago Nasser, tras la construcción de la gran presa de Aswan.  Sus orígenes se remontan al año 3.000 a.C. y, a día de hoy, tratan de mantener vivas sus tradiciones más ancestrales. Son los nubios.
Nubio navegando en falúa por el Nilo / Foto: Ana B. González Carballal

Nubio navegando en falúa por el Nilo / Foto: Ana B. González Carballal

 

Antes de mi viaje a Egipto no tenía ni idea de la existencia de este pueblo. Eso sí, ya me habían recomendado que hiciese la excursión a uno de estos pueblos, así que cuando me la ofrecieron no lo dudé ni un momento. Había que ir a visitar un pueblo nubio. La experiencia, mereció la pena.

La excursión te la ofrecen durante el crucero, a la altura de Aswan y comienza con un paseo en falúa por el Nilo. Para mí, este fue uno de los momentos más placenteros del viaje, sentías paz en aquella pequeña embarcación… Además, no tenías la sensación de estar viendo el paisaje sin más, tenías la sensación de estar dentro de ese paisaje. Desde el barco del crucero se disfruta muchísimo de las vistas, pero parece que todo aquello que vas viendo queda lejos. En el paseo en falúa esta sensación cambia, ya no estás viendo un escaparate, ahora formas parte de él. El agua del río, el viento, las orillas del Nilo… todo está más cerca.

Falúa navegando por el Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Falúa navegando por el Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Aquí en la falúa tuvimos el primer contacto con un nubio. Un viejito muy simpático encargado de dirigir la embarcación. Él mismo se presentó (en inglés) diciendo que era nubio y contándonos algunas anécdotas de su pueblo, también nos cantó una canción típica nubia, imaginad… allí dando palmas en medio del Nilo cantando con el viejito, un momento para no olvidar nunca.

Tras el paseo en falúa nos trasladaron a un pequeño barco de motor, era el momento de llegar al pueblo nubio. Llegamos a una zona de desierto que se extendía hasta la orilla del Nilo. Allí nos esperaban un montón de camellos que nos llevarían hasta el pueblo. El paseo en camello fue toda una experiencia. Para mí, era la primera vez, y fue muy divertido. Impresiona al principio, cuando el camello se incorpora para empezar a caminar. Luego, ya sólo queda disfrutar hasta llegar al pueblo.

Camellos en el pueblo nubio / Foto: Dácil Jiménez

Camellos en el pueblo nubio / Foto: Dácil Jiménez

Era media tarde y todo tenía un encanto especial. Te bajabas del camello y comenzabas a caminar. Las calles eran de arena, las casas únicas, llenas de color. Parecía un pueblo de cuento. Daban ganas de perderse por allí pero las excursiones organizadas tienen sus ventajas y sus inconvenientes, no suele haber tiempo para “perderse”… Nos llevaron directos a visitar una de las casas del pueblo, en ella vivían dos viudas que eran madre e hija.

Casa típica de un pueblo nubio / Foto: Ana B. González Carballal

Casa típica de un pueblo nubio / Foto: Ana B. González Carballal

Entramos y el suelo seguía siendo de arena, las paredes de adobe , decoradas con muchos objetos tradicionales y con dibujos de muchos colores. Dentro se estaba fresquito, utilizan un peculiar sistema de aire acondicionado, nos ofrecieron té y varios dulces típicos.

Nubia en el interior de su casa / Foto: Ana B. González Carballal

Nubia en el interior de su casa / Foto: Ana B. González Carballal

A pocos metros, en una especie de jaula, nos invitaron a ver a sus animales de compañía, los cocodrilos. Según la tradición, les trae suerte la crianza de estos animales. Todos tienen al menos uno en su casa. Para terminar, nos dieron a elegir varios dibujos para hacernos un tatuaje de henna.
Cocodrilos en el interior de una casa nubia / Foto: Ana B. González Carballal

Cocodrilos en el interior de una casa nubia / Foto: Ana B. González Carballal

Se acabó la visita, abandonamos la casa de las viudas, una de ellas salió a la puerta de entrada para decirnos adiós. No se fue hasta que no dejamos de vernos. El guía nos comentó que es una tradición de los nubios, son un pueblo muy hospitalario y siempre salen a la puerta a despedir a sus invitados. 

