Archivo mensual: mayo 2009

Por el Nilo

Vuelvo a Egipto. Y lo sigo haciendo con nostalgia. Ahora toca recordar una de las partes del viaje más exóticas, el crucero por el Nilo. Después de haber visitado El Cairo, una gran ciudad, iba con muchísimas ganas y emoción a difrutar de la segunda parte del viaje. Volamos a Luxor. Llegamos y todo es nuevo… genial, otra vez esa sensación de que no sabes a dónde mirar… esa sensación de que si pestañeas te pierdes algo… Por fuera del aeropuerto, un montón de taxistas y conductores esperan tumbados en el cesped a que vayan llegando los turistas. Algunos beben té, otros están sentados con la mirada perdida, también los hay que aprovechan para rezar. Muchos llevan la chilaba típica, otros no, la estampa es curiosa… podemos palpar que seguimos en Egipto.

Barco Royal Princess en el Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Barco Royal Princess en el Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Es de noche, llegamos al barco del crucero, el Royal Princess. Para llegar a él hay que atravesar otros cuatro o cinco barcos, es emocionante, vas viendo el vestíbulo de todos ellos y no dejas de preguntarte cuál será el tuyo. El corresponsal de la agencia se para y te invita a sentarte en los sillones de uno de los vestíbulos  mientras él gestiona todo lo relacionado con el alojamiento. Entonces te quedas mirando lo que hay a tu alrededor… en nuestro caso… un hall al más puro estilo Titanic, rococó donde los haya, con una lámpara gigante de velas y una escalera que no podemos dejar de mirar con ojos de… ¡hay que sacarle una foto ya! ¡Todo es de lo más kitsch! Y como bien decía Javi, uno de nuestros compañeros de viaje, así debe ser. Un crucero por el Nilo en una barco moderno y con decoración minimalista ¡es un sacrilegio! Lo suyo es vivirlo en un barco con este aire al de Muerte en el Nilo, la famosa novela de Agatha  Christie.

Vestíbulo del barco Royal Princess / Foto: Dácil Jiménez

Vestíbulo del barco Royal Princess / Foto: Dácil Jiménez

La primera noche el barco no zarpó, al día siguiente nos tocaba madrugón ( levantarse las 4:30 de la madrugada) para ir a visitar, a primera hora, el Valle de los Reyes. Es increible pensar que bajo esas colinas de piedra hay tanta historia y tan antigua. La visita te permite el acceso a tres tumbas, puedes elegirlas tú o dejarte aconsejar por el guía, la sensación cuando entras es increible. Los jeroglíficos se mantienen intactos en muchas de ellas, algunos incluso con color. Pero lo que, sin duda, te deja impresionado es ver a los obreros que continúan, a día de hoy, cavando en busca de más historia. En el Valle de los Reyes cada día se encuentra algo nuevo… esa sensación, descubrir cómo algo se deja ver entre la tierra, tiene que ser fascinante.

Obreros trabajando en el Valle de los Reyes / Foto: Ana B. González Carballal

Obreros trabajando en el Valle de los Reyes / Foto: Ana B. González Carballal

Tras esta visita, llegó la hora del maratón de templos. Visitamos Medina Habu, en la orilla occidental y Luxor y Karnak, en la oriental. Una sesión muy intensa pero que mereció la pena. A las 12:30 de la mañana vuelta al barco. En breve ¡zarpamos!

Orilla del Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Orilla del Nilo / Foto: Dácil Jiménez

Recuerdo bien el momento en el que el barco empezó a moverse, fue una sensación extraña. Éstabamos los siete del grupo comiendo y, de pronto, notamos que el barco navegaba. La superficie del agua del río se veía a través de la ventana del comedor, estábamos en la planta baja. En ese momento,  la comida pasó a un segundo plano, todo el mundo quería subir a cubierta a disfrutar de las vistas… comenzaba nuestro crucero por el Nilo.

