Archivo mensual: septiembre 2009

Coney Island: playa, peces, atracciones y perritos calientes

Nueva York puede ser algo más que visitar Manhattan. En Brooklyn, en la costa sur, está un lugar que parece sacado de una peli antigua, de un cuento de terror, de la sección de sucesos de un periódico cualquiera. Este lugar es Coney Island.

Vista de la playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de la playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La verdad es que cuando uno llega allí la sensación es muy extraña.  Depués de pasar unos 45 minutos en metro, pasas de estar en el medio de decenas de rascacielos a estar en un lugar con tintes un poco tétricos. Aquello parece un decorado en desuso, visitado, hoy día, por personajes que no le pertencen.

La playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La playa de Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Sales del metro y comienzas a caminar, al fondo, un gran paseo marítimo y una playa. ¡Sí, una playa! No pensé que en mi viaje a Nueva York fuera a ir a la playa, esto suena más a la otra costa, la Oeste, pero parece ser que sí, que los neoyorquinos van a la playa. Al menos, algunos. Hay gente en la arena y en

El famoso parque de atracciones Astroland en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El famoso parque de atracciones Astroland en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 el agua, un poco turbia, todo hay que decirlo. Estamos en septiembre, hace calor. Por el paseo no somos los únicos, aunque turistas se ven pocos. Hay gente paseando, corriendo, sacando al perro, comiéndose un helado… ¡Qué raro es todo! Será porque uno no espera, en su visita a Nueva York, encontrarse con este tipo de paisaje.

Establecimiento de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Establecimiento de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

A un lado del paseo está la playa, con el horizonte al fondo. Al otro, puestos de todo tipo comparten silueta con uno de los parques de atracciones más famosos y antiguos de Estados Unidos, Astroland. Destacan, sobre otras, dos de sus atracciones más conocidas, la Wonder Wheel y el Cyclone, una noria y una montaña rusa con solera.  Llevan aquí desde los años 20 y aun mantienen ese olor a viejo, a retro, a kitsch, a rancio. Los que se atrevan pueden subirse en cualquiera de estas atracciones porque lo mejor de todo es que siguen en funcionamiento.

El famoso perrito caliente de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El famoso perrito caliente de Nathan's en Coney Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El olor de los hierros, que dan forma al parque de atracciones, compite con el olor a fritanga de un sinfín de puestos de comida rápida, que se extienden por todo el paseo. Los reyes aquí son los perritos calientes de Nathan’s, un local que lleva vendiendo “hot dogs” desde 1916. Es  por este motivo que no deberíais iros sin probarlos, se dice que aquí es donde se vendió el primer perrito caliente, son míticos! Yo os cuelgo una foto para que os hagáis a la idea de si os gustarían o no.

Es en este establecimiento donde se celebra cada año el Concurso Internacional de Comer Perritos Calientes. Como no, el día elegido es el 4 de julio, os cuelgo un vídeo en el que podéis ver algunas imágenes del certamen de este mismo año. El record, ¡68 perritos calientes ingeridos en 10 minutos! ¡Qué  barbaridad!

Y, antes de terminar, comentaros que aquí en Coney Island se encuentra el Acuario de Nueva York, si tenéis tiempo podéis entrar pero, sin duda, lo que más merece la pena es ¡disfrutar del paseo y del famoso perrito grasiento!

Más info:

http://www.coneyisland.com/ Web sobre Coney Island

http://www.astroland.com/ Web del parque de atracciones Astroland

http://www.nathansfamous.com/PageFetch/ Web de Nathan’s

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El Chrysler, la Grand Central Station y la sede de la ONU

Nueva York es una de esas ciudades en las que te puedes entretener tan solo mirando hacia arriba. Sus edificios no dejan indiferente a nadie. Ya he hablado aquí de algunos de los más famosos, el Empire State Building, el Rockefeller Center y el Flatiron. Hoy quiero hacerle un hueco a otros tres que también son conocidos por medio mundo.