Puesto de especias en un pueblo nubio / Foto: Dácil Jiménez

Puesto de especias en un pueblo nubio / Foto: Dácil Jiménez

Estaba casi anocheciendo… caminamos por las callejuelas del pueblo, había pequeños puestecillos en los que se vendían, entre otras cosas, todo tipo de especias y un montón de objetos de artesanía típica. Ya no quedaban turistas por allí, reinaba el silencio… pero, de nuevo, no había tiempo para “perderse”, la barca nos esperaba para volver al crucero.

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Centro Comercial Esclusa de Esna

Durante el viaje en barco por el Nilo hay varios momentos de esos que nunca se olvidan. Uno de ellos es el paso por la esclusa de Esna. Nosotros partimos de Luxor pasado el mediodía y llegamos a la esclusa poco antes de que se pusiera el sol. Ese día nos había tocado madrugar un montón, a las 4:30 de la madrugada. Fuimos a ver el Valle de los Reyes, el templo de Luxor y el templo de Karnak. El madrugón era para evitar las horas en las que más pega el sol pero también porque el barco tenía que zarpar lo antes posible para pasar la esclusa. Sólo pasan dos barcos cada media hora.

Esclusa de Esna, Egipto / Foto: Dácil Jiménez

Esclusa de Esna, Egipto / Foto: Dácil Jiménez

Una esclusa es un compartimento, con puertas de entrada y salida, que se construye en un canal de navegación para que los barcos puedan pasar de un tramo a otro de diferente nivel. Para que esto sea posible se llena de agua o se vacía el espacio comprendido entre dichas puertas.

La esclusa de Esna es una de las más famosas. Por ella pasan un montón de barcos llenos de turistas. Éstos se colocan en fila, uno tras otro, a la espera de su turno para pasar. Mientras, los turistas disfrutan de la piscina, en cubierta, o de la siesta, en las habitaciones. Yo, como era mi primer día navegando, opté por irme directamente a la piscina justo después de comer. Quería aprovechar el tiempo en el barco, disfrutar de las vistas, tomar el sol… El caso es que no pasó mucho tiempo hasta que el calor, el cansancio y el sueño se apoderaron de mi cuerpo y no me quedó más remedio que trasladarme a la habitación y dejarme caer en la cama… un minuto y ya estaba en pleno momento siesta, dormida profundamente.

Vendedores acercándose a un crucero en la esclusa de Esna, Egipto / Foto: Ana B. González Carballal

Vendedores acercándose a un crucero en la esclusa de Esna, Egipto / Foto: Ana B. González Carballal

No sé cuanto tiempo pasó pero recuerdo perfectamente cómo fue el despertar de aquella primera siesta en el Royal Princess. Empecé a escuchar gritos, no sabía si estaba soñando o despierta… no entendía muy bien lo que oía… Daba vueltas en la cama intentando recuperar el sueño pero los gritos no cesaban… no me quedó más remedio que levantarme y mirar por la ventana para saber que ocurría…

“¡¡¡Amigo, amigo, amigo… compra, barato, ¿español? ¿italiano? compra amiga, barato!!!” Acabábamos de llegar al “Centro Comercial” de la esclusa de Esna 😉 Un montón de pequeñas barcas se acercaban a los cruceros que hacían cola para atravesar la esclusa. Los barqueros gritaban a los turistas que estaban asomados en la cubierta. Les lanzaban la ropa en bolsas de plástico para que éstos pudieran verla y comenzar así con el juego del regateo.

Vendedores en la esclusa de Esna, Egipto / Foto: Ana B. González Carballal

Vendedores en la esclusa de Esna, Egipto / Foto: Ana B. González Carballal

Yo estaba asombrada en la habitación, medio dormida y sin poder creerme lo que estaba viendo. ¿Cómo les pagan, cómo les dan el dinero? Se arriesgan a perder la mercancía si algún turista listillo se queda con la bolsa y no la vuelve a lanzar… Pero aquí, una vez más, hay que seguir la máxima del viaje por Egipto: confiar en el sistema. Está claro que el sistema confía en ti. Los barqueros acechaban a los cruceros y el ir y venir de bolsas cargadas de chilabas, pañuelos o camisetas era un no parar. El turista interesado regateaba y devolvía la bolsa con el dinero a los vendedores. Esta operación no era fácil del todo… más de una bolsa acaba en el agua del Nilo.

Todo un espectáculo que hace que el tiempo de espera para pasar la esclusa de Esna sea inolvidable ¡y no sólo por el paisaje!