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Café con gato, en Tokio

Hoy abandono puntualmente los post sobre el viaje a Egipto, pero habrá más, aún quedan muchas impresiones que contar. Lo que ocurre, es que una, en paro, y, desde casa, también tiene la oportunidad de viajar…

No hace mucho, unos amigos fueron a Japón y en la sesión de fotos posterior al viaje (creo que soy de las pocas personas que disfrutan de este tipo de encuentros) pude descubrir un lugar al que, sin duda, me encantaría ir. Me da la impresión de que aquello no debe dejar indiferente a nadie. Naturaleza extremadamente cuidada, templos para alcanzar la paz interior, tribus urbanas de todo tipo, barrios llenos de encanto, rascacielos, calles inmensas llenas de luces y colores, un idioma completamente ajeno, en fin… un lugar donde modernidad y tradición protagonizan la misma película. Me contaron un montón de anécdotas de este país pero, se les escapó una. Una que he descubierto hace unos días y que me ha llamado muchísimo la atención.

Cateriam Cat Cafe, Tokio

Cateriam Cat Cafe, Tokio

¡En Tokio hay cafeterías de gatos! Que no para gatos, me explico… Te apetece irte a tomar un café y, en estos lugares, lo que te ofrecen es la posibilidad de que mientras te tomas algo puedas jugar con estas mascotas. Es un intercambio de cariño y compañía entre cliente y gato. Los mininos tienen entre 1 y 3 años de edad y “trabajan” de esta manera en la cafetería, el cliente no puede llevarse su propia mascota. Por 500 yenes, unos 3 euros, puedes pasarte media hora rodeado de lindos gatitos que jugarán contigo y se dejarán querer, el tiempo en la estancia se puede renovar cada 10 minutos a cambio de 150 yenes, no llega a 1 euro. En estas cafeterías te puedes tomar casi cualquier tipo de bebida, lo que no sirven es comida. Antes de sentarte y relacionarte con los gatos has de cumplir con un ritual. Ir al baño a lavarte las manos con un jabón especial y luego con alcohol. Razones de higiene.

Uno de los gatitos de un Cat Cafe

Uno de los gatitos de un Cat Cafe

Por lo visto, la idea de estas cafeterías la importó un japonés que estaba de visita en Taiwan, vió un local de este tipo en  Taipei, la capital, y decidió abrir el suyo propio en Osaka, hace ya más de 4 años. Desde entonces, la cosa ha ido creciendo sin parar. En Tokio, a día de hoy, ya hay unas 20 cafeterías de gatos.

¿Triunfaría este negocio en Madrid? Yo os puedo decir que no soy amante de los gatos, pero si abriesen un local de estos en mi ciudad tengo muy claro que iría, al menos una vez. ¿Y vosotros?

Por si alguien no se lo cree dejo aquí unos links a varias de estas cafeterías en Tokio, también un vídeo que he encontrado de una turista que visita una de ellas.

http://hinome.dip.jp/~cateriam/

http://www.nekojalala.com/

http://www.cat-prince.com/

http://www.nekorobi.jp/

http://www.vimeo.com/1141782?pg=embed&sec=1141782

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¡Sólo mirar, no agobiar!

Me temo que esta frase, que todo el que vaya a Egipto algún día se hartará de escuchar, no es en absoluto cierta. No te creas que vas a poder “sólo mirar” en los puestos que te encuentres tanto en El Cairo como en cualquier otro punto del país. Ellos te animarán a acercarte con estas palabras mágicas y tú, al principio, pensarás que va en serio pero… nada más lejos de la realidad. No tardarán ni dos segundos en comenzar con el juego del regateo.

Mercado Khan el Khalili, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Mercado Khan el Khalili, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

De hecho, si pretendes volver de Egipto con algún recuerdo tangible en tus manos lo mejor es que te quede clara esta máxima: regateo, luego existo. Si Descartes se pasase por el Egipto actual, como turista, claro, sin duda, vincularía la existencia con esta curiosa técnica de marketing callejero. Allí, si no regateas no te quedará más remedio que pagar una cantidad desorbitada o irte con las manos vacías del país. Si no lo haces no existes, no eres, no estás. De hecho, da igual que seas vergonzoso o que no disfrutes con esta práctica, debes dejarte llevar, de nada vale intentar evitarlo porque el acoso es constante.