La parte alta del edificio Chrysler, Mahattan, Nueva York / Foto: Ana Belén González Carballal

La parte alta del edificio Chrysler, Mahattan, Nueva York / Foto: Ana Belén González Carballal

El primero de ellos es el edificio Chrysler. Mide 319 metros y está situado en el lado Este de Manhattan, en la intersección de la calle 42 y la Avenida Lexington. Fue construido originalmente por la corporación Chrysler, pero el edificio es, actualmente, copropiedad de TMW Real Estate y Tishman Speyer Properties. Se inauguró en 1930 y disfrutó de ser el rasacielos más alto del mundo hasta que, en menos de un año, se le puso por delante el Empire State.

La pérdida de este primer puesto no le impidió convertirse en uno de los

Reflejo del edificio Chrysler al fondo y la Grand Central Station en primer término, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Reflejo del edificio Chrysler al fondo y la Grand Central Station en primer término, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 edificios preferidos de los neoyorquinos. Quizá su peculiar revestimiento le llevó a hacerse con este galardón. Este ejemplo de estilo arquitectónico Art Deco cuenta con una ornamentación muy peculiar en su parte superior. Por lo visto, la decoración de la torre está basada en los tapacubos usados, por los años 30,  en los automóviles Chrysler.

Muy cerca de este edificio se encuentra otro lugar mítico de la ciudad de Nueva York. La Grand Central Station o Gran Estación Central. Se construyó en 1913 y es, desde entonces, la estación de trenes más grande del mundo.

Interior de la Gran Central Station, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Interior de la Gran Central Station, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Impresiona desde fuera por su fachada clásica entre tanto rascacielos. Desde dentro, imponen sus dimensiones y su ir y venir de gentes. Un gran vestíbulo, coronado por un techo abovedado del que cuelga una gran bandera estadounidense, se convierte en un escenario por el que pasan, cada día, más de 100.000 pasajeros. Como curiosidad, parece ser que, de ellos, más de 2.000 al año se deján aquí olvidado su abrigo. Éste es el artículo que más se pierde en la estación.

Sede de la ONU en Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Sede de la ONU en Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Si caminamos por la calle 42 dirección Este y llegamos hasta el East River nos encontraremos con otro de los edificios más conocidos de la ciudad, la sede de las Naciones Unidas. Lo más llamativo de este edificio, construído en 1950, es que, aunque se encuentra en la ciudad de Nueva York, el territorio que ocupa está considerado territorio internacional. Parece ser que los periodistas que informan desde aquí no deben utilizar Nueva York como identificación del lugar donde se encuentran en reconocimiento de este estatus de extraterritorialidad. ¡Ya me fijaré a partir de ahora en los informativos! Y, para terminar, otro detalle. Por lo visto, por motivos de seguridad todo el correo que llega a este edificio es esterilizado.

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El Flatiron Building: “23-skidoo”

Está entre la 5ª y Broadway, haciendo esquina con la calle 23. Es uno de los edificios más característicos de Nueva York. Lo mires desde donde lo mires cuesta, y mucho, dejar de mirarlo una y otra vez. Es el edificio plancha, el edificio Flatiron, el Flatiron Building. Un prisma triangular elevado al cielo.

El Flatiron Building desde Broadway, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El Flatiron Building desde Broadway, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Se construyó en 1902 y fue diseñado por el arquitecto Daniel Hudson Burnham. En su momento, fue el edificio más alto del mundo con 21 pisos y 87 metros de altura. Por aquel entonces, se llamaba Fuller Building, era la sede de la compañía de construcción de este nombre. Pero poco tardaron los neoyorquinos en rebautizarlo, su forma de plancha fue la que le dio el nuevo nombre, Flatiron, que significa plancha de hierro en inglés.

Más curiosidades sobre este peculiar edificio. Parece ser que, en sus

Al fondo el Flatiron Building, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Al fondo el Flatiron Building, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 primeros años de vida, se temía que fuera derribado por el viento. Su forma aerodinámica producía un efecto túnel que, a princicipios de los años veinte, cuando la visión de los tobillos desnudos de una mujer era algo excitante, provocaba la reunión de los mirones de la ciudad en las zonas cercanas. Hasta la policía tuvo que intervenir expulsando de la calle 23 a estos atrevidos neoyorquinos. A esto lo llamaron “23 skidoo”, una expresión que hoy día se utiliza en el “slang” inglés para señalar que alguien se largue de algún sitio rápidamente.