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Por el Nilo

Vuelvo a Egipto. Y lo sigo haciendo con nostalgia. Ahora toca recordar una de las partes del viaje más exóticas, el crucero por el Nilo. Después de haber visitado El Cairo, una gran ciudad, iba con muchísimas ganas y emoción a difrutar de la segunda parte del viaje. Volamos a Luxor. Llegamos y todo es nuevo… genial, otra vez esa sensación de que no sabes a dónde mirar… esa sensación de que si pestañeas te pierdes algo… Por fuera del aeropuerto, un montón de taxistas y conductores esperan tumbados en el cesped a que vayan llegando los turistas. Algunos beben té, otros están sentados con la mirada perdida, también los hay que aprovechan para rezar. Muchos llevan la chilaba típica, otros no, la estampa es curiosa… podemos palpar que seguimos en Egipto.

Barco Royal Princess en el Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Barco Royal Princess en el Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Es de noche, llegamos al barco del crucero, el Royal Princess. Para llegar a él hay que atravesar otros cuatro o cinco barcos, es emocionante, vas viendo el vestíbulo de todos ellos y no dejas de preguntarte cuál será el tuyo. El corresponsal de la agencia se para y te invita a sentarte en los sillones de uno de los vestíbulos  mientras él gestiona todo lo relacionado con el alojamiento. Entonces te quedas mirando lo que hay a tu alrededor… en nuestro caso… un hall al más puro estilo Titanic, rococó donde los haya, con una lámpara gigante de velas y una escalera que no podemos dejar de mirar con ojos de… ¡hay que sacarle una foto ya! ¡Todo es de lo más kitsch! Y como bien decía Javi, uno de nuestros compañeros de viaje, así debe ser. Un crucero por el Nilo en una barco moderno y con decoración minimalista ¡es un sacrilegio! Lo suyo es vivirlo en un barco con este aire al de Muerte en el Nilo, la famosa novela de Agatha  Christie.

Vestíbulo del barco Royal Princess / Foto: Dácil Jiménez

Vestíbulo del barco Royal Princess / Foto: Dácil Jiménez

La primera noche el barco no zarpó, al día siguiente nos tocaba madrugón ( levantarse las 4:30 de la madrugada) para ir a visitar, a primera hora, el Valle de los Reyes. Es increible pensar que bajo esas colinas de piedra hay tanta historia y tan antigua. La visita te permite el acceso a tres tumbas, puedes elegirlas tú o dejarte aconsejar por el guía, la sensación cuando entras es increible. Los jeroglíficos se mantienen intactos en muchas de ellas, algunos incluso con color. Pero lo que, sin duda, te deja impresionado es ver a los obreros que continúan, a día de hoy, cavando en busca de más historia. En el Valle de los Reyes cada día se encuentra algo nuevo… esa sensación, descubrir cómo algo se deja ver entre la tierra, tiene que ser fascinante.

Obreros trabajando en el Valle de los Reyes / Foto: Ana B. González Carballal

Obreros trabajando en el Valle de los Reyes / Foto: Ana B. González Carballal

Tras esta visita, llegó la hora del maratón de templos. Visitamos Medina Habu, en la orilla occidental y Luxor y Karnak, en la oriental. Una sesión muy intensa pero que mereció la pena. A las 12:30 de la mañana vuelta al barco. En breve ¡zarpamos!

Orilla del Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Orilla del Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Recuerdo bien el momento en el que el barco empezó a moverse, fue una sensación extraña. Éstabamos los siete del grupo comiendo y, de pronto, notamos que el barco navegaba. La superficie del agua del río se veía a través de la ventana del comedor, estábamos en la planta baja. En ese momento,  la comida pasó a un segundo plano, todo el mundo quería subir a cubierta a disfrutar de las vistas… comenzaba nuestro crucero por el Nilo.

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¡Sólo mirar, no agobiar!

Me temo que esta frase, que todo el que vaya a Egipto algún día se hartará de escuchar, no es en absoluto cierta. No te creas que vas a poder “sólo mirar” en los puestos que te encuentres tanto en El Cairo como en cualquier otro punto del país. Ellos te animarán a acercarte con estas palabras mágicas y tú, al principio, pensarás que va en serio pero… nada más lejos de la realidad. No tardarán ni dos segundos en comenzar con el juego del regateo.