Una vez asumes esta situación tienes dos opciones, una, tomártela con buen humor, dos, tomartela con mal humor. Optes por una o por otra, el proceso puede llegar a ser agobiante. Tener que lidiar con tanto vendedor ansioso por desprenderse de sus bienes es una tarea que requiere de mucha paciencia, empeño y dotes de negociación. Yo recomiendo optar por la primera opción. El buen humor siempre ayuda.

Lámparas en un puesto de Khan el Khalili, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Lámparas en un puesto de Khan el Khalili, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Uno de los lugares donde podrás poner en práctica esta técnica, quieras o no, es el famoso bazar Khan el Khalili, en El Cairo. Aquí podrás encontrar prácticamente de todo. Desde los típicos souvenirs,  hasta una colección interminable de coloridas especias, shishas de todos los tamaños, instrumentos musicales, artesanía, lámparas…

Curioso cartel en una tienda del barrio Copto, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Curioso cartel en una tienda del barrio Copto, El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Yo sólo hago una recomendación, si estás realmente interesado en lo que ves o te ofrecen párate y comienza el regateo, si no, haz que tu NO sea lo más claro posible. No temas ser un maleducado, ¡te vas a hartar de repetir esta palabra, y más vale que la digas con firmeza y seguridad!

Otro curioso cartel en el barrrio Copto, El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Otro curioso cartel en el barrrio Copto, El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Sólo para comprarte agua hay un precio estipulado y te puedes librar del regateo. Además, en estos sitios de venta de refrescos y tentempiés puedes encontrarte con carteles muy graciosos dirigidos precisamente a los españoles.

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Sabores egipcios

Antes de viajar a Egipto ya me lo habían advertido, ¡cuidado con el agua!, ¡bebe sólo agua embotellada!, ¡no comas ensaladas ni fruta que no peles tú misma! En fin… que me fuí a Egipto muy consciente de que el famoso “virus del Nilo” podría amargarme las vacaciones. Para evitarlo, llevé a cabo operaciones un poco obsesivas como lavarme los dientes con agua embotellada. En principio, me parecía un poco exagerado pero no quería que mis días allí se truncarán por el dichoso virús.

Entrantes típicos de una comida Egipcia / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). Entrantes típicos de una comida egipcia / Foto: Ana B. González Carballal

Bueno, pues os diré que tuve todo el cuidado del mundo pero a los cuatro días de mi llegada los problemas gástricos hicieron acto de presencia. Eso sí, salvo algún mareillo que otro y la constante búsqueda de “toilets”  allá donde íbamos, el virús me dejó disfrutar del viaje.

Una pena tener que abandonar los últimos días las sabrosas comidas típicas que nos pusieron en el crucero. El arroz, los plátanos y el pollo a la plancha fueron mi única dieta los días finales del viaje. No pretendo hacer de este post algo escatológico simplemente quiero deciros que no vale de mucho tener tantos cuidados, si te toca, te toca y no lo podrás evitar. En mi grupo éramos siete personas y todos comían de todo, la única afectada fuí yo. Mala suerte. Eso sí, la última noche en El Cairo no me quise ir sin darme un homenaje, las consecuencias las pagué la semana siguiente en Madrid, pero ¡mereció la pena! ¡La comida egipcia está buenísima!

Restaurante Felfela (El Cairo). KOSHARI Capas superpuestas de macarrones, arroz y garbanzos con salsa de tomate / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). KOSHARI Capas superpuestas de macarrones, arroz y garbanzos con salsa de tomate / Foto: Ana B. González Carballal

Nuestro guía durante el viaje, Ahmed, nos recomendó un restaurante de comida típica egipcia en El Cairo. Quiero hablar de él aquí porque si tenéis la oportunidad de ir es muy recomendable. Se llama Felfela y está en pleno downtown, muy cerca del Museo Egipcio.