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En barco a la Estatua de la Libertad

Es otro de los lugares míticos de la ciudad de Nueva York. Se encuentra al sur de Manhattan, en Liberty Island, la isla de la Libertad. Durante años, fue la encargada de dar la bienvenida a aquellos que cruzaban el Atlántico y llegaban al continente americano. Es la Estatua de la Libertad.

Estatua de la Libertad, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Estatua de la Libertad, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Lleva situada en la desembocadura del río Hudson desde que, en 1886, los franceses se la regalasen a los estadounidenses con el fin de reafirmar la amistad entre las dos naciones y conmemorar el centenario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. En la actualidad está considerada Monumento Nacional y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Para llegar a ella hay que coger un transbordador en la zona de Battery Park, al sur de Manhattan. Hay que pasar unos cuantos controles, como en

Turistas en el transbordador con destino a Liberty Island, al fondo Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Turistas en el transbordador con destino a Liberty Island, al fondo Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 el aeropuerto, hacer unas cuantas colas (van rápido) y listo. Ya estás en el barco… ¡rodeado de turistas! Te afanas en coger asiento en la cubierta pero… no vale de nada. En cuanto el barco comienza a moverse todo el mundo se levanta para hacer fotos y ver el paisaje. A un lado, vas dejando atrás el skyline de la ciudad, al otro, te vas acercando cada más a la estatua. Fotos, fotos, fotos y más fotos…

Vista de Manhattan desde Liberty Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de Manhattan desde Liberty Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Llegas a Liberty Island y comienza el paseo alrededor de la famosa estatua. Existe la opción de entrar dentro pero no os puedo hablar de la experiencia porque nuestra entrada incluía sólo el acceso a la isla. En mi opinión, es más que suficiente. Lo que más me gustó de este lugar fue la vista que, desde allí, se

Museo del Centro de Atención a los Inmigrantes en Ellis Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Museo del Centro de Atención a los Inmigrantes en Ellis Island, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 tiene de Manhattan. Preciosa… La estatua pues… más que impresionar, conmueve. Estás ahí, al lado de un monumento que se ha convertido en un símbolo mundial. Hay replicas por todas partes y tú estás ahí, a su lado. La has visto en un montón de películas y tú estás ahí… a su lado. La Estatua de la Libertad enternece, sobre todo si uno se pone a pensar en toda la historia que ha pasado por delante de sus ojos.

Nuestro tour continuaba en barco hasta otra isla cercana, Ellis Island. Aquí se encuentra, en forma de museo, el que fue el mayor centro de inmigración del país. Por esta isla pasaron aproximadamente doce millones de personas entre 1892 y 1924. En el interior del edificio se pueden ver más de dos mil objetos que incluyen pasaportes, joyería, herramientas, artículos religiosos o vestimentas, entre otras cosas. Tras esta visita el transbordador te lleva ya de vuelta a Battery Park, al mismo punto de partida.

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Empire State Building: colas y luces

Uno no se puede ir de Nueva York sin hacer dos cosas, una es subir a lo alto de un rascacielos de día, la otra, hacer lo mismo pero de noche, en concreto, al atardecer. Nosotros elegimos el Empire State Building para esta última opción que se convirtió en toda una aventura.

Empire State Building, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Empire State Building, Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Este edificio es, desde la caída de las Torres Gemelas en 2001, el más alto de Nueva York. Su construcción se remonta a los años 30, oficialmente se inauguró el 1 de mayo de 1931. Su apertura coincidió de lleno con la Gran Depresión en Estados Unidos, la famosa crisis del 29 provocó que las oficinas del edificio se quedaran vacías durante años. No había inquilinos ni empresarios dispuestos a invertir en el Empire, es por esto que comenzó a escucharse un nuevo nombre para el edificio, el Empty State Building, el “Vacío” State Building. La cosa cambió en los años 50 cuando una gran empresa inmobiliaria de Manhattan decidió hacerse con el edificio por una cifra record, 51 millones de dólares.