Mercado Khan el Khalili, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Mercado Khan el Khalili, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

De hecho, si pretendes volver de Egipto con algún recuerdo tangible en tus manos lo mejor es que te quede clara esta máxima: regateo, luego existo. Si Descartes se pasase por el Egipto actual, como turista, claro, sin duda, vincularía la existencia con esta curiosa técnica de marketing callejero. Allí, si no regateas no te quedará más remedio que pagar una cantidad desorbitada o irte con las manos vacías del país. Si no lo haces no existes, no eres, no estás. De hecho, da igual que seas vergonzoso o que no disfrutes con esta práctica, debes dejarte llevar, de nada vale intentar evitarlo porque el acoso es constante.

Una vez asumes esta situación tienes dos opciones, una, tomártela con buen humor, dos, tomartela con mal humor. Optes por una o por otra, el proceso puede llegar a ser agobiante. Tener que lidiar con tanto vendedor ansioso por desprenderse de sus bienes es una tarea que requiere de mucha paciencia, empeño y dotes de negociación. Yo recomiendo optar por la primera opción. El buen humor siempre ayuda.

Lámparas en un puesto de Khan el Khalili, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Lámparas en un puesto de Khan el Khalili, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Uno de los lugares donde podrás poner en práctica esta técnica, quieras o no, es el famoso bazar Khan el Khalili, en El Cairo. Aquí podrás encontrar prácticamente de todo. Desde los típicos souvenirs,  hasta una colección interminable de coloridas especias, shishas de todos los tamaños, instrumentos musicales, artesanía, lámparas…

Curioso cartel en una tienda del barrio Copto, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Curioso cartel en una tienda del barrio Copto, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Yo sólo hago una recomendación, si estás realmente interesado en lo que ves o te ofrecen párate y comienza el regateo, si no, haz que tu NO sea lo más claro posible. No temas ser un maleducado, ¡te vas a hartar de repetir esta palabra, y más vale que la digas con firmeza y seguridad!

Otro curioso cartel en el barrrio Copto, El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Otro curioso cartel en el barrrio Copto, El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Sólo para comprarte agua hay un precio estipulado y te puedes librar del regateo. Además, en estos sitios de venta de refrescos y tentempiés puedes encontrarte con carteles muy graciosos dirigidos precisamente a los españoles.

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Sabores egipcios

Antes de viajar a Egipto ya me lo habían advertido, ¡cuidado con el agua!, ¡bebe sólo agua embotellada!, ¡no comas ensaladas ni fruta que no peles tú misma! En fin… que me fuí a Egipto muy consciente de que el famoso “virus del Nilo” podría amargarme las vacaciones. Para evitarlo, llevé a cabo operaciones un poco obsesivas como lavarme los dientes con agua embotellada. En principio, me parecía un poco exagerado pero no quería que mis días allí se truncarán por el dichoso virús.

Entrantes típicos de una comida Egipcia / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). Entrantes típicos de una comida egipcia / Foto: Ana B. González Carballal

Bueno, pues os diré que tuve todo el cuidado del mundo pero a los cuatro días de mi llegada los problemas gástricos hicieron acto de presencia. Eso sí, salvo algún mareillo que otro y la constante búsqueda de “toilets”  allá donde íbamos, el virús me dejó disfrutar del viaje.

Una pena tener que abandonar los últimos días las sabrosas comidas típicas que nos pusieron en el crucero. El arroz, los plátanos y el pollo a la plancha fueron mi única dieta los días finales del viaje. No pretendo hacer de este post algo escatológico simplemente quiero deciros que no vale de mucho tener tantos cuidados, si te toca, te toca y no lo podrás evitar. En mi grupo éramos siete personas y todos comían de todo, la única afectada fuí yo. Mala suerte. Eso sí, la última noche en El Cairo no me quise ir sin darme un homenaje, las consecuencias las pagué la semana siguiente en Madrid, pero ¡mereció la pena! ¡La comida egipcia está buenísima!

Restaurante Felfela (El Cairo). KOSHARI Capas superpuestas de macarrones, arroz y garbanzos con salsa de tomate / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). KOSHARI Capas superpuestas de macarrones, arroz y garbanzos con salsa de tomate / Foto: Ana B. González Carballal

Nuestro guía durante el viaje, Ahmed, nos recomendó un restaurante de comida típica egipcia en El Cairo. Quiero hablar de él aquí porque si tenéis la oportunidad de ir es muy recomendable. Se llama Felfela y está en pleno downtown, muy cerca del Museo Egipcio.