Restaurante Felfela (El Cairo). KIBBEH Albóndigas de carne de cordero frita y sémola de trigo / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). Albóndigas con salsa de tomate / Foto: Ana B. González Carballal

La decoración es muy bonita, todo en madera, con cascadas, objetos típicos de allí y una iluminación que lo hace muy acogedor. El servicio, genial, muy amables. Y, lo más importante, la comida, riquísima y a un precio más que asequible. Nosotros éramos cinco personas, pagamos  nueve euros por cabeza y simplemente os diré que sobró comida, y no porque no estuviera buena, ¡es que ya no podíamos más!

Restaurante Felfela (El Cairo). SHISH KEBAB Brocheta de carne de cordero y KUFLA Rollos de carne picada de cordero a la brasa / Foto: Ana B. González Carballal

Restaurante Felfela (El Cairo). SHISH KEBAB Brocheta de carne de cordero / Foto: Ana B. González Carballal

Le pedimos consejo a uno de los camareros y él nos trajo varios platos típicos: entrantes, carnes, panes deliciosos…  todo estaba muy bueno. La pena es que se me olvidó tomar nota del nombre de cada plato y no recuerdo muy bien el de todos ellos así que, desde aquí, os animo a que me refresquéis la memoria y si alguien sabe como se llaman que me lo diga. ¡Voy a colgar unas fotos para que se os haga la boca agua! 😉

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Al-Adhan

Sigo con El Cairo… Esta ciudad continua presente en los recuerdos que guardo del viaje a Egipto. Ya he hablado del principal sonido que puebla las calles de esta capital, pero hay más. A los pitidos de los coches y al bullicio de la gente hay que añadir un sonido que se oye, tan solo, cinco veces al día. Es la llamada a la oración que realiza el muecín desde las mezquitas. Se oye en cualquier punto de la ciudad y es, simplemente, impresionante.

Mezquita en la zona del bazar Khan el Khalili en El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

Mezquita en la zona del bazar Khan el Khalili en El Cairo / Foto: Dácil Jiménez

La primera vez que a uno le sorprende este momento es inevitable quedarse paralizado por unos segundos. La llamada al rezo lo envuelve todo. Es una especie de eco que se apodera de la ciudad. Es como si las palabras se convirtieran en un humo evolvente que recorre cada esquina, cada rincón. Uno está allí, en una calle cualquiera, y, de repente, escucha esto y es maravilloso, es una postal sonora de la ciudad por la que no hay que regatear y que yo, personalmente, guardaré en mi memoria para siempre. Tuve la suerte de escuchar esta llamada a la oración varias veces durante el viaje, recuerdo una de ellas de forma especial…

Interior de la Mezquita de Alabastro en El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Interior de la Mezquita de Alabastro en El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Estábamos en el famoso bazar Khan el Khalili, exótico ya de por sí, estaba anocheciendo, había una mezquita allí al lado y el trajín de gente y coches era constante… de repente sonó el Al-Adhan, así es como llaman ellos a la llamada a la oración. Fue uno de esos momentos que se te quedan grabados para siempre.

Aquí os dejo un link que he encontrado en youtube con un pequeño vídeo en el que se refleja, más o menos, como suena este momento de la llamada a la oración en El Cairo. Por supuesto, no es lo mismo que estar allí pero, quizás, si cerráis los ojos al escucharlo, podréis haceros una idea.

Llamada a la oración en El Cairo

Por cierto, también es curioso que, cuando uno está allí escuchando eso no tiene ni idea de lo que dicen y, a mí, me mataba la curiosidad… por si os pasa lo mismo os dejo aquí escrito lo que el muecín dice a los musulmanes, lo he encontrado en la web: http://www.arabespanol.org/islam/adhan.htm por si a alguien le apetece visitarla.