Vista desde la planta 86 del Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista desde la planta 86 del Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El Empire State Building guarda más cifras sorprendentes. Tiene 443 metros de altura, 6.500 ventanas, 73 ascensores, 113 kilómetros de cañerías, 760.000 metros de cable eléctrico y cerca de 9.000 grifos. Por otro lado, unos 21.ooo empleados trabajan cada día en el edificio, convirtiéndolo en el centro de oficinas más importante de Estados Unidos después del Pentágono. Pero a este edificio acceden, cada día, no sólo los que allí trabajan. Miles de turistas suben, en menos de un minuto por ascensor, a la plataforma de observación del piso 86.

Vista del edificio Chrysler desde el Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista del edificio Chrysler desde el Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La subida en ascensor es breve, muy breve. Pero antes, hay que advertirlo, hay que hacer las colas más largas que se hacen para acceder a cualquier punto turístico de la ciudad. Aun así, por supuesto, merece la pena. Y eso que, el mirador, al menos a esta hora, al anochecer, está repleto. Hay que hacer cola también para buscar un hueco desde el que observar la ciudad… un poco decepcionante, la verdad, pero claro, en cuanto lo encuentras, la vista impresiona tanto que te olvidas de las colas y la gente. Vuelvo a repetirlo, merece la pena. De nuevo, como en el Top of the Rock, te vuelves loco porque quieres hacer mil fotos pero lo mejor llega cuando dejas la cámara a un lado y te concentras en mirar a tu alrededor. Es fascinante. Luces por todas partes, esta ciudad no duerme, es una lámpara gigante.

Vista desde la planta 86 del Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista desde la planta 86 del Empire State Building, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

En la planta 102 hay otro mirador, para acceder hay que pagar una cantidad adicional, no os puedo decir si merece la pena porque nosotros nos quedamos en la planta 86. Lo que sí hicimos, en la planta segunda y porque estaba incluido en nuestra entrada con el New York Pass (hablaré de él en otro post)  fue entrar al Skyride, está en la planta segunda y es un simulador de viaje en helicóptero por la ciudad. Está bien, te ríes y disfrutas de las vistas ahorrándote lo que te costaría el viaje en helicóptero real pero, porque estaba incluido en la entrada, si no, no pagaría por ello. Pero volvamos a la planta 86… ¡la aventura está a punto de comenzar!

Hacíamos cola para bajar, ya habíamos disfrutado de las vistas y estábamos ansiosos por ir a comer algo. La cola no avanza… es raro porque aquí suelen ir bastante rápido, pasan los minutos y nada, quietos.

El Empire State Building iluminado entre la niebla, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El Empire State Building iluminado entre la niebla, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

La gente empieza a inquietarse, la cola sigue sin moverse, llevamos casi media hora en el mismo sitio. Llegan los rumores… hay algún tipo de problema con los ascensores… ¡noooo! pongo la oreja y me entero de que lo que ocurre es que hay un problema con una cañería en no sé que piso y esto ha afectado a los ascensores. Están intentando solucionar el problema. ¡También es mala suerte! Nos toca esperar y esperar… finalmente nos van “evacuando” poco a poco, por grupos por las escaleras de incendios, de emergencias. ¡Increible! Tenemos que bajar andando desde la planta 80

Accediendo a las escaleras de incendios de la planta 80 del Empire State Building / Foto: Julián González

Accediendo a las escaleras de emergencia de la planta 80 del Empire State Building / Foto: Julián González

 hasta las 67. La cosa va despacio, con paradas incluidas entre una planta y otra en medio de las escaleras, un poco agobiante para claustrofóbicos o neuróticos, divertido y emocionante para aventureros. ¡Yo no me reí mucho porque soy más bien de lo primero! Pero ahora, desde casa, sana y salva, sí que me río. !En aquel momento sólo quería salir de allí lo antes posible! Llegamos a la planta 67 y allí teníamos que ir en busca de unos ascensores que no estaban afectados por la avería. Esos ya nos llevaban hasta la planta de la salida. Fin de la aventura en un edificio mítico de Nueva York que, cada día, ilumina su parte alta de una forma diferente con el fin de conmemorar distintas celebraciones.