Restaurante Felfela (El Cairo). KIBBEH Albóndigas de carne de cordero frita y sémola de trigo / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). Albóndigas con salsa de tomate / Foto: Ana B. González Carballal

La decoración es muy bonita, todo en madera, con cascadas, objetos típicos de allí y una iluminación que lo hace muy acogedor. El servicio, genial, muy amables. Y, lo más importante, la comida, riquísima y a un precio más que asequible. Nosotros éramos cinco personas, pagamos  nueve euros por cabeza y simplemente os diré que sobró comida, y no porque no estuviera buena, ¡es que ya no podíamos más!

Restaurante Felfela (El Cairo). SHISH KEBAB Brocheta de carne de cordero y KUFLA Rollos de carne picada de cordero a la brasa / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). SHISH KEBAB Brocheta de carne de cordero / Foto: Ana B. González Carballal

Le pedimos consejo a uno de los camareros y él nos trajo varios platos típicos: entrantes, carnes, panes deliciosos…  todo estaba muy bueno. La pena es que se me olvidó tomar nota del nombre de cada plato y no recuerdo muy bien el de todos ellos así que, desde aquí, os animo a que me refresquéis la memoria y si alguien sabe como se llaman que me lo diga. ¡Voy a colgar unas fotos para que se os haga la boca agua! 😉

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Al-Adhan

Sigo con El Cairo… Esta ciudad continua presente en los recuerdos que guardo del viaje a Egipto. Ya he hablado del principal sonido que puebla las calles de esta capital, pero hay más. A los pitidos de los coches y al bullicio de la gente hay que añadir un sonido que se oye, tan solo, cinco veces al día. Es la llamada a la oración que realiza el muecín desde las mezquitas. Se oye en cualquier punto de la ciudad y es, simplemente, impresionante.

Mezquita en la zona del bazar Khan el Khalili en El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Mezquita en la zona del bazar Khan el Khalili en El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

La primera vez que a uno le sorprende este momento es inevitable quedarse paralizado por unos segundos. La llamada al rezo lo envuelve todo. Es una especie de eco que se apodera de la ciudad. Es como si las palabras se convirtieran en un humo evolvente que recorre cada esquina, cada rincón. Uno está allí, en una calle cualquiera, y, de repente, escucha esto y es maravilloso, es una postal sonora de la ciudad por la que no hay que regatear y que yo, personalmente, guardaré en mi memoria para siempre. Tuve la suerte de escuchar esta llamada a la oración varias veces durante el viaje, recuerdo una de ellas de forma especial…

Interior de la Mezquita de Alabastro en El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Interior de la Mezquita de Alabastro en El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Estábamos en el famoso bazar Khan el Khalili, exótico ya de por sí, estaba anocheciendo, había una mezquita allí al lado y el trajín de gente y coches era constante… de repente sonó el Al-Adhan, así es como llaman ellos a la llamada a la oración. Fue uno de esos momentos que se te quedan grabados para siempre.

Aquí os dejo un link que he encontrado en youtube con un pequeño vídeo en el que se refleja, más o menos, como suena este momento de la llamada a la oración en El Cairo. Por supuesto, no es lo mismo que estar allí pero, quizás, si cerráis los ojos al escucharlo, podréis haceros una idea.

Llamada a la oración en El Cairo

Por cierto, también es curioso que, cuando uno está allí escuchando eso no tiene ni idea de lo que dicen y, a mí, me mataba la curiosidad… por si os pasa lo mismo os dejo aquí escrito lo que el muecín dice a los musulmanes, lo he encontrado en la web: http://www.arabespanol.org/islam/adhan.htm por si a alguien le apetece visitarla.