La llamada dice: 

Allah es el más grande Allahu Akbaru اللهُ أكبرُ
Allah es el más grande Allahu Akbar اللهُ أكبر
Allah es el más grande Allahu Akbaru اللهُ أكبرُ
Allah es el más grande Allahu Akbar اللهُ أكبر
Declaro que no hay más dios que Allah Ashhadu an la ilaha illa Llah أشهدُ أن لا إلهَ إلاّ الله
Declaro que no hay más dios que Allah Ashhadu an la ilaha illa Llah أشهدُ أن لا إلهَ إلاّ الله
Declaro que Muhammad es el enviado de Allah Ashhadu anna Muhammadan Rasulu Llah أشهدُ أنَّ محمّداً رسولُ الله
Declaro que Muhammad es el enviado de Allah Ashhadu anna Muhammadan Rasulu Llah أشهدُ أنَّ محمّداً رسولُ الله
venid a la azAllah Haiia ala ssalat حيَّ على الصلاة
venid a la azAllah Haiia ala ssalat حيَّ على الصلاة
venid al triunfo Haiia ala lfalah حيَّ على الفلاح
venid al triunfo Haiia ala lfalah حيَّ على الفلاح
Allah es el más grande Allahu Akbaru اللهُ أكبرُ
Allah es el más grande Allahu Akbar اللهُ أكبر
no hay más dios que Allah. La ilaha illa Llah لا إلهَ إلاّ الله

El creyente va repitiendo los versos mientras se acerca a la mezquita o se prepara para la oración en su casa o cualquier otro lugar.

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Calles de El Cairo

A cinco días ya de mi vuelta de Egipto las imágenes mentales de este viaje siguen dando vueltas por mi cabeza. Tengo pirámides, momias y templos centrifugándose en el baúl de los recuerdos junto con otro tipo de imágenes menos turísticas pero que, también, se me han quedado grabadas, si cabe, con más fuerza.

Un grupo de policías en El Cairo / Imagen: anabgc

Un grupo de policías en una calle de El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Era la primera vez que visitaba un país árabe, supongo que por esto, cosas como una calle, una fachada o la gente me han llamado tanto la atención. También era mi primer viaje organizado, esto supone que, desde que llegas, todo está coordinado y planificado por los corresponsales de la agencia y tú sólo tienes que preocuparte de mirar y fotografíar lo que vas viendo mientras ellos te llevan y te traen. La ventaja es que puedes concentrarte en lo que ves, la desventaja que sólo ves lo que quieren mostrarte. Pero, de camino a esos lugares míticos de El Cairo como las pirámides, el museo o las mezquitas el ojo aprovecha para centrar su atención en esas otras imágenes cotidianas de una ciudad que alberga a cerca de 20 millones de habitantes.

Un policía de Memfis dando una cabezadita / Imagen: anabgc

Un policía de Memfis dando una cabezadita / Foto: Ana B. González Carballal

No sé si esta cifra es el motivo de que los cairotas hagan su vida en la calle. Supongo que muchos estarán encerrados en sus casas, oficinas, etc. pero lo que yo pude ver es que en las calles de El Cairo hay mucha vida. La gente no sólo va por la calle de paso, la gente está en la calle. Las tiendas prolongan su espacio de venta hasta las aceras, los hombres, mujeres y niños se agrupan en pequeños corrillos, hay policía por todas partes, tanta, que a veces, da la sensación de que están ahí porque no tienen otra cosa mejor que hacer. Ocupan pequeños puestos de vigilancia que se extienden a lo largo de calles, carreteras o lugares especialmente turísticos.

 

Van armados o, al menos, eso parece, se supone que con la intención de dar seguridad al turista, algo cuestionable claro, porque ver a tanto uniformado por las calles da que pensar.  Aunque he de decir que la mayoría están muy relajados, es normal verlos bebiendo té y echando una cabezadita. Esto también me hace pensar que no debe haber muchos problemas en cuanto a seguridad. 

Una niña pide limosna a los turistas en El Cairo / Imagen: anabgc

Una niña pide limosna a los turistas en El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Pero eso sí, hay calles en El Cairo por las que un turista no creo que quisiera perderse. No sé si serán seguras o no pero, su aspecto, resulta bastante deprimente.

