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Cáceres: tapeando en el Mesón San Juan

Turismo gastronómico… eso hicimos en nuestra visita a Cáceres. Y, por suerte, escogimos bien. Esta vez íbamos sin recomendación alguna, nos guiamos por la intuición. Por el casco antiguo había unos cuantos restaurantes con muy buena pinta pero se salían de presupuesto. Tenían mucho encanto, sí, pero… los precios de la carta asustaban un poco.

Cártel del Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Cártel del Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Nos salimos un poco del casco viejo y, justo en los alrededores, en la plaza de San Juan vimos un mesón que no tenía mala pinta. Echamos un vistazo y decidimos entrar. Era el Restaurante-Mesón San Juan. Bienvenidos al mesón anticrisis. Apto para todos los bolsillos. 😉

Aquí han decidido hacerle frente a la dichosa crisis y se han puesto manos a la obra con el marketing y la publicidad. El restaurante combina una decoración de lo más artesanal con numerosos carteles llenos de eslóganes que invitan al cliente a pensar que ha elegido bien, que está en un lugar con precios razonables y una calidad más que aceptable.

Plato de embutidos variados en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Plato de embutidos variados en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Y, como no, los camareros se apuntan al carro de la amabilidad y de “el cliente tiene siempre la razón”. Ellos son la cara del mesón y saben que cualquier jugada a su favor les da puntos. Desde los carteles que pueblan las paredes del restaurante nos invitan a probar suculentos platos combinados con vinos de la tierra. Esto se agradece. Cuando uno va un poco perdido puede servirle de guía para saber qué pedir.

Ración de Torta del Casar en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Ración de Torta del Casar en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Nosotros lo tenemos bastante claro. Por supuesto, para empezar, arrancamos con una tabla de embutidos variados. Estamos en Extremadura… ¡uno no se puede ir de aquí sin probar el jamón, el chorizo, el salchichón, el lomo y el queso! Y hablando de quesos, también nos animamos a probar un queso muy típico aquí: la “Torta del Casar”. Es un queso cremoso con un sabor bastante fuerte, está muy rico y se suele tomar untado en pan. Después de estos entrantes llega algo más contundente y más típico si cabe. Las migas. A mí no me gustan especialmente pero, la verdad, el plato tenía muy buena pinta.

Plato de migas extremeñas en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Plato de migas extremeñas en el Mesón San Juan, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Para terminar optamos por un poco de carne, secretos de cerdo ibérico con patatitas. Delicioso. Con el estómago lleno vemos pasar al camarero con un plato de carne que tiene una pinta increible. Le preguntamos qué es, carne de retinto, nos dice. Nos quedamos con el nombre por si algún día tenemos la oportunidad de volver. Ahora, ya sólo queda hueco para el postre. De hecho, no queda mucho hueco, compartimos una tarta de queso casera que estaba… ¡buenísima!

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Cáceres: nido de cigüeñas

No hace mucho me fuí a pasar un fin de semana a Extremadura con unos amigos. Estuvimos en Cáceres pasando la tarde y la noche del sábado. No había estado antes y, la verdad, llevaba tiempo queriendo visitar esta pequeña ciudad extremeña. Me habían comentado que tenía un casco antiguo precioso y tenía curiosidad por verlo.

Vista desde la Torre de Bujaco, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Vista desde la Torre de Bujaco, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Paseamos por la ciudad de hoy hasta llegar a la Plaza Mayor, allí accedimos a la zona vieja atravesando el Arco de de la Estrella. Decidimos subir a la Torre de Bujaco. Buena opción porque, desde allí, las vistas son preciosas. Piedra, musgo, verde, mucho verde que se cuela entre torres y tejados de iglesias, conventos y palacios.

Cigüeñas en su nido, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Cigüeñas en su nido, Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Pero hay más, los tejados, cubiertos ese día por un cielo gris que amenazaba lluvia, tormenta de verano, albergaban montones de nidos de cigüeñas. Había cigüeñas por todas partes. Son, sin lugar a dudas, las dueñas del casco antiguo de la ciudad. Por las calles empedradas del Barrio Monumental parece que sólo respirasen estas aves zancudas y los turistas.  No hay más vida. Sólo la que genera la imaginación de cada uno cuando recorre cada recoveco, cada rincón. El casco antiguo de Cáceres se mantiene intacto. No hay comercios, no hay tiendas, tan sólo algún que otro restaurante integrado perfectamente en los patios y bajos de algún palacete o viejo edificio.

Tres monjas caminando por el Barrio Monumental de Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

Tres monjas caminando por el Barrio Monumental de Cáceres / Foto: Ana B. González Carballal

La piedra te envuelve. Todo adquiere un aire mágico. Las calles son silenciosas, solitarias. El rechinar de los picos de las cigüeñas es la única banda sonora que se deja oir al caminar por este lugar. Hacerlo cuando se pone el sol es uno de los mejores momentos, a poder ser, sin planos que te guien. Perderse por las callejuelas puede convertirse en toda una aventura. Si uno va solo, puede sentir hasta miedo. Es un viaje al silencio de otros siglos.

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