La llamada dice: 

Allah es el más grande Allahu Akbaru اللهُ أكبرُ
Allah es el más grande Allahu Akbar اللهُ أكبر
Allah es el más grande Allahu Akbaru اللهُ أكبرُ
Allah es el más grande Allahu Akbar اللهُ أكبر
Declaro que no hay más dios que Allah Ashhadu an la ilaha illa Llah أشهدُ أن لا إلهَ إلاّ الله
Declaro que no hay más dios que Allah Ashhadu an la ilaha illa Llah أشهدُ أن لا إلهَ إلاّ الله
Declaro que Muhammad es el enviado de Allah Ashhadu anna Muhammadan Rasulu Llah أشهدُ أنَّ محمّداً رسولُ الله
Declaro que Muhammad es el enviado de Allah Ashhadu anna Muhammadan Rasulu Llah أشهدُ أنَّ محمّداً رسولُ الله
venid a la azAllah Haiia ala ssalat حيَّ على الصلاة
venid a la azAllah Haiia ala ssalat حيَّ على الصلاة
venid al triunfo Haiia ala lfalah حيَّ على الفلاح
venid al triunfo Haiia ala lfalah حيَّ على الفلاح
Allah es el más grande Allahu Akbaru اللهُ أكبرُ
Allah es el más grande Allahu Akbar اللهُ أكبر
no hay más dios que Allah. La ilaha illa Llah لا إلهَ إلاّ الله

El creyente va repitiendo los versos mientras se acerca a la mezquita o se prepara para la oración en su casa o cualquier otro lugar.

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Calles de El Cairo

A cinco días ya de mi vuelta de Egipto las imágenes mentales de este viaje siguen dando vueltas por mi cabeza. Tengo pirámides, momias y templos centrifugándose en el baúl de los recuerdos junto con otro tipo de imágenes menos turísticas pero que, también, se me han quedado grabadas, si cabe, con más fuerza.

Un grupo de policías en El Cairo / Imagen: anabgc

Un grupo de policías en una calle de El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Era la primera vez que visitaba un país árabe, supongo que por esto, cosas como una calle, una fachada o la gente me han llamado tanto la atención. También era mi primer viaje organizado, esto supone que, desde que llegas, todo está coordinado y planificado por los corresponsales de la agencia y tú sólo tienes que preocuparte de mirar y fotografíar lo que vas viendo mientras ellos te llevan y te traen. La ventaja es que puedes concentrarte en lo que ves, la desventaja que sólo ves lo que quieren mostrarte. Pero, de camino a esos lugares míticos de El Cairo como las pirámides, el museo o las mezquitas el ojo aprovecha para centrar su atención en esas otras imágenes cotidianas de una ciudad que alberga a cerca de 20 millones de habitantes.

Un policía de Memfis dando una cabezadita / Imagen: anabgc

Un policía de Memfis dando una cabezadita / Foto: Ana B. González Carballal

No sé si esta cifra es el motivo de que los cairotas hagan su vida en la calle. Supongo que muchos estarán encerrados en sus casas, oficinas, etc. pero lo que yo pude ver es que en las calles de El Cairo hay mucha vida. La gente no sólo va por la calle de paso, la gente está en la calle. Las tiendas prolongan su espacio de venta hasta las aceras, los hombres, mujeres y niños se agrupan en pequeños corrillos, hay policía por todas partes, tanta, que a veces, da la sensación de que están ahí porque no tienen otra cosa mejor que hacer. Ocupan pequeños puestos de vigilancia que se extienden a lo largo de calles, carreteras o lugares especialmente turísticos.

 

Van armados o, al menos, eso parece, se supone que con la intención de dar seguridad al turista, algo cuestionable claro, porque ver a tanto uniformado por las calles da que pensar.  Aunque he de decir que la mayoría están muy relajados, es normal verlos bebiendo té y echando una cabezadita. Esto también me hace pensar que no debe haber muchos problemas en cuanto a seguridad. 

Una niña pide limosna a los turistas en El Cairo / Imagen: anabgc

Una niña pide limosna a los turistas en El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Pero eso sí, hay calles en El Cairo por las que un turista no creo que quisiera perderse. No sé si serán seguras o no pero, su aspecto, resulta bastante deprimente.

Sé que la ciudad es enorme y me consta que los turistas atravesamos la zona céntrica, más abandonada y descuidada, para llegar a los puntos más populares de la ciudad.

Edificios de El Cairo / Imagen: anabgc

Edificios de El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Habrá zonas cuidadas y limpias pero… no puedo negar lo que he visto. Se ven calles sin asfaltar, edificios inacabados, basura que se mezcla con el polvo del desiserto acumulado en forma de tierra y barro en las aceras. Se ven fachadas que, en su mayoría, tienen un tono marrón, ocre, sucio… supongo que debido también a que la ciudad está rodeada de desierto.

Se ven muchas más cosas, cosas que hacen que los ojos del turista occidental, se queden absortos, sin poder parar de mirar.

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