Sé que la ciudad es enorme y me consta que los turistas atravesamos la zona céntrica, más abandonada y descuidada, para llegar a los puntos más populares de la ciudad.

Edificios de El Cairo / Imagen: anabgc

Edificios de El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Habrá zonas cuidadas y limpias pero… no puedo negar lo que he visto. Se ven calles sin asfaltar, edificios inacabados, basura que se mezcla con el polvo del desiserto acumulado en forma de tierra y barro en las aceras. Se ven fachadas que, en su mayoría, tienen un tono marrón, ocre, sucio… supongo que debido también a que la ciudad está rodeada de desierto.

Se ven muchas más cosas, cosas que hacen que los ojos del turista occidental, se queden absortos, sin poder parar de mirar.

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Primera mirada: El Cairo

Hace cuatro días que regresé de El Cairo y, si a día de hoy, hay algo que me hace sonreir y recordar, con cierta nostalgia, esta ciudad es un sonido. Que cuál, el del tráfico, el de los pitidos de los coches sonando sin parar. 

El primer día, cuando llegas, es ruido, nada más, pero no hace falta que pasen muchas horas para que este sonido ruidoso se convierta, de pronto, en una especie de melodía coordinada por algún tipo de director de orquesta que se afana en ir dando sentido a las miles de bocinas que suenan en la ciudad. 

Taxis, coches y colectivos de El Cairo / Imagen: anabgc

Taxis, coches y colectivos de El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Desayuno ya hoy aquí, en Madrid y, de vez en cuando, suena un claxon… espero, espero, pero el siguiente tarda en sonar… ¡y menos mal! no es precisamente un sonido agradable pero, en estos días, me arranca una sonrisa, un recuerdo, si cierro los ojos… estoy en El Cairo de nuevo. Pero hacen falta más que pitidos de coches para sentirse allí. Hace falta recordar las primeras sensaciones que tiene uno cuando empieza a moverse por las calles de esta ciudad: caos, desorden, anarquía, barullo… sorpresa, desconcierto, incredulidad…

Una calle de El Cairo / Imagen: anabgc

Una calle de El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

El caso es que uno, en su primera visita a El Cairo, no puede dejar de mantener los ojos abiertos y mirar a través del cristal… El caos circulatorio lo protagonizan taxis destartalados, viejos coches que parecen a punto de desmontarse o “colectivos” en los que los cairotas se apiñan y cruzan sus miradas con las de los turistas como yo, que a su vez, les miran a ellos con ojos de incredulidad… Pero hay más, la gente, la gente forma parte de ese caos circulatorio. En El Cairo es como si no existieran las aceras, los hombres, mujeres y niños son, también, protagonistas de ese tráfico tan particular que caracteriza a esta ciudad. Se entremezclan entre los coches, son uno más, cruzan las calles sin esperar a que un semáforo se ponga en verde y les dé paso.

Taxi de El Cairo / Imagen: anabgc
Taxi de El Cairo / Foto: Ana B. González Carballal

Pero lo cierto, es que, pasadas unas horas, parece que todo este caos adquiere un cierto orden. Uno empieza a comprender el “código” de circulación de la capital egipcia. Este “sálvese quien pueda” comienza a cobrar sentido. Si te adelanto te pito, si veo un peatón cruzando la calle freno antes de llevármelo por delante y, por supuesto, vuelvo a pitar, si puedo acelerar, acelero y si no, también. ¿Paradas de autobús? ¿para qué? si hay gente en la orilla de la carreta esperando me paro y los recojo, de distancia de seguridad mejor ni hablamos, no existe, el uso del cinturón… sólo si se atisba la presencia de algún policia, eso los conductores, los pasajeros ni tienen la opción… la mayoría de los medios de transporte no tienen cinturón… pero lo curioso de todo esto es que no hace falta que pase mucho tiempo para que uno se sienta seguro en las calles de El Cairo, como me dijo una amiga antes de irme de viaje allí, ló único que hace falta es ¡confiar en el sistema!

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