 

Más información:

http://www.esbnyc.com/index2.cfm

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Top of the Rock: las mejores vistas

Te subes a un avión, dejas que pasen casi 9 horas y, de pronto, aterrizas al otro lado del Atlántico. A pesar del tiempo del viaje, cuesta hacerse a la idea de que te encuentras en otro continente, a 6.000 kilómetros de casa. Tardas mucho, pero es poco más de lo que te lleva ir en autobús desde Madrid hasta Coruña, Cádiz o Barcelona, por poner un ejemplo. En ese mismo tiempo dejas atrás muchos más kilómetros y al cerebro le cuesta asimilarlo, al menos al mío.

Edificio Rockefeller Center en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Edificio Rockefeller Center en Manhattan, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Es por este motivo que, hasta que no llevaba unas 24 horas en Manhattan, no fui realmente consciente de que estaba allí, en Nueva York. Aterrizas, llegas al hotel, das los primeros paseos por la ciudad, miras aquí y allá pero… no te lo acabas de creer. Hay taxis amarillos, sí… estoy en Nueva York. ¡Anda mira, banderas yanquis!, sí… estoy en Estados Unidos… ¡Uy, qué altos son aquí los edificios!sí… estoy en Manhattan… pero, la verdad, yo no “aterricé” en Nueva York hasta que tuve una visión glogal del lugar en el que me encontraba. No me creí que estaba allí hasta que subí a lo alto del Top of the Rock y abrí los ojos.

Se construyó entre 1929 y 1940. Es uno de los edificios más famosos de la ciudad. Es el Rockefeller Center, algo más que un rascacielos. Sus impulsores, los magnates del petroleo John D. Rockefeller y, posteriormente, su hijo, querían construir un gran edifiico que se convirtiese en un gran centro comercial y de ocio. Se puede decir que lo consiguieron.

El Radio City Music Hall en el Rockefeller Center, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El Radio City Music Hall en el Rockefeller Center, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Hoy en día, este edificio engloba un poco de todo. Aquí se encuentran los estudios de televisión de la NBC, también el famoso teatro Radio City Music Hall. En invierno, el edificio alberga la pista de hielo que tanto hemos visto en las películas que tienen como escenario Nueva York. Además, el Rockefeller Center también es muy conocido por la gente de todo el mundo porque aquí, en este edificio, es donde se coloca el gran árbol de Navidad que da la bienvenida a esta época del año.

Vista de Central Park desde el Top of the Rock, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista de Central Park desde el Top of the Rock, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

El Top of the Rock no es más que la parte alta de este edificio. A los turistas se nos permite subir a la planta 70 y, una vez allí, se puede acceder a tres miradores distintos. Los dos primeros tienen mamparas de cristal pero el último, el más alto de todos, no y, este punto, se convierte en el mejor lugar para hacer fotos.

Vista del Empire State desde el Top of the Rock, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Vista del Empire State desde el Top of the Rock, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Aquí, en la planta 70 del Top of the Rock las vistas son impresionantes. Es fácil describir lo que uno ve pero cuesta encontrar palabras para describir lo que uno siente aquí arriba. Yo, en este punto, fue donde sentí y asimilé que estaba allí, en Manhattan, en Nueva York. Abres los ojos y, en un golpe de vista, lo ves todo. Al norte, Central Park rodeado de edificios por ambos lados… al el sur, el Empire State se alza entre multitud de rascacielos que se extienden hasta la zona de Wall Street, al sur de la isla. A los lados, los dos ríos que rodean la isla, el Houdson y el East River. En el cielo, por todas partes, decenas de aviones sobrevuelan la ciudad.

La única recomendación que os hago desde aquí es que si tenéis la oportundiad de visitar estos miradores no la desaprovechéis, merece muchísimo la pena. Haced todas las fotos que queráis pero no dejéis de disfrutar de la vista… dejando la cámara a un lado.

Más información aquí:

http://www.topoftherocknyc.com/welcome/default.aspx

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Times Square: no sólo luces

Es uno de los lugares más conocidos de Nueva York. Es un escenario en vivo, un decorado que alberga, cada día, a miles de personas que, sin saberlo, se convierten en actores y actrices de una película que nunca se acaba.

Times Square al atardecer, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Times Square al atardecer, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Uno se va acercando a la esquina de Broadway con la 7ª y, poco a poco, va siendo imposible dejar de mirar a un lado y a otro. Estás ahí pero no te lo acabas de creer. Hay letreros luminosos por todas partes, grandes carteles de musicales, una pantalla gigante desde la que retransmiten las últimas noticias del día, tiendas, tiendas… y más tiendas. ¡Compra, compra, compra! No lees esto por ninguna parte pero es lo que uno siente cuando pasea por estas calles. Tanto color, tanta luz, tanta magnificencia parecen estar gritándote constantemente que si no compras no eres nadie en este mundo.

Grandes carteles de los músicales que pueden verse en Times Square, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Grandes carteles de los músicales que pueden verse en Times Square, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Times Square es, estéticamente, un marco atractivo. Filosóficamente, es un cuadro de la sociedad en la que vivimos, un reflejo real del capitalismo más voraz. Es una invitación imperativa al consumismo. Aquí encontramos tiendas de todo tipo y, la verdad, no entrar se convierte casi en un delito.

Casa de Barbie en el interior de la tienda Toys 'R' Us en Times Square, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Casa de Barbie en el interior de la tienda Toys 'R' Us en Times Square, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Un Toys ‘R’ us gigante, con una noria y una gran casa de Barbie en su interior, entre otras muchas cosas, deja atónitos a niños y a mayores. ¡Una noria! ¡sí! dentro de la tienda, increible pero cierto. La perdición de los Reyes Magos… aquí hay juguetes de todo tipo.

Los amantes del chocolate no pueden dejar de entrar

Interior de la tienda M&M's World en Times Square, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Interior de la tienda M&M's World en Times Square, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

 en M&M’s World. En este establecimiento, las bolitas de chocolate rellenas de cacahuete cobran vida en todo tipo de merchandising. Camisetas, pijamas, peluches, llaveros, lápices, carteras, mochilas… ¡de todo! Y, además, M&M’s de todos los colores y sabores.

También en Times Square encontramos la tienda del Planet Hollywood, del Hard Rock Café, de la MTV… La Virgin, por lo visto, cerró el pasado mes de abril, la venta de música en formato CD no ha resistido ni siquiera en la meca del capitalismo por excelencia. La crisis ha dejado vacía esta famosa tienda que, a día de hoy, tan sólo mantiene con vida su letrero luminoso exterior.

Times Square repleta de gente a plena luz del día, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Times Square repleta de gente a plena luz del día, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Que más, que más… una tienda que comparte espacio con el restaurante Bubba Gump Shrimp Co. ( a éste le dedicaré un post otro día, ¡se lo merece!) En ella se puede encontrar todo tipo de merchandising relacionado con la peli Forrest Gump: camisetas, gorras, llaveros, tazas, bolígrafos, gambas de peluche, en fin… de todo.

Pantallas de Times Square, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Pantallas de Times Square, Nueva York / Foto: Ana B. González Carballal

Pero Times Square puede ser algo más que tiendas y tiendas y luces y luces… Times Square es ¡gente! Gente por todas partes y a todas horas. Da igual la hora a la que vayas, siempre está lleno de turistas y no turistas. Los primeros, con la camara de fotos en una mano y la otra llena de bolsas. Los segundos, sorteando a los primeros a toda prisa, como no, con un café en la mano.

Los que quieran disfrutar de este punto de Nueva York sin moverse de casa lo tienen fácil, en la siguiente web se puede acceder a un cámara que muestra la imagen en directo de Times Square.

http://www.earthcam.com/usa/newyork/timessquare/ 

¡Times Square en directo!

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